A tu corta edad no quiero contagiarte de mis enojos ni de mis frustraciones, pero si debo reiterarte que has nacido en un mágico lugar, en la nación mexicana, en el estado de Hidalgo; en esta tierra de hombres y mujeres dignos ¡Cuídala y ámala!
Pero, también quiero aprovechar esta carta para alertarte de varios problemas que nos acompañan y es menester que las nuevas generaciones, como la tuya, conozcan los retos que afrontarán si quieren construir el otro Hidalgo posible.
Advierto que no quiero llenarte de prejuicios ni resentimientos, pero es justo decirte que las cosas en estos lares no marchan del todo bien, y no van bien porque la estadística oficial nos coloca dentro de las siete entidades más pobres de México. A más de la mitad de nuestro pueblo no les alcanza con lo que ganan para vivir, por lo que miles de hidalguenses duermen con hambre todos los días. Eso no debería de suceder en uno de los estados más fértiles, con amplitud de climas, territorios megadiversos y una posición geográfica envidiable.
Con tanta riqueza a cuestas es inaceptable contar con las peores tasas de marginación y rezago educativo del país, que por más que los de arriba se empeñen en decir que las cosas van mejor, la triste realidad muestra a miles de personas sumidas en la pobreza, el desempleo, la inseguridad y la falta de oportunidades.
Al igual que muchos hijos de esta tierra, te preguntarás en su momento ¿cuáles son las razones por las que Hidalgo no crece como debería? Varias son las respuestas, pero reiteradamente la razón que más pesa es política; Hidalgo nunca ha sido gobernado por color de partido distinto al de ahora.
A casi un siglo del México posrevolucionario, nuestro estado no ha conocido la alternancia política porque siempre hemos votado por el mismo linaje político, las mismas familias y las mismas siglas partidistas. Ese secuestro cómplice de la política ha creado estructuras clientelares, grupos de poder, miedo al cambio, falta de renovación de cuadros y la ausencia de profesionales para ejercer la función pública. Así, el poder político se ha heredado por décadas y, en el mejor de los casos, se han compartido rebanadas de esperanza para reiterar cuán democrático es el sistema. ¡Falacias y migajas!
Es cierto que la alternancia política tampoco asegura mejores condiciones de vida a quienes deciden transitar por ella, pero posibilita la movilidad y dinamismo de las clases dirigentes para evitar excesos y enquistamientos generacionales. Por ello, la construcción de la anhelada democracia debe caminar por varios frentes; el primero, nos obliga a transparentar y respetar la voluntad popular, por lo que no debemos de permitir un fraude más; el segundo, promueve mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, eso evitará crear mesías, debido a que también las izquierdas se equivocan y, finalmente, el tercero, se debe asegurar que las riendas de la función pública estén en manos de profesionales preparados para ello y cerrar el paso a políticos improvisados.
Entonces, hijo mío, cuando te toque votar, no debe darte miedo ejercer tu derecho democrático, pues costó la sangre de muchos, y que el color de un partido no oriente tu mirada ni tus decisiones. Al final de la jornada, somos seres humanos antes que una institución. Unos dirán que la lealtad partidista habla de un hombre congruente, yo te diría que la congruencia es una práctica cotidiana que involucra el respeto amoroso hacía nuestro entorno. La congruencia siempre va acompañada de la indignación por las injusticias cometidas hacía cualquier ser humano, por lo que siempre debes de estar del lado donde prive la defensa de la verdad, el amor y la plenitud de la vida, esa es la verdadera congruencia.
Mi querido hijo, estás por cumplir años, y el mundo todavía no te llena de sus egoísmos ni de las absurdas preocupaciones que la sociedad moderna y posmoderna impone. Que el chahuixtle se multiplique y que caiga a montones sobre el viejo régimen, que raiga su cuerpo y lo sepulten. Seguro estoy que en esta ocasión las generaciones jóvenes ya decidieron el futuro y votarán a favor de la esperanza posible.
Con profundo amor a Chahuixtle, que pertenece a la generación del cambio.

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