Con una gran preocupación por evitar el saqueo de bienes culturales, el general italiano Fabrizio Parulli propone con una iniciativa ante el G7, formar los “Cascos azules de la cultura” con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Esta “extraordinaria” idea de proteger bienes culturales en los tiempos de guerra o de desastres naturales realmente funcionaría si no fuera por el detalle casi insignificante de que los países invitados por ese finísimo y “filántropo” personaje que estuvo emplazado en Irak durante la guerra, son nada menos que Estados Unidos y Reino Unido, entre otros distinguidos por su ferviente colonialismo. Dos países, que han saqueado la mayor cantidad de bienes culturales probablemente de la historia de la humanidad, que se han distinguido por su intachable reputación de colonialistas y su indiscutible disciplina para robar, asesinar y exterminar pueblos enteros. La pregunta obligada sería, ¿y quién nos protege de esos parásitos que representan un verdadero peligro, ya no para los bienes culturales, sino para los creadores y depositarios del mismo, es decir, los pueblos que conforman la especie humana?
En el caso de México, por ejemplo, quién protege el patrimonio cultural del autoritarismo y la imposición de funcionarios ignorantes en todos los niveles, burócratas de poca monta en delegaciones políticas y municipios, funcionarios de alto nivel o hasta autoridades universitarias por ejemplo. Como sucedió hace unos días en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde las autoridades no solo destruyeron una obra mural del maestro Daniel Manrique, fundador del movimiento Tepito Arte Acá, sino que encima permitieron que se pintara lo que ellos mismos, haciendo gala de su ignorancia, denominaron como “intervención artística”, perpetrando un crimen contra un bien cultural perteneciente a la comunidad universitaria, ¿quién protege los bienes culturales de la estupidez? Aquí, no necesitamos de “cascos azules” para hacerle el trabajo sucio al colonialismo, la burocracia nacional es suficiente y eficiente, y supera por mucho a los soldaditos culturales. Sin embargo, es una realidad que el mundo sí necesita de organismos de protección de los bienes culturales en caso de guerra o desastres naturales, pero no esa caricatura disfrazada desde la UNESCO. Es la sociedad civil y los pueblos los primeros guardianes de su patrimonio, como se sigue demostrando en nuestro país aunque no se les reconozca. Contamos con todo un ejército de civiles anónimos y no anónimos que son vigías de nuestro patrimonio; tenemos miles de pueblos originarios defendiendo con la vida misma ese patrimonio, la memoria, los territorios, los recursos naturales y hasta la dignidad, justamente evitando a como dé lugar que los malos gobiernos nos entreguen a países como Estados Unidos para que terminen de saquear la nación.
Contamos también con todo un ejército de artistas armados con abogados y, de ser necesario, con la suficiente creatividad para redecorarle a los malos gobiernos sus políticas culturales, su ignorancia o al menos coadyuvar en rediseñar todas las partes obtusas del pensamiento colonizado con que viven.
En México es urgente crear y fortalecer los mecanismos legales de defensa de los bienes culturales, de los patrimonios tangibles e intangibles de los pueblos. Urge fortalecer las organizaciones culturales de la sociedad civil, no regularlas como pretende hacer la nueva Constitución de la Cuidad de México. Es urgente también fortalecer desde la enseñanza en todos los niveles la educación artística y cultural obligatoria y evitar así que los ciudadanos que lleguen al ejercicio del poder en puestos de gobierno o de representación popular, humillen a toda una nación haciendo gala de su ignorancia. Pero sobre todo es necesario que junto con los pueblos originarios nos sumemos todas y todos a la defensa del patrimonio y los bienes culturales de nuestra nación.

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