Nacho, ¿ya estás listo para el inicio de las clases de tus hijos? Sí, tengo una tableta electrónica y mi esposa se dedica a los niños. Eso está muy bien, pero tienes dos hijos ¿cómo le harás con una sola tableta? Esa fue una conversación sostenida por mis vecinos y escuchada de manera involuntaria por mí; hace tres semanas tener un dispositivo electrónico para cada hijo representaba un reto para sus padres, luego vino el anuncio de las clases trasmitidas por televisión. La revisión de las dificultades para iniciar el ciclo escolar del nivel básico, me parece se han centrado en el acceso o no que los estudiantes tienen de la tecnología y los servicios de televisión y/o Internet, pero han quedado sin revisar otros aspectos: Uno, el espacio en el hogar para tener ambientes de aprendizaje escolar. Dos, el acompañamiento real y de calidad que pueden tener los y las estudiantes por parte de sus padres y madres, y tres, en caso de tener la voluntad y conocimiento, tal vez haga falta tiempo porque las jornadas laborales de los padres y madres no coinciden con los horarios escolares.

Sobre el primer punto, la posibilidad de tener o acondicionar un espacio físico en el hogar para la educación a distancia es vital, este es un aspecto que me ha quedado claro con la experiencia tenida con estudiantes del nivel universitario; en mis video-sesiones en tiempo real con estudiantes, en el primer plano de la pantalla tengo los rostros de ellos, en el segundo plano noto que el resto de la familia sigue con sus dinámicas cotidianas, porque la mesa que se usa como escritorio, es también la mesa donde se desayuna, come o cena la familia u otros integrantes realizan sus propias labores escolares. En el caso de los estudiantes de nivel universitario, tal vez ellos tengan mayores posibilidades de acondicionarse un espacio de trabajo escolar, los menores de edad están totalmente sujetos a los recursos y voluntad de sus cuidadores.

Sobre el punto de la calidad de acompañamiento brindado por las madres y padres, lo pongo a revisión porque sabemos que la calidad educativa de nivel básico es deficiente, esto lo respaldo con los resultados tenidos por México en el Programa para la evaluación internacional de alumnos (PISA) de la OCDE donde los estudiantes mexicanos obtienen los peores resultados, situación que corroboro con mis alumnos que ingresan al nivel licenciatura, ellas y ellos arrastran deficiencias de escritura, comprensión de textos escritos y limitaciones para la realización de operaciones matemáticas, por supuesto, hay casos muy destacados pero son excepcionales. Además, en el chat tenido con mis vecinos, ratifico las deficiencias del sistema educativo y me pregunto, ¿qué capacidades y calidades tienen las madres o padres para acompañar a sus hijos en su proceso de aprendizaje de los contenidos escolares?, me parece que sumamos varias generaciones formadas por un sistema educativo deficiente, sumando a ello la indiferencia por la lectura o la consulta de recursos para reforzar y ampliar conocimiento y cultura que trasciendan la vida cotidiana.

Otro reto del inicio de clases del nivel básico en confinamiento en los hogares, puede ser que en el hogar exista la persona cualificada para acompañar a los menores en su proceso de aprendizaje, pero los horarios no coincidan con las jornadas escolares, pues nuestro país tiene las jornadas de trabajo más largas, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE, 2019) más de 10 millones de personas asalariadas o subordinadas tenían jornadas que en promedio sumaban entre 9.8 y 11.2 horas diarias. Para las personas que se autoemplean, las jornadas y condiciones de trabajo generalmente son más críticas.

Finalmente, la transmisión de las clases, en contenido y estrategia pedagógica, deja de lado las ganancias tenidas de reconocimiento de las particularidades culturales que cada región, cada grupo escolar tiene experiencia y conocimiento, lo que obliga a estrategias y recursos pedagógicos propios. Todo lo anterior es poner en evidencia que las decisiones y acciones de los distintos gobiernos del pasado nos están cobrando la factura en salud, educación y otras situaciones que emergen o se agudizan en tiempo de crisis.

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