Canallas, repugnantes, asquerosos y depravados maricones

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Había tocado el portón varias veces, pero nadie lo atendió. El alcohol los tenía embrutecidos, la música ensordecidos y la pasión desbordados. El tipo volvió a pegar a la puerta hasta que a las 500 se abrió ésta. Detrás apareció un hombre vestido de mujer, con la falda recogida, bien maquillado y perfumado, y con un muy dulce y melindroso tono de voz gritó amanerado “¡Buenaaaasss!”, al gendarme que iba en busca de una explicación.
Luego, por entre un resquicio, el guardia descubrió lo inimaginable, una multitud como el que abrió: emperifollados con pelucas, vestidos cortos y largos, zapatos altos o choclos bordados y algunos con bubis postizas, los hombres bailaban y se resollaban con otros de pelo corto, algunos con barba y bigote.
La imagen y el impacto sensorial de semejante hallazgo le resultaron al gendarme tan ofensivos como podrían ser los olores a cebo y fritanga mezclados con desperdicios de un mercado popular.
“Eran canallas, repugnantes, asquerosos y depravados maricones que se divertían y bailaban”, declaró el policía a su superior, según relataron los periódicos al día siguiente.
¿Aristócratas o plebeyos en un mismo espacio, degustando en la misma mesa, bebiendo en la misma copa, bailando juntos y haciéndose el amor? Era literal para morirse durante el porfiriato.
Si no hubiera sido porque el policía le llamó la atención la llegada de aparentes mujeres que no sabían caminar con tacones, el papel de los homosexuales entonces no habría tomado otro curso desde la época del orden y progreso que instauraba Porfirio Díaz.
Aquella madrugada del 18 de noviembre de 1901, el guardia notoriamente escandalizado y asqueado se comunicó a la base central de seguridad. Exigió refuerzos para ejecutar una redada que dejó 42 homosexuales detenidos, la cifra se modificó horas más tarde: “No fueron 42, fueron 41 depravados maricones”. El que faltaba, se supo luego, era José Ignacio Mariano Santiago Joaquín Francisco de la Torre y Mier, nada más y nada menos que yerno del presidente Porfirio Díaz, esposo de su hija consentida: Amada Díaz.
Los 41 pagaron como criminales. 22 fueron rapados y metidos a las mazmorras de Lecumberri. Quedaron encerrados en la celda J y desde entonces los homofóbicos tacharon de “jotos” a los homosexuales.
Los 19 que estaban vestidos de mujer y con bubis postizas fueron tratados como sujetos de alta peligrosidad y su castigo fue más duro: fueron enviados a Yucatán para arar la tierra y hacer trabajos rudos. A ver si así se hacían hombrecitos, se mofaba la sociedad porfirista de estos “jotos”.
¿Qué fue de Nacho de la Torre y Mier? Pues bien, en 1918 se refugió en Nueva York donde fue internado en el hospital Stern. Para operarle las venas y los músculos del ano que eran cada día más grandes y cuyos dolores eran insoportables, tanto que lo hacían desmayar. Los médicos hicieron su mayor esfuerzo pero una vena se reventó y el cuerpo maltrecho de Nacho de la Torre no lo soportó. Murió el primero de abril de 1918.
En la actualidad hay homosexuales que le rinden culto al yerno de Porfirio Díaz. Vía Internet pueden encontrarse cadenas que abogan por que cada homosexual rinda un minuto de silencio en honor a Nacho de la Torre: “Porque nos dio una presencia, un significado y, sobre todo, la decisión de no volver atrás”.
En los pueblos prehispánicos, la sexualidad se disfrutó abiertamente, se vivió sin tabúes: sexo anal (sodomía) actos de crueldad y dominio durante la intimidad (sadismo), un solo hombre haciendo el amor a varias mujeres que fueran sus esposas (poligamia). Pero también hubo excesos: hombres o mujeres tenían relaciones sexuales con niños entre ocho y 12 años (pedofilia); eso se acabó cuando llegó Hernán Cortés, quien fortificó la evangelización y ayudó a que la Iglesia católica extinguiera costumbres tan mezquinas y bajas. Desde entonces los homosexuales vivieron encerrados en un clóset hasta que apareció Nacho de la Torre y sus amigos. No obstante, el repudio social desde la época en que se supo lo de los “41 maricones” duró mínimo 60 años, tiempo, sin embargo, en que la comunidad homosexual defendió sus derechos, su identidad y derecho a la libertad.
En la década de 1970 surgió el movimiento lésbico, gay, bisexual y transexual (LGBT). En 1978 se abrió la discusión de un proyecto de ley de sociedades de convivencia, pero el escándalo del Sida lo postergo. Hasta que el 11 de marzo de 2010 la psicóloga Lol Kin Castañeda y la teóloga Judith Vázquez pudieron casarse ante el juez del registro civil en el palacio del ayuntamiento, edificado por los españoles en la gran Tenochtitlan. Ahora los matrimonios gays pueden adoptar a sus hijos. Tuvieron que pasar 109 años desde que se involucró a Nacho de la Torre en aquella redada.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.