Las ideas que el movimiento separatista catalán quiere destacar sobre las presuntas diferencias entre Cataluña y España, como si pudieran considerarse dos realidades diferentes, no existen, dado que solo una minoría de catalanes comparte esa opinión, pues según las encuestas menos de 23 por ciento de la población se siente exclusivamente catalana; más de 72 por ciento de los encuestados se identifica como español.
El movimiento separatista catalán quiere destacar las presuntas diferencias entre Cataluña y España, como si pudieran considerarse dos realidades diferentes.
La actual Constitución de 1978 tuvo éxito en la creación de un país que, mientras mantenía la unidad, preveía la creación de “comunidades autónomas”, lo cual permitió que las diferentes regiones de España obtuvieran derechos limitados de autogobierno. La organización territorial española dista de ser simple, ya que no todas las comunidades autónomas gozan de los mismos poderes, y hay poderes compartidos entre el Estado central y las regiones. Pero el sistema político actual es, probablemente, el que mejor responde a las características del país.
Desde el establecimiento de la Constitución de 1978, la comunidad catalana ha adquirido una autonomía considerable. En la actualidad, el gobierno regional supervisa la educación, la salud, algunas infraestructuras, la vigilancia policial y las prisiones. El gobierno español conserva la autoridad en materia de aduanas, fronteras y relaciones internacionales, aunque esto no impide que el gobierno catalán realice lo que se denomina “acción externa” –lo que implica relaciones con otros países– siempre y cuando no interfiera con las prerrogativas del Estado español. Muchos catalanes están perfectamente satisfechos con la situación actual, que incluye la pertenencia a la Unión Europea a través de España.
Es por eso que muchos catalanes están preocupados por el movimiento secesionista que ahora controla al gobierno y al parlamento regional. No quieren un movimiento hacia la independencia total que los separe de España y convierta a Cataluña en algo diferente de lo que es ahora.
También les preocupa que una separación como esa los aleje de la Unión Europea. A pesar del mantra de los secesionistas de que la independencia de Cataluña no conduciría a la exclusión de la Unión Europea, en la práctica, pero si Cataluña se convierte en un nuevo Estado, no podrá ser miembro de la Unión Europea hasta que los países miembro aprueben su incorporación. Eso requeriría años de negociación, en el mejor de los casos… un escenario de incertidumbre y riesgo que no es ni justificado ni deseable.
Muchos catalanes están perfectamente satisfechos con la situación actual, que incluye la pertenencia a la Unión Europea a través de España.
Muchos catalanes también están preocupados por el uso que hace el gobierno regional de los poderes que ya tiene. En su impulso para crear un nuevo Estado, el gobierno regional ya está violando la ley, desafiando a los tribunales y usurpando los poderes del Estado. Las escuelas públicas dan la mayoría de las clases en catalán, por ejemplo, incluso a los niños que hablan español como lengua materna.
El poder que el gobierno regional ejerce en los asuntos exteriores se utiliza para intentar establecer relaciones diplomáticas con otros países, con el fin de obtener el apoyo internacional para la secesión. En el proceso, se sospecha que el gobierno catalán utiliza fondos públicos para construir las estructuras que necesitaría un nuevo Estado. Algunos alegan que esto ha implicado la configuración de bases de datos ilegalmente y fuera del marco regulador, para permitir la futura recaudación de impuestos que en este momento es gestionada en gran parte por el Estado español.
Estas acciones del gobierno regional amenazan las garantías democráticas que reconoce a los catalanes la Constitución española. Si los secesionistas en el parlamento y en el Poder Ejecutivo de Cataluña continúan con su imprudente presión por la independencia, amenazarán todas las ventajas que proporcionan la estabilidad, prosperidad y seguridad que los catalanes han disfrutado durante décadas, al formar parte de la Unión Europea, y durante siglos, al ser parte de España.

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