Son incontables los libros, artículos en publicaciones especializadas en historia, y los aparecidos en medios de comunicación signados por estudiosos en torno a Venustiano Carranza, uno de los personajes cimeros de la Revolución Mexicana.

A estos se suma el de Marco Antonio Mendoza Bustamante, un joven –porque aún es joven– investigador originario de Tulancingo, Hidalgo, en donde nació el 15 de enero de 1986.

Estudiante de la licenciatura en derecho en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) ha desempeñado diversas responsabilidades, sin perder su irreprochable cordialidad, que le ha concitado innumerables afectos.

Entre algunos de los encargos destacan: comisionado para la instrumentación del Nuevo Sistema de Justicia Penal en Coahuila y director de comunicación y cultura del Consejo Nacional de Fomento Educativo. Posteriormente, asesor de la expremio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, y secretario adjunto a la presidencia del comité ejecutivo nacional del PRI.

En 2016 la Asociación Nacional de Locutores de México le otorgó el Premio Nacional de Locución por su trabajo “Literatura auditiva”.

Al recibir la presea la dedicó a tres locutores quienes, subrayó, han inspirado sus emisiones ante micrófonos: su padre Alfredo Mendoza Madrid, su tío Marco Aurelio Mendoza Madrid y Alejandro Wong, quien le abrió los micrófonos de la NQ, en Tulancingo.

El reportero recuerda que en Puebla, Marco Aurelio Mendoza fue su maestro en una escuela oficial, y además respaldó sus intentos de ser comunicador, cuando sus conocimientos prácticamente eran incipientes.

Obras de su autoría han sido: Por siempre Tollantzinco, que presentó en la sala Manuel M Ponce del Palacio de Bellas Artes, El baúl de mi padre y Teotihuacán, el secreto de la flor de los 4 pétalos.

El libro sobre el Varón de Cuatrociénegas –Carranza– se titula Carranza, el hombre tras la Constitución de 1917.

En un In memoriam, hace tres alusiones.

A su abuelo, coronel Serafín Mendoza Soberanes, revolucionario hidalguense quien sirvió en el Ejército constitucionalista liderado por el primer jefe Carranza.

A su tío, capitán Alfredo Madrid Piña, caído en el sitio de Cuautla a manos del ejército zapatista, con implícito reconocimiento “a los miles de revolucionarios que ofrendaron su sangre a las causas de México, cuyos nombre y lugares donde reposan sus cuerpos se desconocen”.

Al profesor Malaquías Piña Jusué, “perseguido en tiempos de la Revolución”.

El texto se divide en cinco capítulos.

1. Venustiano Carranza: el camino del reformador.

2. Del Plan de Guadalupe a la Soberana Convención de Aguascalientes: por el camino de las instituciones.

3. El constitucionalismo en la Soberana Convención de Aguascalientes: por el camino de la política.

4. La Constitución política de 1917: por el camino hacia un Estado social de derecho.

5. El juicio de la historia: ocaso, fin y mito.

En palabras del autor, Mendoza Bustamante expresa:

“Conocí a don Venustiano Carranza por primera vez, al igual que millones de mexicanos, en los libros de texto gratuito que publica la SEP. Desde mi óptica de niño, me resultaba confusa su participación en la Revolución Mexicana. En las aulas se enseña que los máximos caudillos que dio nuestra patria en el siglo XX son Emiliano Zapata y Francisco Villa, por lo que la imagen adusta de don Venustiano contrastaba profundamente con el episodio sangriento que supone ser una revolución.“

Esta intuición infantil me acompañó durante los siguientes años, y sería determinante, después de que madurara conceptualmente, en la redacción de las páginas que tiene el lector en sus manos.”

Resalta una conquista del Carrancismo.

“El movimiento constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza tuvo en la soberana convención de jefes revolucionarios realizada en 1914 en Aguascalientes, la oportunidad de demostrar su vocación a favor de la política como instrumento adecuado para la construcción de un México más próspero e incluyente y no de las armas, aunque usó estas siempre que fue indispensable.

“En un momento de lucidez aceptó condiciones del zapatismo y el villismo, y renunció a la primera jefatura a la que tenía derecho según el Plan de Guadalupe. Se apoyó así la designación de Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México el primero de noviembre de ese 1914.”

Escribe el final.

“Carranza pasó su última noche en Tlaxcalantongo, Puebla el 20 de mayo de 1920 en un jacal de cuatro por seis metros.“

Cerca de las tres y media de la mañana, ya día 21, fue vilmente acribillado.

“La leyenda cuenta que sus últimas palabras, dirigidas a uno de sus acompañantes, fueron enigmáticas: ‘Veo verde, licenciado, veo verde’ tras lo cual exhaló su último aliento.”

De Producciones sin sentido común, primera edición de 2017.

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