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Mtro. José Alfredo Agudo García, Doctorante en Ciencias Sociales ICSHU-UAEH
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Todo parece indicar que en los próximos años se construirá un nuevo canal interoceánico en Nicaragua, pero se ha preguntado ¿cuáles serían las consecuencias geopolíticas? ¿Cómo afectará al comercio internacional? ¿Qué deberán hacer los países de la región?
El Gran Canal de Nicaragua (GCN) es un proyecto que pretende la construcción de un paso interoceánico, que de concluirse, podría considerarse una de las obras de infraestructura comercial más grande de la historia, con una longitud de 275.5 kilómetros; 116.7 kilómetros por tierra y 158.8 por agua, con 280 metros de ancho base y una profundidad de hasta 33 metros. Comparando con las dimensiones del canal de Panamá, este tiene 80 kilómetros de longitud, 50 metros de ancho base y una profundidad de 18 metros.
Una obra de con esas dimensiones en Nicaragua parece, a primera vista, una mala inversión, debido a que ya existe el canal de Panamá, que hasta ahora cubre las necesidades de conexión comercial entre Asia, América y Europa, por lo que en las condiciones actuales los dos canales estarían disputándose el tráfico comercial existente.
En la construcción del canal de Panamá participaron ingenieros de la Armada de los Estados Unidos con “ayuda” de algunas compañías constructoras como McClintic-Marshall. Para los americanos la idea de un canal interoceánico tenía una importancia geoestratégica de primera línea, fue discutida por tres presidentes y seguramente las justificaciones las encontraron en la obra del oficial de la marina estadunidense Thayer Mahan: “La influencia del poder sobre los mares en la historia”, donde destacó la importancia de controlar los mares para construir y afianzar su liderazgo a nivel mundial.

¿China en la disputa geopolítica latinoamericana?

En la primera década del siglo XXI, particularmente con la crisis económica de 2007-2009, resurgieron los cuestionamientos a los liderazgos encabezados por los Estados Unidos y la Unión Europea. En ese tablero, de disputa económica internacional, surgen nuevos bloques que buscan hacer contrapeso a esas hegemonías, formando acuerdos entre países, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) por ejemplo.
En consecuencia, la idea de construir un canal interoceánico reúne en estos momentos las condiciones idóneas para concretarse por qué Nicaragua hereda un sentido de nacionalismo antiestadounidense, posterior a la revolución de 1979, donde en el poder se encuentra una clase política de corte nacionalista; asimismo, según fuentes abiertas, ya existen pláticas con la empresa china HKND para ejecutar los trabajos de construcción.
El nuevo canal, de llegar a concluirse, puede incidir en la balanza de poder económico, ya que dinamizaría el comercio global de las mercaderías chinas e indias a más bajo costo en la tradicional zona natural de la principal potencia mundial. Asimismo, el GCN permitirá interconectar la extracción de hidrocarburos y minerales de la costa atlántica de América con el este asiático, donde China resultaría ampliamente beneficiado.
Finalmente, ese proyecto podría ser causa de un conflicto internacional y su conclusión puede cambiar las relaciones de poder, lo cual no garantiza por sí mismo mejores condiciones para los países de la región, pero sí una oportunidad para aproximarnos a nuevas rutas comerciales.
Sin duda los latinoamericanos debemos estar atentos a esos megaproyectos e incorporarnos de manera estratégica, para garantizar mejores condiciones de vida y no solo instalen dependencias que provengan de otras latitudes.
Porque ciertamente, “la geopolítica de las resistencias está obligada a resurgir, frente a la geopolítica del poder”.

 

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