Inició la contienda electoral federal y con ello también aparecen las mismas promesas de parte de los mismos candidatos de siempre, los mismos que cada tres años se “reciclan” y aparecen como los defensores de las causas de los más desprotegidos, como los impulsores de las grandes transformaciones en beneficio del pueblo y sus regiones. Es más, hasta se asumen como “inteligentes” y arrojados para representar a los ciudadanos de sus distritos electorales en el Poder Legislativo, tanto del ámbito federal como estatal.
Las empresas especializadas en el manejo de “imagen y marketing político” hacen su agosto cada tres años al prestar sus servicios para “cambiar” la imagen de los mismos aspirantes a diputados o senadores de toda la vida, quienes suelen someterse a largas jornadas de sesiones fotográficas, y eso no resulta, pues está la alternativa del Photoshop, pues el chiste es mostrar una buena imagen ante los electores.
Algunos recurren a clínicas de cirugía estética debido a que la naturaleza no resultó bondadosa con ellos. No importa cuánto inviertan en su “metamorfosis”, ya que el chiste es ganar una curul o escaño en el Poder Legislativo, donde verán recompensados todos sus esfuerzos económicos gracias a las generosas “dietas y bonos” que cobrarán durante un trienio.
En el caso específico de Hidalgo, en la lista de candidatos a diputados federales plurinominales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), mejor dicho de la coalición Todos por México, registrados ante el Instituto Nacional Electoral (antes IFE), aparecen nombres de añejos políticos tricolores, tan añejos en las lides legislativas que ya huelen a rancios, ya que en varias ocasiones han sido electos diputados locales y federales, así como quienes han desempeñado diversos cargos públicos, todo ello, por supuesto, con cargo al presupuesto público estatal o federal, mismos que aportamos todos los ciudadanos con el pago de impuestos.
En esa lista aparecen los nombres de viejos candidatos priistas de siempre, a quienes también se les conoce como los “amos del trapecio político”: Sayonara Vargas Rodríguez, Héctor Pedraza Olguín, Jaime Galindo Ugalde, Emilse Miranda Munive, Cuauhtémoc Ochoa Fernández, Citlali Jaramillo Ramírez y Francisco Sinuhé Ramírez Oviedo. ¿Verdad que varios de esos nombres le suenan muy conocidos?
Esos mismos candidatos priistas de toda la vida, en sus anteriores campañas electorales han prometido y comprometido ante “crédulos” electores, que si les otorgan su voto van a representar y velar por el interés del pueblo, que se desgarrarán las vestiduras en defensa del bienestar social y económico de la ciudadanía, es más, que están dispuestos a envolverse en la bandera nacional y arrojarse desde el precipicio de la banqueta a favor de los intereses de los más vulnerables.
Los mismos candidatos priistas que ya han sido diputados locales o federales en anteriores ocasiones lo menos que han hecho en el Poder Legislativo, tanto estatal como federal, es representar y defender los intereses y derechos de sus electores, toda vez que la población de sus respectivos distritos electorales sigue igual o peor de “jodida” que cuando resultaron electos la primera vez, ello gracias a las reformas estructurales que sus representantes federales votaron a favor de los intereses de los grandes capitales nacionales y extranjeros.
Son los mismos politiqueros de siempre, esos que solo cuando es temporada de elecciones se dan “baños de pueblo” y se muestran “muy atentos y receptivos” con las inquietudes y solicitudes de la población de sus respectivos distritos electorales solo para la foto que los diarios locales oficiali$ta$ publicarán en destacados espacios de sus páginas, pero que cuando resultan electos se olvidan de los electores y se erigen en defensores de los intereses de los neoliberales y de los suyos propios.
Esos aspirantes a diputados federales priistas hidalguenses, los mismos de siempre, en caso de ganar las elecciones del primero de julio, simplemente se convertirán en diputados “curuleros”, porque únicamente “calentarán” la curul asignada y cobrarán jugosos emolumentos, porque la historia no se equivoca, ya que en el pasado han demostrado con sus hechos y conductas que lo que menos les importa es representar y defender al pueblo que los eligió.
Dice un refrán: “Bajo advertencia no hay engaño”. La decisión está en otorgar o no el voto a los mismos candidatos priistas de siempre, de esos que únicamente buscan su bienestar y comodidad social y financiera a costa del pueblo.
Está en manos del pueblo elegirlos nuevamente para que calienten la curul o jubilarlos durante la jornada electoral federal y local del primero de julio, ya que ese día la ciudadanía, con credencial para votar con fotografía, tiene la capacidad de poner o quitar diputados “curuleros”.

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