Soy una verdadera apasionada de las películas que presentan historias entre canciones y letras con ritmo inolvidable. No me pierdo ningún filme que prometa ser una comedia musical.
Una de las primeras cintas que me conquistaron fue Amor sin barreras, me gustaba bailar al ritmo de Rita Moreno ese coro de “Yo nací en América”, o creerme Natalie Wood que traviesa se espiaba en el espejo para cantar: “Me siento bonita”. Si alguna vez visitara Nueva York caminaría al estilo de George Shakiris, tronando los dedos y enfrentado a la pandilla de los Jets.
Luego descubrí Cantando bajo la lluvia, cuya escena principal es ya todo un clásico y hasta los más detractores de ese tipo de cintas no pueden negar que en una tarde lluviosa por un instante imaginan lo maravilloso que es brincar en los charcos al mismo tiempo que se canta.
De pequeñas, mi hermana Elina y yo jugábamos a representar todo el musical de Jesucristo superestrella. Por supuesto, el ser la mayor me permitía ganar el papel de María Magdalena cantando “Yo no sé cómo amarlo”. Poco después con ella y mis sobrinos Ernestito y Citali, nos poníamos a jugar a Vaselina. Esta vez me gustaba mucho ser la mala de la historia para poder entonar “Sandra dee”. Nunca olvido que hasta nos quedábamos afónicos porque nos fascinaba cantar a todo pulmón ese coro absurdo: “Rama ramalama adaga dingi gon… iremos juntos”.
Todavía adolescente hubo un tiempo en que caminaba por las calles con el deseo de bailar y cantar al ritmo de “Fama”, junto a la voz de Irene Cara y jurar: “Puedo atrapar la luna en mi mano. Algún día recordarás mi nombre”.
En la universidad, ya con el puño en alto, convencí a mis amigas de ir a ver Hair y salimos inspiradas cantando “Acuario”. Nos gustó mucho el Show de terror de Rocky y su baile del sapo. Ya señora madura, tengo el atrevimiento de ponerme a cantar, con mi cómplice Silvia Rodríguez, la escena de Chicago donde el coro es inolvidable: “Lo merecía, lo merecía, él es culpable y nadie más…”. Vuelvo a llorar cuando Meryl Streep entona “Todo para el ganador” o cuando Anne Hathaway confiesa que tuvo un sueño.
En 2017 fui varias veces a ver La la land para preguntarle a la ciudad de las estrellas si está brillando por mí y si los sueños se hacen realidad. Espero entrar a un bar y escucharla para comprobar que el amor de tu vida existe.
Y todo este recorrido es para justificarme y complacerme, porque la película de El gran showman inspira si en tu vida siempre hay una canción que te provoque, un sueño que desees hacer realidad y las pistas de un circo resultan ser un lugar muy parecido a la vida. Por eso y desde ahora, ya es memorable “Esta soy yo” en voz de Kesha: “No dejaré que me reduzcan al polvo. Sé que hay un lugar para nosotros, porque somos gloriosos. Cuando las palabras más afiladas quieran cortarme, mandaré una inundación, las ahogaré. Soy valiente, he sido golpeada. Soy quien se supone que debo ser, esta soy yo. No temo ser vista. No me disculpo, esta soy yo”.

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