El enorme gasto y las fanfarrias sobre el ambicioso proyecto que desde hace 43 años se presentó como “política de normas mínimas y readaptación social de sentenciados” devino en un fracaso estrepitoso, en una vergüenza internacional, acrecentada por la actitud permisiva del peñato hacia los clanes de la delincuencia organizada y sus pupilos confinados.
Así como a la influencia extralegal de todo tipo de delincuentes, apoyados en los expedientes por una justicia ministerial de procuración y un sistema corrupto de jueces de cargo, que ha sido palmariamente demostrada, ante tirios y troyanos.
La justicia en México tiene un costo bastante cómodo, en relación con los agravios a la sociedad que han cometido todos los aparatos de delincuencia organizada, federales y locales, que han convertido las prisiones, desde los confinamientos de rancho hasta los pomposos penales de alta seguridad, en hoyos fétidos, regidos por los trasegadores y criminales.
Lugares infectos, donde lo mismo se dictan los privilegios de los reclusos de casta dorada, que se manipulan impunemente los asaltos exprés y todos los latrocinios que cometen los altos presidiarios, a través de sus sicarios que han obtenido una libertad costosa y afrentosa en grado sumo para los contribuyentes, objetivo de sus crímenes de lesa inmunidad. Donde se permiten todo tipo de fugas fantasiosas y arregladas.
Cárceles y reclusorios bajo el control de los delincuentes

Los gobiernos internos de las prisiones de toda estofa han caído bajo el control de los delincuentes recluidos. El miedo, el chantaje, los sobornos y los moches descarados se han impuesto sobre autoridades que ni son ni parecen. Los reclusorios son más caros que los hoteles de cinco estrellas, para los que tienen la desgracia de caer sin palancas.
Amotinamientos dirigidos, huelgas de hambre manipuladas, contactos con el exterior protegidos por los custodios de toda graduación, civil y militar, han hecho que muchos ciudadanos pacíficos, señalados y sentenciados por los internos, prefieran desplazarse de sus centros de actividades antes de caer en sus garras.

Nadie osa desenmascararlos por temor a terribles represalias

La vida de los pacíficos cotidianos se ha convertido en un sinvivir, que se acumula cotidianamente al ambiente de desasosiego e incertidumbre que priva en toda la nación. Nadie sabe de dónde le viene el golpe. Cuando llega, se hace aparecer como inexorable por las autoridades complicitadas con el crimen raso.
Los gobiernos desde la cárcel han liquidado las bases mínimas del proclamado Estado de Derecho que presume el régimen, pero que nadie osa desenmascarar, temiendo terribles represalias que pueden acabar con su tranquilidad, patrimonio familiar, dignidad e integridad que destruye la convivencia pacífica.
Una caterva de mafiosos y delincuentes se encuentra al frente de todas las prisiones nacionales, de todo tipo, porque, alegan las autoridades, son los únicos militares y civiles que conocen las entrañas del monstruo. La verdad es que son el monstruo mismo, con poder, con altísimos ingresos y con prebendas y canonjías fantasmagóricas.

La “política” de prevención social derivó en ópera bufa

El ánimo social que impulsó la política de prevención social y de readaptación y reinserción de sentenciados ha sido, con sus desviaciones fraudulentas, el naufragio del sistema penal. La zapa específica que demuestra a cielo abierto un gobierno corrupto hasta las entrañas.
Los nobles propósitos que en un principio se presentaron son agua de borrajas. Recordar algunos de ellos, dimensiona el drama político y social de toda la estructura penitenciaria y punitiva. Hoy, los delincuentes declarados, sicarios y cómplices del peñanietismo tienen el mando absoluto y la inmunidad adelantada.
El remedio esperado, ubicar al Estado mexicano en la nueva ideología de impartición de justicia, con el objetivo de extender las garantías sociales no solo a quienes adecuaran su conducta a las leyes, sino también a aquellos que las transgreden, fue la ópera bufa, el sarcasmo generalizado de la desidia, la corrupción y la frustración.

