Si José Antonio Meade, del PRI, hubiese ganado las elecciones presidenciales ¿la periodista Carmen Aristegui habría regresado a la radio abierta?
Probablemente no, pese a los beneficios de tener al aire a una periodista reconocida, multipremiada y, por qué no decirlo, rentable económicamente. Y esto es así porque la política de relación entre el poder y los medios de comunicación seguiría con Meade y su partido bajo la misma lógica de las reglas no escritas y la presión a través, por ejemplo, de los recursos de la publicidad gubernamental.

Los resultados electorales de este año modificaron de manera radical el escenario político.

Se acabó el sexenio de Enrique Peña Nieto, adverso en diversos ámbitos en materia de libertad de expresión, y con ello la imposibilidad de mantener el veto a una periodista y a un grupo de reporteros, quienes con el reportaje de la “casa blanca” del presidente de la República, marcaron el antes y el después de un gobierno en declive, desprestigiado por los señalamientos de corrupción y los conflictos de interés.

Grupo Radio Centro (GRC), de la familia Aguirre, leyó el cambio electoral y vio una oportunidad para incorporar a Carmen Aristegui y a su equipo de noticias en su red de radiodifusoras distribuidas en las principales ciudades del país. Lo hace con visión empresarial, para obtener un lucro y tener contentos a sus accionistas e inversionistas en la Bolsa Mexicana de Valores, pero también actúa con lógica política al advertir que cambiaron las condiciones para que una periodista como ella, incómoda, irreverente, crítica, se reincorpore a un medio de comunicación que aun en la llamada “era digital” conserva influencia y penetración.

Hay quienes han interpretado esta alianza entre Aristegui Noticias y GRC como una más de las acciones que han tomado algunos medios impresos y electrónicos para dar un mensaje a Andrés Manuel López Obrador (AMLO): se despide a reporteros, articulistas y columnistas críticos del político tabasqueño y se conserva en la nómina a periodistas que cuentan con su aprobación. Este último caso se reforzaría al abrir las puertas de la radio a Carmen Aristegui, sobre todo por aquello de la declaración del presidente electo que “procuraría” el regreso de ella y de José Gutiérrez Vivó a dicho medio de comunicación.

En la conferencia a medios que ofrecieron Juan Aguirre Abdó, de Grupo Radio Centro, y Carmen Aristegui, se marcó distancia de López Obrador y su futuro gobierno. La periodista aclaró que la declaración del presidente electo de que procuraría el regreso de ambos comunicadores se hizo después de que iniciaran las conversaciones entre ella y los representantes del grupo radiofónico. Y que ni el político ni nadie de su equipo intervino o ha intervenido en los acuerdos que se lograron.

A su vez, el empresario dijo al periodista Carlos Padilla, de la revista Zócalo, que “el margen de libertad de expresión” para Carmen será “absoluto” y lo único que hará la empresa será tomar la señal del noticiario, tal y como se genera, sin ninguna injerencia.

También, al señalamiento de que los noticiarios de GRC fueron particularmente críticos del candidato AMLO, Aguirre Abdó respondió que “lo que nosotros queremos es la libertad individual de cada espacio informativo, de cada conductor, de tal forma que si un conductor tiene una ideología o una tendencia hacia ciertas cosas, lo respetamos y en este caso será tratado de la misma forma”.

Salvo lo ocurrido con Antonio Esquinca, no se han llevado cambios de conductores o comentaristas en GRC. Sergio Sarmiento, Carlos Loret de Mola y Jesús Martín Mendoza, particularmente críticos de López Obrador y su partido político, continúan al aire y no han modificado su línea editorial. Es cierto, como sucede en otros noticiarios, hay un trato más “cuidadoso” con el ahora presidente electo, pero prevalece la visión crítica. Y está muy bien. Las audiencias no queremos un periodismo servil al poder, sino un periodismo independiente, que informe con veracidad y exhiba la corrupción en cualquier ámbito.

Carmen Aristegui no será la “vocera” de López Obrador; no hará el papel de Jacobo Zabludovsky en la época del partido único. Quienes conocemos profesionalmente a la periodista, sabemos que no es la periodista que cede a las presiones o las seducciones del poder político o de la empresa que se anuncia en su noticiario. También lo deben saber en GRC. Y si fuera distinto, habrá voces que la cuestionarán y exigirán a través del derecho de réplica y de la queja. De ahí la relevancia que exista la figura de la Defensoría de las Audiencias y de otros mecanismos de autorregulación efectivos.

Por lo que Aristegui y Aguirre declararon el viernes pasado, GRC no se meterá con la línea editorial de Aristegui Noticias. Ya hemos citado lo de la libertad de expresión “absoluta”.

Suponemos que ese compromiso está en el contrato firmado por las partes, como ocurrió con el contrato que la periodista tuvo con MVS Radio. Si es así, es una buena noticia para el gremio periodístico, pero mucho más para las audiencias. GRC rompería de esta manera la idea que fuertemente persiste entre los empresarios de la industria radiofónica que “sus” frecuencias pueden ser utilizadas para alabar o golpear “periodísticamente” a determinados personajes cuando así lo deseen y no por alguna razón que trascienda socialmente.

¿Y Gutiérrez Vivó?

En el diagnóstico de la alianza entre Aristegui y GRC, imposible dejar de lado la expulsión del periodista José Gutiérrez Vivó durante el gobierno de Fox. La periodista y Juan Aguirre no evadieron el tema. Ambos lamentaron lo ocurrido, pero el empresario fue mucho más allá: “Ojalá demos el siguiente paso para llegar a un acuerdo con el señor Gutiérrez Vivó y su regreso a la radio”.

¿Realmente habrá esa buena disposición o fue solo una declaración sin sustento? Ya veremos en los hechos. La salida de Gutiérrez Vivó ocurrió, justo, por una presión del gobierno foxista y su rechazo enfermizo a López Obrador. GRC, como la mayoría de los grupos radiofónicos, actuaron en consecuencia. El “antipejismo” fue la línea editorial de innumerables noticiarios en la radio desde los inicios del siglo XXI. Ahí están los monitoreos del INE como prueba irrefutable.

Bajo el nuevo escenario político, Gutiérrez Vivó también debería regresar, no por abrir en su momento los micrófonos de “Monitor” a López Obrador y reivindicarlo públicamente, sino por el nuevo marco de libertades que han prometido quienes ganaron, de forma aplastante, las elecciones. Como dijo Aristegui, es un buen momento para que los radiodifusores entren en un proceso de revisión de lo que han hecho o han dejado de hacer en materia de libertad de expresión. Es un momento propicio para dar marcha atrás a todas aquellas prácticas que han dañado su credibilidad, el periodismo de calidad, el derecho a la información de la sociedad y, por supuesto, los derechos de las audiencias. Es el momento para replantear la relación con el poder político e impedir a toda costa la censura.

@telecomymedios

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