Es el caso de un falso remake, pareciera que se une a la enorme lista de cintas invocadas por la nostalgia mercantil del cine, casi todos los elementos de su antecesora permanecen intactos: moco verde, espectros neón, la aclamada canción y, por poco, la reunión de un grupo de singulares hombres investigadores de lo paranormal dispuestos a terminar con las extrañezas a partir de abultados artefactos de la ochentera tradición.
Cuando casi todo permanece en su sitio, salvo este último y significativo elemento, el reparto, habrá que verificar si la película sucesora de Los cazafantasmas (1984) trae en el nuevo traje algo más que las meras ganas de hacer un refrito cinematográfico.
Que la plantilla actoral cambie es un lugar tan común y apenas necesario; después de 32 años y dos películas con el mismo cuento (1984 y 1989), la condición de los protagonistas originarios se queda atrapada en la vitrina del recuerdo de sus gracias taquilleras. Los actores de la versión de 2016 pudieron secundar la fidelidad que reflejó la utilería, la música y los efectos especiales, pero no fue así. El director a cargo, Paul Feig, quiso dejar el título del proyecto sin el artículo “Los” para mostrarnos un cómico y significativo revés con progesterona.
Cazafantasmas, pues, fue la oportunidad de reinterpretar y no de repetir, a través no solo de un cambio de género sino a pesar de las etiquetas que tanto pesan en las sociedades occidentales. Sobre la trivialidad de sustituir actores por actrices pesa el valor de representar a la mujer en la extensión de sus escenarios palpables hoy día: mujer negra, mujer homosexual, mujer obesa, mujer descuidada y absorta en la academia, distante de los cuidados que “le harían ver más atractiva”.
La ausencia del “Los” en el proyecto deriva en la provocativa puntada de una reestructuración feminista que se da el tiempo de hacer un falso remake y de tener también la falsa intención incluyente, pues donde comen cuatro comen cinco y el quinto invitado apareció para representar al varón que hace equilibrio en esta acción fantástica de comicidad mordaz.
Nadie mejor que Chris Hemsworth; Thor se jubila del mítico y viril martillo para asumir un cliché invertido. Si es común toparse en el cine con la imposibilidad de la comunión entre la anhelada belleza y la presunta inteligencia en espectaculares rubias de ideales medidas, el intérprete del príncipe guerrero asgardiano tiene todo para demostrar que, quizá, algunos hombres no sirvan más que para deleitar la pupila y los deseos de una mujer que tiene el control y la responsabilidad de su mundo.
Si aún no la ves o todavía no te llama la última versión de Ghostbusters, no pierdas la oportunidad de pasar un rato muy ameno, cortesía del revés con progesterona de Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones, el gran reparto en el relevo.
@AlejandroGASA
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