Lilia Zavala Mejía

La importancia de la participación de las mujeres en el mercado laboral durante las últimas décadas ha sido fundamental. Sin embargo, tal contribución económica se ha caracterizado por la segmentación, la exclusión y la discriminación. Existe evidencia empírica de estudios que tratan de conocer cuáles son los factores que influyen o condicionan el empleo femenino; en ese sentido, y por su importancia, destacan los trabajos realizados por García y Pacheco (2014), quienes analizan tres clases de factores condicionantes de la participación laboral femenina: los contextuales (región de residencia, carácter rural o urbano), los individuales (edad y escolaridad) y los familiares (responsabilidades domésticas, que se captan con el estado civil y número de hijos y ocupación del esposo o padre). Esas autoras mostraron la importancia de considerar de manera simultánea la influencia de factores que se gestan en diferentes niveles de la realidad sobre la presencia de las mujeres en los mercados de trabajo.

Además, hay que mencionar como factor del crecimiento de la participación femenina en el mercado laboral a la mayor pobreza o vulnerabilidad, que se presume caracteriza a esas mujeres y a los integrantes de sus familias (García y Oliveira, 2011). La presión social y económica que esa situación genera, conduce a que la mujer busque la manera de complementar el presupuesto familiar o en todo caso a que asuma el cumplimiento del rol de proveedor principal y líder del hogar que tradicionalmente se asignaba al varón, dando paso a la generación de un mayor número de hogares con jefaturas femeninas.

Ese tipo de medidas conocidas también como estrategias de sobrevivencia familiar, las cuales según Oliveira O y García (2012) “se caracterizan por ser un conjunto de actividades que desarrollan las unidades domésticas para garantizar su manutención cotidiana y generacional, en las que la participación económica individual y familiar tienen suma importancia”. La reestructuración de los acuerdos familiares, así como un aumento del tiempo dedicado a actividades remuneradas por parte de los integrantes de la familia son parte del abanico de estrategias implementadas por los hogares en situación de pobreza. La incorporación creciente de mujeres al ámbito laboral ha sido considerada una estrategia de sobrevivencia familiar, derivada de la insuficiencia del salario para solventar el gasto familiar (Santoyo, L y Pacheco, E, 2014).

De manera que la carga de trabajo a la que se enfrentan las mujeres al participar en las actividades domésticas y remuneradas, así como las formas precarias de empleo que se ofertan en el mercado de trabajo, son factores que aún definen al empleo femenino. Las mujeres se incorporan al mundo laboral con dobles jornadas: el hogar y el empleo remunerado, mientras que los hombres conservan el ritmo de dedicación casi exclusiva al empleo remunerado sin participar de las labores domésticas. En ese sentido, la participación laboral de las mujeres, aunada a la división sexual del trabajo es determinante de las desigualdades generadas al interior de los hogares. Aún surgen interrogantes sobre el impacto que el trabajo realizado por las mujeres tiene en la vida las personas, se ha cuestionado si ha sido un factor de cambio para el desarrollo de la economía o si con la incorporación femenina en el ámbito laboral se han creado condiciones de cambio en las relaciones dentro de las familias (Santoyo, L y Pacheco, E, 2014).

Llama la atención una de la hipótesis que establece que, ante condiciones estructurales e individuales que facilitan la incorporación de las mujeres a un empleo, la situación familiar puede ser un factor que inhiba la participación en el mercado laboral. Conviene seguir documentando ¿de qué manera las condiciones estructurales e individuales facilitan la incorporación de las mujeres a un empleo? ¿Es la situación familiar un factor que inhibe la participación en el mercado laboral?

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