Carne contaminada, sin atención

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Carne contaminada

Al cuestionar a la Copriseh sobre las acciones que lleva a cabo con respecto a los rastros no regulados, que representan el mayor problema, su respuesta fue que no puede tener control sobre eso

CINTHYA KAREN VILLEGAS ACOSTA*
Pachuca.- En México, el consumo de carne contaminada por antibióticos o anabólicos es un problema que las autoridades encargadas de la regulación y vigilancia sanitaria conocen, sin embargo, no efectúan acciones al respecto.

Mientras que autoridades sostienen que la carne producida es segura, en Hidalgo rastros clandestinos comercializan producto contaminado luego de condicionar la compra de los animales solo si los productores de ganado han suministrado anabólicos y antibióticos a los ejemplares para obtener mayor peso a bajo precio.

En la industria de la carne, con el fin de obtener mayores ganancias en menor tiempo, productores suministran de manera ilegal clembuterol al ganado; se trata de un fármaco para combatir enfermedades respiratorias, pero en animales reduce el contenido graso y aumenta la masa muscular, consiguiendo así mayor peso.

En México está prohibida dicha práctica desde 2002, debido al daño que genera el consumir carne contaminada con clembuterol; sin embargo, esta continúa.

De acuerdo con la doctora en química en alimentos e investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Eva María Santos López, el uso de las sustancias consideradas como “promotores del crecimiento” no representa un peligro para la salud, pero sí es preocupante la falta de control sanitario, tanto en establecimientos dedicados a la producción como en los rastros de traspatio o en zonas rurales.

Agregó que para que la carne con clembuterol represente un verdadero riesgo a la salud, el consumidor tendría que ingerir esta diariamente y en grandes cantidades.

Antibióticos, otro problema

El testimonio también mencionó otro problema importante: el uso de antibióticos cuando los ejemplares están enfermos; además, explicó que cuando no se recuperan pronto, prefieren venderlos directamente a las carnicerías, a pesar de sus condiciones, con el fin de no perder lo invertido.

Al respecto, el doctor en química e investigador de la UAEH José Antonio Rodríguez Ávila explicó que al consumir carne y productos como leche o queso, “estamos expuestos a consumir dosis bajas de antibióticos y, como consecuencia, vamos generando resistencia a ellos”.

En 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una alerta con respecto al uso indebido de antibióticos en los animales para consumo, ya que eso acelera el proceso de resistencia a esos fármacos en los seres humanos.

Cada vez, en mayor número de infecciones como la neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis, los tratamientos son más difíciles debido a la pérdida de la eficacia de los antibióticos para combatirlas.

Falta de control

La Secretaría de Desarrollo Agropecuario de Hidalgo (Sedagro) indicó que el estado ocupa el lugar 22 a nivel nacional en producción de ganado bovino al aportar el 1.

67 por ciento con 58 mil 661 toneladas al año; San Felipe Orizatlán es el principal productor, seguido de Ixmiquilpan y Tepeji.

Según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), en el estado hay 123 rastros o centros de matanza que cuentan con la supervisión o vigilancia de las autoridades sanitarias en la entidad. La cantidad de granjas o establecimientos dedicados a la producción bovina no fue proporcionada, argumentando que ese dato era desconocido.

La producción de carne de bovinos en el estado con certificación por parte de las autoridades sanitarias no representa ningún riesgo para los consumidores, afirmó la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Hidalgo (Copriseh).

La función de ese organismo es realizar operativos para evitar la venta y consumo de carne contaminada, por ello debe mantener vigilancia en rastros, mataderos, carnicerías y tiendas de autoservicio.

Sin embargo, un productor que practica la engorda de ganado bovino, cuya identidad es resguardada por razones de seguridad, aseguró que realiza su trabajo sin la intervención de ninguna autoridad sanitaria.

Afirmó que él, como muchos otros productores, deben cumplir con la exigencia de sus principales clientes, los carniceros, quienes requieren que el animal haya consumido anabólicos durante su engorda para que exista un mayor aprovechamiento de la carne.

De acuerdo con el testimonio, en parte la culpa la tiene el consumidor, ya que prefiere la carne rosada y sin grasa a la rojiza y con más grasa de color amarillo, pues estéticamente la primera se ve mejor.

Existen promotores del crecimiento permitidos, como Zilmax, pero los productores no lo usan porque es más caro y el efecto es mínimo, comentó.

Por experiencia, los productores saben que al administrar los anabólicos corren riesgos al inhalarlo y los animales pueden infartarse si les son administrados en exceso.

Asimismo, quienes compran ese ganado para más tarde venderlo en las carnicerías saben que corren riesgos si llevan los animales a sacrificar a un rastro regulado, por lo que cuentan con su propio rastro traspatio.

Al cuestionar a la Copriseh sobre las acciones que lleva a cabo con respecto a los rastros no regulados, que representan el mayor problema, su respuesta fue que no puede tener control sobre eso.

Estamos expuestos a consumir dosis bajas de antibióticos y, como consecuencia, vamos generando resistencia a ellos

José Antonio
Rodríguez Ávila
Doctor en química

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