Hace mucho tiempo, un compañero músico me preguntó qué tan posible sería dar clases de actuación en una plataforma virtual. Con una formación en arte dramático sustentada en el reconocer el carácter vivencial del teatro y el intercambio de energía entre actor y público como sus principales virtudes, la cuestión me pareció un tanto o cuanto ingenua, por no decir excéntrica. El día de hoy, después de pasar una tarde entera grabando videos con títeres para mis alumnos de teatro de preescolar, bajando aplicaciones para editarlos y subirlos a Youtube, debo reconocer que la ingenua fui yo al no contemplar el estado cambiante de las cosas.

En tiempos del Covid-19, los maestros de educación artística y los artistas que se dedican a la docencia, nos vimos súbitamente ante la necesidad de reconfigurar nuestros planes de clase y, por ende, la forma en que conceptualizábamos la estructura y los propósitos de las disciplinas artísticas en el ámbito pedagógico.

La educadora estadunidense Viola Spolin, uno de los mayores referentes para la pedagogía teatral, decía que “el taller de teatro se puede convertir en un espacio en donde profesor y alumnos se encuentran como compañeros de juego, listos para entrar en contacto, comunicar, experimentar, responder y descubrir.

” Ante las nuevas circunstancias, el “entrar en contacto” se replantea. ¿Cómo dar clases de teatro en un contexto de sana distancia? ¿Qué se pierde? ¿Qué se gana? Para la actriz y maestra de la Preparatoria Tres de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) Ana Helena Bribiesca de la Cruz, el haber formado previamente, y de manera presencial, un equipo de trabajo con sus alumnos es una ventaja al dar continuidad a su proceso, al mismo tiempo en que reconoce la importancia de la convivencia diaria: “los chicos tienen oportunidad de evocar las sensaciones que se generaron en el contacto con el otro como compañero/actor o como público. Sin embargo, si la situación sigue de este modo el semestre que viene, con alumnos nuevos, considero que será muy difícil lograr el mismo tipo de conocimiento porque sería como tomar una clase individual de teatro, sin la experiencia y la comunicación con el otro.

” El diseño de actividades que favorezcan aprendizajes orientados a la reflexión y a la apreciación artística y el estímulo a la lectura y a la escritura pueden ser puntos de partida para pensar y llevar a cabo las clases de teatro bajo una mirada proactiva que, en lugar de limitarse por las circunstancias, se adapta a ellas. Raquel Muñoz, actriz, “stunt”, directora escénica y maestra de la carrera de arte dramático en el Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, opina que “el alumno se obliga a generar una disciplina personal y desarrolla la capacidad de trabajar por su cuenta sin la necesidad de un estímulo externo como el maestro o los compañeros, pero me preocupa mucho el tema de la conciencia y prevención de lesiones, ya que eso se descuida mucho a la distancia.

” Es muy claro que los pros y contras seguirán existiendo en este escenario, y si pensamos bajo la lógica del pensamiento del filósofo presocrático Heráclito de Éfeso que plantaba que “cada opuesto retorna a su contrario”, podemos llegar a entender que “real” y “virtual” son dos tipos de presencia que se retroalimentan en la ausencia de las circunstancias que ya nos eran conocidas.

Aly Casco, actriz y docente en artes escénicas y visuales del programa de actividades artísticas y culturales de la UAEH, resalta que las nuevas tecnologías han sido todo un terreno fértil por explorar, ya que las mismas favorecen la labor del maestro que ahora tiene que planear sus clases considerando “el editar y subir videos”. Por otro lado, considera que la modalidad virtual ha favorecido que las lecturas que sus alumnos realizan lleguen a territorios más profundos: “sus dudas son reales, las preguntas son verosímiles.

” Adaptabilidad parece ser la palabra de orden para mantenerse a flote en ese momento de incertidumbre en donde lo que creíamos como verdades esenciales del quehacer artístico se confrontan con las posibilidades creativas que la contingencia suscita. Para la actriz Alejandra Luna, “hay que replantearse los preceptos que han parecido indesafiables en nuestro querer compartir la enseñanza del arte teatral.

” Para Jesús Islas Ambriz, actor, director escénico y director de la carrera de arte dramático del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, “la experiencia actual tiene que ver con tres momentos: la resistencia al suponer que el teatro solo sucede ‘en vivo’; la búsqueda de los mecanismos para establecer una comunicación y el proceso de adaptación, donde las cosas tienen que suceder y la contingencia nos invita a crear maneras para llevarlas a cabo. Los paradigmas tienen que cambiar, la sociedad lo está demandando. Creo que el teatro cambiará después de esto. Tiene que cambiar”.

Pensar en por qué, cómo y para qué, debe ser una actitud permanente en la planeación de las clases. Si el momento nos ofrece una oportunidad para dialogar con otros lenguajes – videos, audios y plataformas– obligándonos de cierto modo a reconocer que “la tecnología acorta distancias”, fundamental es el atrevimiento a cuestionar qué veníamos haciendo, cómo lo estamos haciendo ahora y por qué y para qué seguiremos en el camino. Si bien es cierto que las experiencias generadas a través de dinámicas vivenciales y la retroalimentación de las mismas están en suspenso y las circunstancias nos piden desarrollar habilidades antes no contempladas, siempre habrá un grupo de niños –grandes o muy pequeños– con ganas de jugar. A caminar por el espacio, pues. Virtual, por el momento.

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