El tratamiento penal derivó en negocio informal de los malhechores

Está palmariamente demostrado que todo lo que toca el gobiernito lo convierte automáticamente en mierda. El sonsonete de aplicar los aspectos esenciales del tratamiento técnico penitenciario y preliberacional, la asistencia a liberados y la remisión parcial de las penas, acabó siendo un negocio del gobierno informal de las cárceles por los delincuentes más avezados.
Objetivos cruciales como el estudio de la personalidad del recluso, estableciendo la organización del trabajo en los centros penales de acuerdo con las facultades operativas de los sentenciados, creando un sistema educativo para integrar su personalidad y facilitar su reincorporación social, suena a carcajada de borracho… y a oído de cantinero.
La concepción filosófica de no entender la privación de la libertad como supuesto presuntamente regenerador de las conductas, sino entender que la segregación del sujeto solo se justifica en cuanto se proteja a la comunidad para blindar los vínculos societarios, suena a otro país, con el peñato, pasó al anaquel de lo pernicioso.

La única ley que manda es la del dinero; lo demás les vale

La ley, supuestamente de honda raigambre humanista, que se orientaba a rechazar el criterio decimonónico de la venganza social y del derecho punitivo, para cambiarlo por otro, cuya insignia máxima sería que la sentencia priva de la libertad, pero nunca de la dignidad, solo forma parte de los masiosarescos discursos que se burlan del colectivo.
‎Las prisiones mexicanas de reclusión común y de alta seguridad han sido mancilladas y burladas, a ciencia y paciencia de custodios y jefes políticos de la política interior, que hoy por hoy están dedicados a sus negocios particulares y no desean oír otro vals. ¡Ahí, adentro, que se arreglen como puedan!, es su divisa emblemática y podrida, a despecho de las leyes y de la paz pública, que les vale un cacahuate.
Igual que pasa en todas las materias sujetas, por mandato popular, a la acción ejecutiva de las políticas públicas, reivindicativas de origen de todos los despropósitos sociales, actualmente manda solo la ley del dinero, inexorable y realmente trágica.

Contrastantes políticas penitenciarias en la capital nacional

Como ha pasado en todos los renglones de actividad, cuando funcionarios de diferente nivel al federal tratan de corregir las desviaciones, los textoservidores de la prensa impresa y los loros radioeléctricos se van encima de la presa expiatoria, negándole toda posibilidad presupuestal o informativa. El moche se impone, majestuoso, sobre las buenas intenciones.
‎Así ha pasado con las correcciones de plana que endereza el gobierno de la Ciudad de México, siempre a la vanguardia de las luchas sociales, cuando implementa correctivos serios a esas deficiencias.‎ En la capital de la República, los primodelincuentes que han infligido las leyes por hambre, mayoritariamente indígenas e indigentes, entran a un sistema de justicia social irrebatible.
‎No solo se les ayuda económicamente a obtener las fianzas y la liberación en las mejores condiciones, sino se les integra al mercado laboral con ofertas concretas de empleo, con seguros efectivos contra el desempleo y capacitación gratuita para potenciar sus habilidades naturales y hacerlos sujetos útiles a la comunidad, efectivamente reintegrados, no superficialmente asimilados contra su voluntad.

