Lol Canul

El domingo pasado, Red Pro Animal participó en una manifestación en Mineral del Monte como parte de las acciones para denunciar y visibilizar el envenenamiento masivo de perros. Un punto importante en ese problema es que los casos de envenenamiento aumentan cuando se acerca algún evento que atrae al turismo; tan solo en junio se reportaron cinco perros, pero se contabiliza un total de 20 en los últimos seis meses.

La relevancia de ese dato es que refleja que, para las autoridades encargadas de atender el control de fauna callejera, debe representar algún riesgo evidenciar la presencia de perros callejeros en el pueblo mágico. Por ello, el tema de esta columna es cuestionarnos sobre el impacto ambiental que las actividades y eventos turísticos a los que asistimos pueden tener. El llamado “impacto turístico”, se refiere a las consecuencias no deseadas derivadas de la utilización de espacios para fines turísticos y que afectan la calidad ambiental y patrimonial negativamente. Es importante señalar que todo plan turístico trae como consecuencia cambios en el medio ambiente, no solo en la naturaleza, sino en estilos de vida de los seres que habitan en el espacio, eso incluye a las personas y fauna.

Cuando hacemos el rol de turistas, esas cuestiones pueden quedar ocultas a nuestros ojos, pues nuestro interés primero es la distracción, el ocio, la aventura, el conocimiento de nuevos lugares, pero no significa que tengamos que ser ciegos al impacto que podemos tener.

Previo al pasado Mundial de futbol realizado en Rusia, algunas ONG alertaron sobre probables consecuencias sociales que se podían tener las visitas de turistas, pero no es la primera vez que se emiten esos comunicados. Para el Mundial de 2014, en Brasil, se realizaron denuncias sobre asesinatos de menores en situación de calle en los meses previos al gran evento. España tiene los ojos de la sociedad civil por el caso de “La manada” durante los san fermines de 2016, cuya resolución legal dejó además mucho que desear del sistema jurídico.

Respecto a los animales, la caza como actividad turística promueve una falacia de conservación de especies y su hábitat; el caso de Mineral del Monte evidencia otra forma de impacto con el asesinato de fauna callejera, además de no considerar las consecuencias indirectas de la muerte de especies por la contaminación o la actividad humana.

Las secuelas humanas y animales no son el único inconveniente, recientes cifras de la presencia de residuos plásticos en el mar han desatado campañas para concienciar sobre el impacto ambiental de ello. Se pretende disminuir el consumo de popotes, bolsas plásticas, colillas de cigarro, envolturas de alimentos, taparroscas y botellas de plástico, que son los objetos que masivamente se encuentran en mares y costas.

Todo lo anterior no es un esfuerzo de satanizar ni de contrarrestar la actividad turística, sino de invitar a la crítica y análisis profundo al planear nuestras visitas, ya que el problema no es por sí mismo el turismo, sino las consecuencias negativas que se generan y que tienen forma de prevenirse, por medio de nuestras mismas acciones. Una de las cosas que tenemos que evaluar son –cuando el turismo tiene como principal atractivo los recursos naturales o culturales y que sus actividades puedan contribuir al deterioro de los ecosistemas– las modificaciones ambientales que se han hecho en los lugares a los que asistimos, y con ello comenzar a reducir nuestra huella ecológica con un bajo consumo de residuos y, por supuesto, evaluar si las autoridades del lugar cometen por acción u omisión violaciones a los derechos de personas y animales. También podemos recurrir a las propuestas del turismo sustentable y alternativo; completemos en nuestro plan de viaje, una visión amplia que no convierta nuestra diversión en un costo para alguien más

Si quieren dar seguimiento al caso de Mineral del Monte pueden seguirnos en Facebook: Red Pro Animal.

Twitter: @lolcanul

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