Con las reminiscencias de una dictadura, el dolor y la rabia todavía instalados en el imaginario colectivo, el pueblo chileno continúa su autoreconstrucción, con sus aciertos y errores libre y soberano, aunque también con la amenaza constante del neocolonialismo y el sometimiento al neoliberalismo que padecen todos nuestros pueblos de América Latina. En este contexto, se llevó a cabo el primer Encuentro Internacional de Muralismo en la ciudad de Osorno, Chile, con la temática “Canto a Violeta” a 100 años del natalicio de la artista Violeta Parra, cuya poesía y canto siguen vigentes. Pintora, tejedora, cantante, compositora, poeta, luchadora incansable por la memoria de los pueblos, por la cultura de los pueblos originarios, por la lucha de las trabajadoras y trabajadores mineros y sobra decir de quienes la conocieron, un gran ser humano.
La corporación Pilmaiquén de Derechos Humanos, en coordinación con la Universidad de Los Lagos y el colectivo histórico Brigada Ramona Parra, así como con el esfuerzo de distintas organizaciones, colectivos y ciudadanos, sumaron el hombro para que más de 60 artistas de Chile, México, Argentina, Bolivia, Perú, Colombia y Palestina dejaran un simbólico pero sustancioso legado artístico en esta extraordinaria ciudad de madera y de un cálido corazón con el que sus habitantes nos recibieron.
Pintarle al pueblo chileno, pintar con las y los artistas chilenos, pintarle a nuestra América y pintarle a quien hizo que con su canto nuestro corazón palpitara, no una, sino miles de veces, no es un privilegio sino un honor. También, es aprender a ver y a escuchar desde otro lado, mirando al sur, que las demandas de justicia, libertad, respeto y autodeterminación de los pueblos originarios es la misma en todos lados y que también son nuestras demandas. El despojo de los territorios y la persecución contra el pueblo mapuche es constante al igual que con los pueblos originarios en México, el enemigo es el mismo, el capitalismo cruel y despiadado: asesina, despoja y arrebata.
Nuestra responsabilidad como artistas y muralistas con las causas justas de nuestros pueblos nos llevó a declararnos en solidaridad con la lucha mapuche porque también es nuestra. Así, los artistas reunidos en el primer Encuentro Internacional de Muralismo nos manifestamos en una declaración por el respeto irrestricto a la causa mapuche, la liberación inmediata de las presas y los presos mapuches y el respeto a las autonomías de los pueblos originarios en toda América. También se hizo manifiesto en las obras murales que se realizaron en las distintas escuelas y liceos donde se pintó y, en particular, en la comunidad mapuche de pescadores de Bahía Mansa, en la que los compañeros muralistas bolivianos de la Red Apacheta hicieron presente también la demanda de acceso al mar para Bolivia.
En este tenor, queda de manifiesto una vez más la importancia de los encuentros de muralismo, la necesidad de un arte desde nuestros pueblos, para ellos y con ellos; que los encuentros de muralismo activan toda una red de solidaridad en las comunidades donde se realizan y que el papel de los artistas no es el del mecenas ideológico, sino el de un trabajador de la cultura que suma a la colectividad; que los encuentros no son para hacer turismo artístico y salir en la foto con todas las autoridades posibles, para después proyectar el ego personal y pequeño burgués frente a propios y extraños; o usar las banderas sociales para ensanchar sus currículas. Los encuentros de muralismo son para construir todas y todos y poner el arte público al servicio de las personas; son para proyectar la indiscutible función social del arte; son para aprender mecanismos, técnicas, formas de hacer y para compartir saberes, lejos de la imposición, la suplantación, mandar o servirse. Este primer Encuentro Internacional de Muralismo es apenas el prólogo de lo que vendrá en Osorno, Chile, para el muralismo. ¡Marichiweu! (10 veces
venceremos).

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