Señor licenciado: quiero comenzar mi carta, por principio de cuentas, diciéndole que tiene usted razón en su siguiente afirmación y a propósito del supuesto recorte presupuestal a algunos rubros, cercanos al 70 por ciento a ciertos centros de investigación que tiene el país y que esencialmente se mantienen como los denominados centros públicos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt): … Yo los entiendo porque fueron 36 años de dogmas neoliberales… Y les cuesta mucho trabajo aceptar la nueva realidad… A veces, no todos los que se dedican a la ciencia, no todos los que se dedican a la cultura, a la investigación, a la academia, son gente consciente… No, la academia, los científicos, los premio Nobel… Acuérdense que también les han dado Premios Nobel a personas impresentables… Le digo a usted que tiene razón en sus dichos porque en efecto, por mucho tiempo el Estado mexicano privilegió a un sector muy pequeño de la población y nosotros mismos también hemos desdeñado labores esenciales en nuestra sociedad: servicios de limpia, de red de agua potable, de alcantarillado, de proveeduría de alimentos, entre muchos otros. O sea, para no darle vueltas, no todos los académicos somos gente consciente. Por eso, entiendo perfectamente su malestar que le causó la última pregunta de la conferencia que ofreció usted el 28 de mayo del año en curso.

Sería interesante conocer el porcentaje de los doctores, ¿a poco hay otros científicos? (los de grado, los otros son solo médicos, dirían algunos estudiantes de matemáticas aplicadas que conozco) que envían a sus hijos a escuelas particulares, aún de haber provenido su instrucción, hasta la del nivel superior, probablemente de escuelas públicas y más aún, de estar trabajando en alguna institución pública. ¿Qué dato cree usted que arrojaría? ¿50 por ciento? Hablando de los médicos, situación similar causó su punto de vista sobre un sector de ese gremio que actúa con deshonestidad; todos somos susceptibles a tener nuestros tropiezos, licenciado. Por eso, varios no aceptan transferencias electrónicas a sus cuentas bancarias, aquellos poquitos, que aparte de trabajar para el sector salud tienen su consultorio privado y que prefieren no declarar esos ingresos al Servicio de Administración Tributaria (es como la beca del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), señor presidente, ¿por qué se debería pagar un impuesto? Otro logro del pasado régimen).

Al amparo de un grado académico, muchos hemos justificado nuestra falta de sensibilidad (y de probidad al pagar del erario alguno que otro gusto cuando vamos al sur del continente americano por turismo académico, por un buen corte de carne y una buena copa de vino… O ir a la península ibérica y traer comprobantes de gastos hechos por nuestros anfitriones…). Seguro que más de uno de mis colegas del país al leer esto que escribo desde un rincón de la ciudad hidalguense de Pachuca, la Bella Airosa, se está ya imaginando a más de un investigador con esas características, incluso tendremos algunos ejemplos de colegas de otros países sintiéndose en ese mismo tenor: con privilegios ganados a pulso, con años de desvelo, con largas jornadas de trabajo en laboratorios, en aulas y cursos o congresos, con resultados de frontera publicados en revistas indizadas. Y nosotros, señor licenciado, no somos culpables de la desdicha del de a lado, y finalmente ahí están las instituciones y los programas sociales que usted favorece para que la vayan pasando. A nosotros, los científicos, por favor déjennos tranquilos con nuestros sueldos integrados garantizados y producto de esos 36 años de fanatismo que nos impuso el régimen. ¿Por qué el movimiento que usted representa debería acabar con el emblemático SNI? Hasta aquí que le doy la razón a usted en su respuesta y paso entonces a hacerle una atenta invitación: Algunos académicos, familiares, investigadores y amigos míos decidimos que una forma de cómo ayudarle al prójimo era aportando de nuestros sueldos o ahorros una cierta cantidad al mes (iniciando con el mes de mayo del año en curso) para un fondo de becas denominado Fray Diego Rodríguez. Esta iniciativa tiene un doble propósito: apoyar al mayor número posible de los más vulnerables de nuestros estudiantes en este periodo de emergencia sanitaria producto de la pandemia del coronavirus (Covid-19) y, por otro lado, darnos cuenta como colectivo lo importante del trabajo colaborativo al tiempo que se configura en esta región del país una nueva misión en las generaciones emergentes de investigadores con conciencia y sentido humanitario. La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), que es donde laboro desde hace más de 20 años, abrió para ese fin una cuenta bancaria en el banco Santander durante la primera semana de abril de este año y, mediante un comité, seleccionó a 51 estudiantes de un total de 164 solicitudes recibidas por la dirección de becas; así, 34 mujeres y 17 hombres de 10 licenciaturas que oferta esta casa de estudios son beneficiarios. No omito subrayar que la mitad de ese fondo, acordó la directora de becas, fuera una aportación del Patronato Universitario, a quienes agradezco su decidida participación. Es decir, es un fondo de peso por peso. Lo invito a hacer sus aportaciones licenciado.

La coordinación de administración y finanzas de la UAEH haría las transferencias correspondientes a las cuentas de los estudiantes beneficiados entre el 26 y el 29 de mayo y ¡sorpresa!: simplemente no se pudo. Dicha cuenta bancaria está congelada y por tanto sin posibilidad de acceder a ese fondo, no importando que es producto de donativos debidamente organizados y recibidos por parte de la universidad. Habiendo indagado, llego a la conclusión de que el gobierno que encabeza tendría algo qué responderle a la comunidad universitaria de la Autónoma de Hidalgo.

Señor presidente: considero nos debe su total adhesión a esta causa y todas las demás peticiones justas que en la carta del 28 de mayo bien expuso el maestro Adolfo Pontigo Loyola, rector de esta casa de estudios. Esperamos apoye a esta parte del pueblo para que la Fiscalía General de la República acote el tiempo para las indagatorias y ponga final a esta –telenovela–.

Van más de 385 días desde que visitó la capital de nuestro estado en mayo de 2019, cuando quisimos abordarlo para manifestarle la inquietud de las cuentas bancarias de la UAEH, en ese momento congeladas. Ese día dijo usted: si se resuelve hoy, se devuelve el dinero.

Finalizo siendo firme: la UAEH sigue su rumbo contra toda adversidad, se le sigue atacando sin sentido aún durante la actual circunstancia de seguridad nacional.

Me niego a creer que congelar y descongelar cuentas sea parte de esa cuarta transformación que impulsa. Acusar y no probar, no es lo que demandan a usted los mexicanos que le apoyaron, que le apoyamos, desde nuestras trincheras. Recuerde: el pueblo manda.

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