Casi durante tres décadas, desde 1940 hasta 1970, Carlos Denegri fue uno de los periodistas más controvertidos de México, posiblemente el que ostentó más influencia, basada en su excelente forma de escribir y, al tiempo, por sus fuertes lazos con el poder.

Su final fue trágico: la madrugada del primero de enero de 1970 fue asesinado por su tercera esposa Herlinda Mendoza Rojo, 24 años menor que él, pero solo en año y medio de unión acumularon rencores y peleas que solían terminar a golpes.

Había llegado un día antes, el 31 de diciembre alrededor de las 21:30 horas, la señora estaba en la sala con una amiga. Plática amena acompañada de una copa.

La visitante se despidió. Al quedar solo el matrimonio, bebieron y empezaron a discutir en una práctica común.

El comunicador, molesto, se levantó para ir a su recámara y ella abrió su bolso, sacó una pistola escuadra calibre .38 y le disparó en la cabeza. Eso lo atestiguó una hija, entonces de 12 años.

Cuando llegaron las autoridades “encontraron el cuerpo del diarista sobre la alfombra color mostaza, boca abajo, vestido impecablemente de color café y frente a una imagen de Jesucristo con la frase con la que Denegri solía concluir sus columnas: Dios mediante”.

Así lo consigna José Luis Martínez S en su libro recopilatorio La vieja guardia, protagonistas del periodismo mexicano.

Carlos Denegri, nacido el 27 de noviembre de 1910 en Texcoco, Estado de México, durante varios años residió con su familia en Europa y estudió en Alemania, Suiza y Bélgica.

Al regresar se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria, que abandonó para dedicarse al periodismo. Ingresó a Excélsior en 1938 como cablista. Su sueldo era de 15 pesos diarios.

Fue el inicio de una carrera exitosa, apoyado por sus conocimientos académicos, distinguido como reportero, columnista y, sobre todo, excelentes entrevistas, amplias, de temas de interés público, a personajes de talla mundial como el papa Pío XII, Gandhi, Nehru, Roosevelt, Martín Luther King, Kennedy, Eisenhower, Golda Meir, Francisco Franco, Juan Domingo Perón, Ortega y Gasset, Sinclair Lewis, André Gide, y muchos más, logrando también platicar con Marilyn Monroe, entre otras figuras del cine.

En paralelo, acumuló una gran influencia “que usufructuaba obteniendo concesiones y prerrogativas económicas”.

Era tenaz, infatigable como autor de las columnas “Diario impersonal de un reportero”, “Ric y Rac”, “Buenos días”, “Miscelánea de los jueves” y “Miscelánea dominical”.

Fue además director de un noticiario de cine, incursionó en radio y televisión, director de Revista de Revistas y colaborador de Life.

Estaba a punto de sumarse al canal 8 de Televisión Independiente, cuando le llegó la muerte.

En el texto también se advierte: “Sus relaciones con las altas esferas de la política y la economía garantizaban la impunidad de sus excesos, y sus conocimientos de secretos de alcoba, de negocios turbios, de pasados oscuros que le permitían generar rumores que lo hacían sentirse intocable”.

José Luis Martínez tiene una larga trayectoria profesional. Nació en la Ciudad de México en 1955. Ha participado en diversos medios con secciones de calidad. Es docente en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón de la UNAM y en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.

De la editorial Plaza Janes, la primera edición fue lanzada en 2005.

Comentarios