En estos días que corren con la tragedia a cuestas, no es raro encontrarse con sujetos que, carentes de valores, malnacidos, medran con el dolor humano y se aprovechan de la desgracia ajena para asaltar a quien se les ponga enfrente, a robar con absoluta impunidad.
Pero cuando quienes utilizan el uniforme, el poder de la placa, la amenaza de la patrulla y el insulto para robar a damnificados y asaltar a brigadistas y voluntarios que acuden, con ese especial espíritu solidario en auxilio de quien está en desgracia, son peores que los hampones dispuestos a meterle un balazo a quien se niega a entregar el celular o el miserable salario devengado.
Le cuento dos historias de impunidad.
El sábado 23 de septiembre, tres jóvenes universitarios retornaban a su lugar de residencia en Morelia, Michoacán, una vez que el día anterior habían repartido víveres y medicamentos a damnificados en la Ciudad de México.
Para evitar problemas en esto del Hoy no circula, Daniel, estudiante del último año de la carrera de medicina, tramitó un permiso de turismo que otorga el gobierno de la capital del país para quienes llegan de visita por unos días; además, en la camioneta en la que traía la ayuda para damnificados, portaba el letrero que lo identificaba como brigadista.
Con Daniel viajaban Samantha, también estudiante de medicina, y Carlos, que cursa la carrera de ingeniería. Vinieron a la capital del país con recursos propios, la camioneta es de la mamá de dos de ellos, sufragaron sus gastos con ahorros, pero satisfechos de haber cumplido con una obligación ciudadana.
Minutos antes del sismo del sábado 23, en el entronque de avenida Constituyentes y Paseo de la Reforma, a la altura de los puentes, un patrullero encendió la torreta de su instrumento de asalto, es decir, la patrulla, y obligó a Daniel a orillarse, cuestión que el joven atendió… solo para ser literalmente asaltado por este sedicente vigilante y su compañero que, siempre con la diestra sobre la pistola, los amenazaron con llevarse la camioneta al corralón, cuando no había cometido infracción alguna.
A estos sujetos les importó un pito que la camioneta llevara el permiso, mucho menos que los jóvenes demostraron que habían venido a la Ciudad de México con ayuda para los damnificados.
Agresivos, cuando Daniel abrió su cartera para mostrar la licencia de manejo, le arrebataron un billete de 500 pesos, el remanente que los muchachos llevaban para completar el viaje. La despedida fue una amenaza, la de siempre, esa de que mejor no denunciaran porque la pasarían mal. ¿Habrá quien meta al orden a esos tipejos que utilizan patrulla, uniforme y placa para asaltar a brigadistas? Es repulsivo el proceder de esos “servidores públicos”.
La otra historia…
Ocurrió en el edificio de la calle Tanana número cuatro, esquina Viaducto Miguel Alemán, entre Medellín y Monterrey. Es la narración de una vecina de este lugar: “El día 19 de septiembre, aprovechando todo el terror y tristeza de lo sucedido con el terremoto, mientras a unos metros de distancia se estaban realizando labores de rescate en una edificación colapsada, en un edificio de 24 departamentos violentaron a cuatro de ellos rompiendo puertas e inutilizado chapas, llevándose con todo cinismo propiedades de los habitantes, entre las que se encuentran ropa, zapatos, joyería, documentos, aparatos electrónicos.
“Por suerte, en uno de los departamentos fue encontrado in fraganti un presunto servidor público uniformado como policía auxiliar de la Ciudad de México Fuerza de Tarea Zorros, placa 903885, que sin tener ninguna razón para estar en el interior del departamento, ahí se hallaba.
“Cabe destacar que se trata de dos individuos ostentando el mismo uniforme, aunque lamentablemente uno de ellos logró escapar con su botín.
“Quien lo encontró, habitante de dicho departamento, rápidamente lo llevó a la fiscalía desconcentrada para la investigación de los delitos cometidos por servidores públicos, agencia investigadora del Ministerio Público, unidad de investigación B3, con detenido, ubicada en Ángel Urraza y la Viga, tercer piso, con la identificación de la averiguación carpeta CI-FSP/B/UI-B-3C/D/03265/09-2017 por robo, en contra de Jesús Miguel Ramírez Pérez.
“Es importante que todos sepamos qué hacer ante estos actos de pillaje y mal corazón que desacreditan instituciones públicas y lo peor, minan la confianza de la ciudadanía en sus servidores públicos.
“Lo rescatable de esto, además de saber qué hacer, es que por otro lado, el personal del Ejército nos ha cuidado a todos, por todo el país con el alma y corazón, y solo podemos estar agradecidos con ellos.
“El colmo es que hoy mismo, 22 de septiembre, a apenas tres días de sucedido, este individuo ya fue liberado porque el daño que causó a al menos cuatro familias ‘fue muy poco’, porque claro, es ‘muy poco’ despojar a las personas de bien de lo que con su esfuerzo ganan, ‘es muy poco’ el miedo, la desazón, la desilusión, la impotencia, la rabia porque esto pase.
“Es ‘muy poco’ que aprovechando una desgracia tan grande y a unos metros (el edificio de a lado) habían personas debatiéndose por la vida entre los escombros y muchas personas buenas ayudando y arriesgándose a su vez.
“Es ‘muy poco’…
“Lo que es, es ‘muy poca’ justicia.”
¿Qué le parece? Y mientras brigadistas rescatan cuerpos de entre los escombros y arriesgan la vida y hay quienes acuden en ayuda del damnificado, esos individuos asaltan y medran con el dolor ajeno. Usted póngales el calificativo que quiera. ¿A qué les sabrá el pan que llevan a su familia, si fue comprado con el resultado de un asalto a personas de buen corazón y mejor ética humana? Conste.

 

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