—Decidimos vivir juntos después del secuestro.
— ¿Y cuándo le pidió matrimonio?
— Coincidió con el intento de mi jefe de quitármela. Insisto, coincidió. Todo ha sido coincidencia.
Se levantó de la silla y salió de mi oficina. El juez había recomendado que recibiera ayuda y fijó la fianza. En la empresa era valioso, cerraba ventas que resultaban en beneficio para todos.
Me encomendaron la tarea de decidir si valía la pena conservarlo. Tuve que reconstruir su vida desde aspectos mínimos.

***

— A mí no me gustaba, cuando eran jovencitos, cada vez que salían de novios, la mamá de ella hacía algún escándalo, mi hijo no era suficiente, quería al que estudiaba medicina en la universidad con ella, decía que se iban a morir de hambre porque los pintores no tienen dinero. Terminaron su noviazgo de muchos años, los mejores de mi hijo: viajó, conoció gente, incluso puso una galería con sus amigos. Pero regresó ella, le llenó otra vez la cabeza de pájaros. Él entró a trabajar a la compañía de su amigo, en ventas, ha cambiado dos o tres veces de empresas porque le ofrecen más comisiones. Se ha vuelto negro, le he preguntado: ¿De veras eres feliz? Y él sonríe triste.
>>Cuando se fueron a vivir juntos fue lo peor, ella, otra vez comenzó a verlo como poca cosa, fue cuando él cambió de empresa, trabaja más de 12 horas al día, y siempre lucen pobres. Ella decía que ahorraban, pero la verdad es que yo creo que son miserables, una pobreza de adentro.
— ¿Habló usted con él cuando el incidente?
— Sí, pero muy temprano, me llamó para decirme que me quería mucho.

***

—Me lo encontré cuando regresaba de correr, nos saludamos como siempre de lejos, él ya iba de traje, mientras que yo, bueno, regresaba de correr. Teníamos más de siete años de vecinos, cuando él se mudó yo tenía un par de meses instalado en el lugar. Pasaron algunos domingos de futbol, fuimos a un par de reuniones y le presenté a algunas colegas, entre ellos su penúltimo jefe.
>>Yo creí que se trataba de un personaje, la amargura y el toque ácido en todas sus conversaciones, a veces su sarcasmo me resultaba francamente básico, pero él parecía construir esas frases como una forma desesperada de diferenciarse. El sarcasmo creció con el tiempo, sobre todo en el nuevo trabajo, comenzó a burlarse de la gente, que tampoco es difícil, la gente de ventas no es precisamente brillante, intelectualmente, quiero decir. Cuando ella llegó a vivir con él, comenzó a desconfiar de todos. Tampoco es necesario que la describa, supongo que ya vio una foto, tiene los ojos tan juntos que parece bizca, ahora mejoró un poco en su atuendo, pero en realidad parecía sacada de un centro nocturno. Yo creí que era obsesión o algún extraño recuerdo del primer amor.
¿Notó algo raro esa mañana?
— En realidad sí, llevaba un portafolios, nunca traía portafolios, decía que era símbolo de la resignación como vendedor. Yo le pregunté: “¿Ya te resignaste?” y él se volvió y torció la boca, me hizo sentir incómodo, avergonzado o algo.
***

—En la cena de Navidad ella estaba sentada cerca de él, pero con esa cara de mustia, nadie la pelaba, es como invisible, o sea nadie la nota hasta que él empieza a decirle que la ama y que es maravillosa, como si tuviera que convencerse de que ella es especial. A nosotros, al principio nos daba risa, pero después nos daba como pena. A mí esa cara de mustia me parece sospechosa, ya saben, siempre con esa risita y cosas por el estilo… Cuando llegó ese día se fue directamente a la oficina del subdirector y le aventó la mierda, la bolsa de mierda en la cara. Yo escuché los gritos y entré, el subdirector con la mierda en la cara le lanzaba maldiciones. La peste. Yo no supe si reír o gritar, pero cuando el subdirector le lanzó la estatuilla me di cuenta que eso ya era violento. No porque la mierda no sea violenta, sino que ya estaban empezando los golpes. Llegó seguridad y lo sostuvo a él, al subdirector no, porque traía mierda en el traje.
— ¿Ya había actuado de esa forma?
— Yo lo había visto con algunos meseros, se burlaba de ellos.
— ¿Tuvieron una relación más allá de lo profesional?
— No fue nada, fueron unos meses, él me insistía mucho, yo creí que estaba terminando con la novia, hasta que me di cuenta que siempre es así, esa es la manera en que él vive. Seguimos coincidiendo en la oficina, yo pedí mi cambio de área y luego nos volvieron a colocar en el mismo equipo, a mí ya me da lo mismo verlo.
***

—Nos amamos mucho, tiene tantos detalles conmigo, vamos a los restaurantes bonitos, mire en mi Facebook mis fotos. Hemos salido adelante en las tragedias, me secuestraron, yo estaba de guardia en el hospital donde era residente y un hombre llegó en la noche, me metió a un coche, a las pocas horas me dejaron libre cuando le di el número de su tarjeta de débito, porque yo traía su tarjeta de débito, le llamé a él primero y le dije que estaba bien, que lo amaba, que no teníamos más dinero pero que juntos podríamos salir adelante. Aunque no vivíamos juntos, porque él quería tomarse su tiempo, pero el vivir una experiencia cercana a la muerte nos hace revalorar todo, entonces nos mudamos.
>>Y sí, su jefe me estuvo coqueteando en la cena de Navidad, creo que le gusto y se aprovechó ese día. Pero yo no soy así. Le dije: “Mi amor, mira cómo me ve tu jefe”. Y toda la noche estuvo molesto. Al otro día yo tuve guardia, no supe que se había llevado la bolsa fecal, creo que era la de él, primero pensé que era de perros, pero sí fue de él. La verdad es que el jefe se lo merece, porque no puede estarle coqueteando a todas las mujeres decentes que encuentra. Y bueno, ahora empezaremos un hogar, pero no le diga todavía porque no estoy segura, pero creo que estoy embarazada, eso va a tener que adelantar nuestros planes de boda, yo quiero un vestido de mucho bordado de piedras, lindo, perfecto. No lo pueden despedir, piense en la familia. Seguro está arrepentido, ¿ya habló con él?

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