De la concepción punitiva a la justicia social en la CDMX

Tales políticas, como siempre, se enfrentan a los caciques burocráticos del presupuesto, que a falta de ideas, organización social y apoyos comunitarios quieren hacer fracasar todo aquello que no salga de sus huecas cabecitas, más duras que una piedra de moler chile. Nunca entenderán que es la mejor manera de despresurizar los horridos hacinamientos penitenciarios, que permiten todo tipo de injusticias.
Ya es tiempo de que se pase, como se hace en la Ciudad de México, de una concepción punitiva de la impartición de justicia y de la reclusión sin objetivo, a un sistema integrado e interconectado de justicia social, pura y dura, que vela por el bienestar de las mayorías segregadas de todo beneficio, señaladas como criminales, solo por sus verdugos interesados en que no se vaya a escarbar en sus propios y personales pasados y presentes delincuenciales contra el orden público y el desarrollo social.
¡Basta de hipocresías en el terreno de la justicia! No está el horno para bollos. El país, en los dinteles del estallido social, y el gobiernito dejando los gobiernos internos de las prisiones en manos de sus delincuentes más sangrientos, compañeros del macabro viaje de su codicia e insensatez.
¿No cree usted?

Índice Flamígero: Como en todo, nunca falta el prietito en el arroz. Y en materia de procuración de justicia en la capital nacional éste se encuentra en la subprocuraduría a cargo de Oscar Montes de Oca. Su manejo discre$ional en asuntos en los cuales cuenta hasta con notario de cabecera que le extiende cuantas actas requiera para sus “bisnes”, llega al colmo en el caso de la señora Marcela Ramona García Paniagua –sí, hermana del fallecido don Javier– y de sus hijas, víctimas de extorsiones a partir del fallecimiento de su esposo Román Ferrat Solá, a raíz de los juicios testamentarios e intertestamentario radicados en el juzgado 39 Familiar. Montes de Oca, al parecer con vínculos sentimentales con la demandante María Teresa Ferrat García, quien reclama derechos sucesorios sin aparecer en el testamento del finado, a quien ella había demandado en vida. Los excesos de Montes de Oca han llegado hasta a llevar diligencias fuera de su jurisdicción, en Huixquilucan, Estado de México –lo cual configura delito– y a asegurar bienes de las demandadas a partir de desgloses de denuncias presentadas penalmente, cuando el juicio civil ya fue fallado a favor de la señora García Paniagua y de sus hijas. ¿Es más poderoso Montes de Oca que su jefe el procurador Rodolfo Ríos Garza? De lo sucede en el Tribunal de Justicia del DF, a cargo del impresentable Edgar Elías Azar, le platico mañana. Escribe don Alfredo Álvarez Barrón, parafraseando a ya sabe usted quién: “Lo malo no se cuenta, pero cuenta mucho: durante años ha sido catalogado como una leyenda urbana, o en el mejor de los casos, como un mito genial, pero según datos y pruebas fehacientes, el tema de las despensas caducadas es dolorosamente cierto: el alcalde de Ciudad Juárez, Armando Cabada Alvídrez, afirmó que la anterior administración les heredó al menos 7 mil despensas contaminadas con plaga de gorgojo, las cuales son parte de un lote de 11 mil 826 paquetes de alimentos que el gobierno del Estado (de Chihuahua) les entregó para distribuirlas a grupos vulnerables, lo cual calificó como ‘un crimen contra las personas más necesitadas’. Indicó que hizo público el daño porque no se puede quedar callado ante la insensibilidad de la anterior administración priista, “pues es lo que recibimos y afectaron programas para grupos ‘vulnerables’, declaró textualmente…” Al respecto, El Poeta del Nopal, rima con flamígera pluma: “Es un hecho vergonzoso, es catafixia humillante, un acto vil, denigrante y poco meticuloso; de aquel país generoso hoy solo quedan despojos, y un pueblo en números rojos que no levanta cabeza: para aliviar su pobreza ¡le dan frijol con gorgojos!”. Sí, exactamente como dijo el clásico. Y una nota al calce del propio Poeta: “Y sobre aviso no hay engaño: el 2 de noviembre, Dios mediante, aparecerá, urbi et orbi, entre muchas otras de la misma envergadura, una de las Calaveras más pícaras, ingeniosas e irreverentes de los todos los tiempos. Puristas del lenguaje, intelectuales de bolsillo, periodistas chayoteros y pendejos con iniciativa, mejor ni se acerquen.”

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