Una de las instituciones de educación superior más sólidas y con presencia en la nación, para orgullo del pueblo hidalguense, es la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), que ofrece una soberbia muestra de lo que debe ser un México mejor: trabajar con energía, fortaleza y con absoluta integridad.

Aunque su ejemplar integridad y fortaleza no son cualidades gratas para quienes combaten a morir los principios de la educación superior. En efecto, esas cualidades de toda universidad de calidad como institución, con su tortuoso camino de casi un milenio, han antecedido a monarquías, reinos, estados y países, y su aniquilamiento ha sido el sueño de muchos gobiernos despóticos y gurús que anuncian su fin inminente a través de la historia; no obstante, sin importar los pesares y los ataques fanáticos de una oscura edad media, las sociedades despertaron de su letargo a través de las universidades en el mundo, y quizá por ello son los últimos reductos que conservan los valores y cultura. Además, por sus grandes beneficios, los pueblos están tan identificados e inexorablemente unidos a sus universidades.

Por otro lado, en nuestro estado no hay otra universidad de excelencia como la máxima casa de estudios de la entidad; además de ser la más antigua, sin ella no se entiende la trayectoria de nuestro pueblo hidalguense. Sin la Autónoma de Hidalgo no seríamos lo que somos; pertenece a todos los hidalguenses y todos se han beneficiado de su riqueza cultural a través de varias generaciones. No solo sus estudiantes y académicos se nutren del espíritu de servicio que la inspiró, porque esa institución no es un área exclusiva de los universitarios, es sin duda un patrimonio de la humanidad, patrimonio que toca administrar a la comunidad universitaria, pero que pertenece a toda la sociedad.

La enorme fortaleza de la UAEH quedó demostrada desde la primera etapa de su creación en 1869, que tiempo después ni la misma Revolución fue capaz de poner freno a su misión, como tampoco lo han hecho los avatares que se han suscitado a través de la historia; la institución sigue ahí, fuerte, porque inexorablemente sus insumos académicos, bibliotecas, laboratorios, trabajadores, académicos, investigadores, profesores y estudiantes siguen igual de fuertes.

La fuerza inconmensurable de la universidad se basa en el talento de sus universitarios, quienes con su disciplina y creatividad la nutren; son profesionales, hombres y mujeres, del más alto nivel intelectual, de quienes podría sentirse orgulloso cualquier país del mundo y que son los creadores que cambian al país.

Es posible que quien no conozca de manera cercana a la UAEH tenga una imagen que no esté apegada a la realidad y pase por alto la avalancha diversa de formas de creatividad y de trabajo que se realizan todos los días en los ámbitos universitarios, así como su patrimonio artístico y cultural.

Pero también es cierto que el patrimonio más importante de la Autónoma de Hidalgo lo constituyen los mismos universitarios, tanto los que forman parte de su historia como los que actualmente están en su ámbito, y los que cada año ingresan; todos, con un gran talento, disciplina, creatividad y trabajo, han logrado que la UAEH sea el proyecto cultural más importante del estado en la actualidad.

¡Enhorabuena al pueblo hidalguense!, por el 150 aniversario de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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