CDMX: un grito reivindicatorio, frente a la parálisis toluquita

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Francisco Rodriguez

ace unos meses, un profesor de filosofía de la Universidad de Yale, Stanley Jason, sostuvo que la libertad de expresión había sido “cooptada por los grupos dominantes para servir a sus intereses y silenciar a los marginados”. Una acusación demasiado fuerte, muy reveladora del debate actual entre libertad y necesidad.
Se imponía hablar de lo “políticamente correcto”. Analizar los motivos de quienes azuzaron a Donald Trump para utilizar ese sketch, después convertido en lema publicitario, que derrumbaría a Hillary Clinton en los actos de campaña por la presidencia de Estados Unidos.
Habían dado en el clavo. Un iconoclasta neorepublicano sacó de la competencia, primero al partido del elefante, y luego al del burro, como se conoce a los dueños de esa escena electoral. Estados Unidos enfrentó el dilema de ser vencido en sus amplias mayorías electorales, por el voto en los colegios estatales, que finalmente inclinaron la balanza de manera abrumadora. Igual a lo que aquí sucede, cuando el voto popular favorece a un candidato, y el INE da como ganador al que a sus intere$es conviene.

Hay que pasar a la báscula
a la corrección idiomática

Los profesores más prestigiados de la materia sostienen que es necesario detener el miedo a las palabras, en honor de la primera enmienda de la Constitución de Filadelfia. No es posible, dijeron, que una potencia imperial se deje llevar por cuestiones casquivanas, por ocurrencias de la última hora que motivaron el triunfo de la basura blanca de los wasp.
En conclusión, la corrección idiomática tenía que pasar a la báscula. Hacerla de lado para que prevaleciera el pensamiento crítico, en lugar de los puntos de uso común que mueven voluntades de manera inercial, en búsqueda de las expresiones que potencian lo vulnerable, en lugar de dar preeminencia a lo importante, cada vez más urgente.

Plusvalía en la CDMX,
manipulada por textoservidores

Hace muy poco, en México tuvimos una experiencia parecida. Los combativos jacobinos de la asamblea legislativa de la Ciudad de México se extralimitaron en el lenguaje. Llamaron a las cosas por su nombre. Al discutir la iniciativa de la nueva Ley de Vivienda, quisieron acomodar en el articulado el concepto de plusvalía.
Era el pretexto que buscaban los textoservidores para atacar. De inmediato, todos los mastines de la corrección idiomática y política se fueron tras el cebo. Un auténtico bombardeo mediático de tiempo completo se dedicó a deturpar el concepto, por diferentes vías de interpretación. Todas ellas, vulnerables a la opinión de la clase media, o lo que quede de ella.
Los parlamentarios locales se referían a un concepto que ya se encuentra en la Constitución de Querétaro desde hace muchos años, el referente a que con las inversiones que hace el gobierno en la infraestructura inmobiliaria y la revaloración que eso provoca, los predios y las construcciones suben de valor y son sujetos de recatrastación y de incremento en el valor de compraventa.

Ofensiva lesiva y finalmente
desastrosa para sus promotores

Pero cuando los oídos decimonónicos de los poderosos oyeron la palabreja, de inmediato sacaron todos los fantasmas del clóset y se dieron vuelo atacando a los indómitos legisladores, acusándolos de motivar expropiaciones de las propiedades privadas. Una gran parte de la clase media mordió ese anzuelo, pues estaba aderezado de pasiones de mala fe.
Muchos llegaron a opinar que era solo un pretexto para aumentar los impuestos en todo tipo de pagos, derechos, aprovechamientos, ubicar a modo el precio de los inmuebles para atraerlos al interés público, y finalmente, revelaba el cariz socialista y colectivizante del gobierno de la Ciudad de México.
Fue una ofensiva lesiva y finalmente desastrosa para sus promotores. La Ley de Vivienda fue aprobada por rigurosa unanimidad de todos los partidos representados en la ALDF, desde Morena hasta el PRI, sin un solo voto en contra, ni una abstención. Un proceso legislativo insólito que tenía mucho de no observarse en alguna cámara local o federal.

Voto unánime a la Ley de Vivienda, avalada además por la ONU

Se impuso el pensamiento crítico sobre la corrección idiomática. Todos los planteamientos sobre regulación de uso del suelo, conceptos de interés social en la regulación de desarrollos y en el ahorro del agua y de las infraestructuras prevalecieron tal cual. Incluso, la participación positiva de organismos internacionales en el análisis de la iniciativa tuvo un peso decisivo para tranquilizar conciencias.
El voto afirmativo en el proceso de discusión de los diversos dictámenes, por parte de la Organización de las Naciones Unidas-Hábitat, así como de los financieros del Banco Interamericano de Desarrollo, dieron la luz verde a todo el paquete de financiamientos para un nuevo concepto de habitabilidad, compactación urbana y movilidad

Esta columna completa puede consultarse en la página de este diario www.elindependientedehidalgo.com.mx

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@pacorodriguez

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