No hay que ser un experto en planeación urbana ni un técnico especializado en vialidad y tránsito para ver que las obras que se están desarrollando en distintos puntos de Pachuca se llevan a cabo sin que haya un plan para mitigar el caos que están provocando. Hoy el bulevar Colosio, eje transversal de la capital hidalguense, se encuentra casi intransitable, pues dos de sus cruces más importantes están parcialmente bloqueados con maquinaria y trabajadores que llevan a cabo obras para agilizar la circulación. No obstante, quienes planearon
la logística y los tiempos de los trabajos no previeron la falta de opciones para trasladarse de oriente a poniente. Por ejemplo, si usted viene del sur de la capital hidalguense y quiere trasladarse hacia la zona poniente, es decir, hacia la carretera que conduce a Actopan, no hay opción más que el bulevar Santa Catarina, porque no hay otra vía que conecte con esa zona de la ciudad. A menos que conduzca con dirección al centro, para usar alguna vía que conecte con Abasolo, Camerino Mendoza o el bulevar del Minero, lo cual implica perder mucho tiempo. Esto,
como pudo corroborar este diario al entrevistar a automovilistas, congestionamiento vial, molestia y pérdidas económicas para quienes no pueden llegar a tiempo a sus trabajos o que ven sus negocios afectados por las obras. ¿No hay en la Secretaría de Obras un área que prevea ese tipo de efectos colaterales? ¿Acaso no era más conveniente terminar la segunda fase de la obra que se lleva a cabo en el entronque entre Colosio y bulevar G Bonfil antes de empezar el puente atirantado en esa misma vía pero en su conexión con bulevar Felipe Ángeles? Parece que quien planeó las obras tiene la oscura misión de colapsar la capital hidalguense. Total, quien sufre las consecuencias es la ciudadanía. Se entiende que toda obra genera molestias y entorpece el flujo ordinario del tránsito… Pero, ¿no podía planearse de mejor manera? ¿Tantos técnicos y funcionarios de alto nivel no alcanzan para eso? De filón. Ayer se llevó a cabo una nueva marcha contra la violencia e inseguridad que se han vuelto
cotidianas en todo nuestro país. A diferencia de las manifestaciones llevadas a cabo el año pasado, la de este jueves se distinguió por el hostigamiento contra los activistas de parte de policías municipales y estatales, que en lugar de velar porque las cosas se llevaran en orden, se dedicaron a fotografiar y grabar a los activistas. ¿Para perseguirlos después con fines políticos? Vaya gobiernos, en lugar de trabajar a favor de la seguridad y perseguir a quienes cometen delitos, prefieren perseguir a la ciudadanía inconforme que se manifiesta de manera legítima.

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