El fracking, “fracturación hidráulica” para la extracción del bituminoso shale gas-petróleo, epitomiza el summum del desregulado canibalismo neoliberal en el siglo XXI, a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios.

Justin Mikulka, ingeniero ambiental y civil de la Universidad Cornell, expone en forma aterradora la nueva “pesadilla del fracking”: la toxicidad del agua –con su contenido de “secretas” sustancias químicas nocivas/cancerígenas–, que en forma eufemística es definida por la depredadora industria como “agua producida (sic)”.

Justin Mikulka ya había condenado a la industria del fracking de “canibalizar su propia producción al aumentar los riesgos de su derrama”.

Refiere que en la célebre cuenca Permian –hoy la máxima de producción de shale gas-petróleo de Estados Unidos (EU) en la parte occidental de Texas– “cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica” y que conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su “eliminación”.

Amén de su robotización, para disminuir los costos del agua tóxica, la industria del fracking utiliza todos los métodos fantasmagóricos: su reinyección criminal en los acuíferos de agua potable; su remoción al golfo de México –¿le habrán pedido permiso al disfuncional canciller “mexicano” Videgaray?–; su “tratamiento” en instalaciones municipales que no están equipadas para lidiar con ese tipo de desechos (su inyección criminal en los acuíferos de agua potable; su restitución a los ríos; su utilización para la irrigación agrícola y el deshielo de las carreteras).

Mikulka cita a Gabriel Collins, becario en energía y ambiente en la Universidad Rice, quien considera que los inversionistas de Wall Street ocultan que hoy la toxicidad del agua es el mayor problema del fracking. Esto es muy discutible ya que las sustancias químicas secretas nocivas-cancerígenas, así como la supuesta mayor frecuencia de sismos que se han triplicado, no se quedan atrás.

Solo en la célebre cuenca Permian, el gasto del manejo del agua será duplicado a más de 22 mil millones de dólares en los próximos cinco años

No faltan los oportunistas de Wall Street que huelen grandes negocios especulando con el agua de reciclaje del fracking, mucho más que con el propio crudo extraído (The Wall Street Journal 22/08/18).

La Universidad Duke expuso que el uso del agua para el fracking se incrementó 770 por ciento de 2011 hasta 2016, mientras que la cantidad de agua tóxica se incrementó mil 440 por ciento (sic) en el mismo periodo.

Mikulka cita al The Washington Post que fustiga la presente incapacidad de lidiar con el agua tóxica del fracking: “no existe manera de tratar, almacenar y liberar los miles de millones de galones de agua tóxica en la superficie”.

Un grave problema del círculo vicioso del fracking, para disponer del agua tóxica, radica en su reinyección en los pozos de gas-petróleo shale, lo cual ha incrementado los sismos.

Otro problema mayor es la actitud propetrolera a ultranza de Trump, quien incrimina a la “regulación”, lo cual choca con la postura de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que inculpa al fracking de la “contaminación del agua potable”.

Conforme más avanza la aplicación demencial del fracking, más se descubre su pernicioso canibalismo contra el género humano.

Pese a que se ha demostrado ad nauseam que el espejismo del fracking constituye una vulgar burbuja especulativa de la Reserva Federal y la bancocracia de Wall Street, como acabo de demostrar en el portal Sputnik, a mi juicio, sirve a EU de cortina de humo para adueñarse a carta cabal del petróleo en las “aguas profundas” del “México neoliberal itamita” y de los hidrocarburos de Venezuela: supremas cartas geopolíticas contra Rusia y China.

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