Estalló en Francia la “nueva revolución” de los Chalecos Amarillos: 50 años después del movimiento de 1968.

Thierry Meyssan (TM), de Réseau Voltaire, juzga que el Rotshchild Boy Macron “le debe su campaña a Henry Kravis, jefe de uno de los mayores emporios financieros de la globalización, la KKR, y a la OTAN”: esa “onerosa deuda hace hoy aún más difícil la solución de la crisis de los Chalecos Amarillos”.

KKR “es uno de los principales fondos de inversiones” donde opera el exdirector de la CIA el general David H Petraeus: uno de los principales proveedores de armas de los yihadistas.

Para TM, “el problema de los Chalecos Amarillos es profundo y no podrá resolverse sin cuestionar la globalización financiera, cosa que Macron no puede hacer”.

Según TM, “Occidente devora a sus hijos, al atravesar una crisis existencial y de oposición a la globalización financiera”.

Macron ha tenido la gracia de catalizar en su contra a la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon y a la extrema derecha de Marine Le Pen, sumados de generales y de las clases rural y medias suburbanas que han detonado el movimiento acéfalo de los Chalecos Amarillos que llegó a su quinta semana de insurrección.

Preocupa la confrontación de Macron con los generales cuando al inicio de su mandato, hace 19 meses, despidió al jefe de Estado Mayor Philippe de Villiers, quien se opuso a sus medidas neoliberales que favorecen a la parasitaria banca globalista y desmantelan al Ejército nuclear francés.

Ahora “un grupo de generales franceses redactaron una carta abierta a Macron a quien acusan de cometer traición (sic) por firmar el Pacto de Migración de la ONU” contra la soberanía de Francia. La carta fue redactada por el general Antonie Martínez, firmada por otros 10 generales, un almirante y un coronel, así como el exministro de Defensa Charles Millon.

Puede uno estar a favor o en contra de las tesis de Alexander Dugin (AD) –ideólogo del zar Vlady Putin con su libro seminal La cuarta teoría política –, pero no se puede soslayar que Rusia ha sido acusada en forma antihigiénica por el gobierno de Macron de incitar a la revuelta de los Chalecos Amarillos mediante las redes sociales –como si esas fueran manipulación exclusiva de Moscú–.

Una cosa es que el gobierno francés tenga razón de exhortar a Trump (que alienta a los Chalecos Amarillos) de no inmiscuirse en sus asuntos internos y otra cosa es golpear con palos de ciego a los dos máximos dirigentes nucleares del planeta (Trump y Putin), lo cual expone la búsqueda de un chivo expiatorio externo para ocultar las medidas antipopulares domésticas del atribulado Macron.

A mi juicio, si Macron busca confrontarse a Trump y a Putin simultáneamente, más vale que empiece a contar sus días en su poder horadado.

AD interpreta la insurrección en Francia por los Chalecos Amarillos y la “anatomía del populismo y el desafío lanzado a las élites” globales”.

El término populismo en Rusia no tiene la misma acepción peyorativa que en México (deformado por los medievales itamitas/neoliberales derrotados). Al contrario, en Rusia goza de prestigio por ser un movimiento que emana del “pueblo”.

A juicio de AD, “la marca principal del populismo europeo moderno” es que “modifica radicalmente el antagonismo entre izquierda y derecha surgido de la gran Revolución francesa” cuando “rechaza el esquema clásico de “izquierda/derecha” y no sigue ninguna actitud ideológica estricta”. Esa es precisamente “su fuerza y éxito” al “no jugar según las reglas pre-establecidas”.

Considera que “es asombroso que tales movimientos populistas sean dirigidos contra el conjunto de la elite política, sin distinción, sean de derecha o de izquierda”, cuando “la periferia de la sociedad se rebela contra su centro”.

Concluye que “hoy no hay más derecha ni izquierda: solo el pueblo contra la elite”. Solo globalistas en decadencia contra nacionalistas en ascenso.

Chalecos Amarillos

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