Conforme la población es de menor edad, corresponde una tasa de alfabetización mayor. Y, al revés, cuando el segmento de la población responde a una edad mayor, entonces el nivel de analfabetismo es mayor. Esto no es gratuito: responde al progreso y al interés de las políticas públicas por mejorar el nivel educativo de la población. En las postrimerías de la Revolución mexicana, tomó tiempo para que la vida institucional del país se recuperara. Y una de las prioridades de los gobiernos que emanaron de la Revolución mexicana fue la educación, pensada principalmente para las masas. Entonces los gobiernos decidieron invertir en la educación básica. Hoy, cuando las tasas de alfabetización están cercanas al 100 por ciento (en el caso de la población de 15 a 17 años, 98.84 por ciento sabe leer y escribir en Hidalgo), los objetivos son otros: primero, ver que la educación que reciben las y los niños les sirva para su vida diaria y, después, que la educación, en el nivel superior, nos permita alcanzar un mejor nivel de bienestar. Hoy es una verdad aceptada que si un país no forma personas que sean capaces de innovar, entonces está condenado al atraso. Por eso se invierte en ciudades del conocimiento, en centros de innovación y transferencia tecnológica, en desarrollo de patentes. Porque los países que están despuntando en esta segunda década del siglo XXI son aquellos que tienen los mejores niveles de educación. Ese es el debate que tiene a nuestro país, por ejemplo, en un conflicto de grandes dimensiones entre el gobierno federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Porque lo que está en medio son dos visiones distintas de una reforma educativa. Pero ese no es el tema de esta editorial. El punto es que hoy que la alfabetización está casi garantizada para toda la población, la discusión debe ser otra. El tema ahora es hacia dónde impulsar la educación y qué tipo de enseñanza ofrecemos a las nuevas generaciones. Es hora de una discusión nacional para decidir qué métodos de enseñanza son los idóneos para nuestro país. Pero no solo importarlos de países que han sido exitosos: el reto es crear un modelo mexicano. De filón. Las empresas que dan sustento al servicio de transporte denominado Tuzobús siguen sin alcanzar su punto de equilibrio. Todo parece indicar que, en el próximo presupuesto, tendrá que haber un rubro denominado “subsidio para el sistema Tuzobús”.

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