Cautiva solista con su instrumento

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instrumento

DORA ISABEL FRANCO / AGENCIA REFORMA

Monterrey.-

Pocos son los conciertos para orquesta y pícolo o flautín que existen en la literatura musical del siglo XX, por lo que es meritoria la selección de la partitura del norteamericano Lowell Liebermann para el cierre de actividades de 2017 de la Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

Como solista la venezolana Mariaceli Navarro mostró un dominio absoluto de su instrumento. A través de un sobresaliente manejo de su respiración pudo recrear esas frases largas que solicita el autor en pasajes de los dos primeros movimientos, además de una musicalidad encomiable. Al hacer frente al demandante tercer movimiento, hizo gala de virtuosismo y control, un verdadero tour de force.

La agrupación universitaria, bajo la batuta de director huésped, el español Marc Moncusí, brindó un acompañamiento a la altura, destacando el trabajo de los arcos.

La ovación del público, que ocupó poco más dos tercios del teatro Universitario, no se hizo esperar, no obstante Navarro decidió no brindar encore.

La velada comenzó con una bullente y colorida versión de Alborada del gracioso de Maurice Ravel. El trabajo de Moncusí se reflejó en la pulcritud de los arcos, además de la riqueza tímbrica aportada por todas las percusiones y los metales.

La segunda mitad se conformó por la Fantasía sobre Greensleeves del inglés Ralph Vaughan Williams, y la segunda suite de El cascanueces de Tchaikovski.
En la primera fue un placer escuchar el depuradísimo sonido de la flautista Stefanie

Lanzrein. En la segunda, el trabajo de todo el ensamble; descollando la labor del arpista César Secundino en cada una de sus intervenciones. Solo como detalle, el tiempo ligeramente colgado de la Danza española.

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