Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como Che Guevara, nació un 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina, y representa el prototipo de ser humano de los que ya no hay muchos; su aportación a América Latina y al mundo, su espíritu rebelde, los valores y principios que encarnó, el desprecio por lo material y la comodidad pequeño burguesa, la convicción de cambio profundo y justicia social, así como su lucha libertaria que ha influenciado a muchas generaciones por su legado histórico y su ideología socialista, son ejemplo a seguir.
Este 9 de octubre se cumplieron 50 años de su asesinato en el poblado de Valle Grande, Bolivia, a manos del Ejército de ese país, obedeciendo órdenes de Estados Unidos a través de la Central de Inteligencia Americana (CIA), para detener y desalentar las insurrecciones y luchas armadas en los países subdesarrollados y del llamado tercer mundo, que como ahora, bajo un esquema neoliberal y de democracia controlada, siguen bajo el yugo de lo que los ideólogos del marxismo llaman imperialismo, que no es otra cosa más que el capitalismo salvaje de las grandes empresas y las élites del poder político y financiero, que hoy siguen teniendo a gran parte del planeta en la miseria, explotación y pobreza.
La lucha de los llamados “barbudos” en Cuba, en 1959, encabezada por el doctor Fidel Castro Ruz, da el triunfo de la Revolución y la implantación de un modelo económico centralizado y socialista, así como el acercamiento que tuvieron en ese entonces con el gobierno comunista de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); que eso estuviera sucediendo a 90 millas del territorio estadunidense fue una afrenta para los gringos, quienes desde entonces y hasta la fecha bloquearon económicamente a la isla caribeña, aislándola políticamente, expulsándolos de la OEA para tratar –infructuosamente– de acabar con esa Revolución por cualquier medio; otro episodio que da cuenta de ello es la invasión en 1961 en Bahía de Cochinos, que también fracasó, así como los intentos de asesinar al comandante en jefe de esa inédita Revolución.
El Che Guevara jugó un papel fundamental en la lucha armada para liberar a Cuba de la tiranía del dictador Fulgencio Batista, fue un médico idealista de espíritu aventurero, sin límites, viajó por Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y Panamá, donde fue forjando su ideología de izquierda y es en Guatemala en 1954 cuando se radicaliza al involucrarse en defensa del gobierno democrático del presidente Jacobo Árbenz, quien fue depuesto por los
norteamericanos.
En 1956 conoce a Fidel Castro y demás revolucionarios en México y se suma a su causa, forma parte de la expedición del yate Granma que llega a Cuba y a pesar de ser casi aniquilados, logran internarse en la Sierra Maestra para iniciar la guerra de guerrillas, hasta derrocar a la tiranía; con Castro en el gobierno, fue siempre parte importante de la dirección y del gobierno, participó en la Asamblea general de la ONU, fue ministro de industria y en 1964 dejó sus cargos y funciones en Cuba, para continuar la lucha armada en otros países con la intención de lograr cambios revolucionarios: primero en el Congo y después en Bolivia, donde fracasa militarmente y es apresado y asesinado de manera vil y cobarde.
Es larga y edificante la vida y obra del Che Guevara, por sus enseñanzas, sus aportes teóricos y sobre todo la influencia de muchas generaciones por la excepcional lucha contra el colonialismo y contra del saqueo de la riqueza y emancipación de los pueblos de América Latina. Lo que siguió al fin de la lucha armada como vía para llegar al poder en nuestros países fue la vía de las urnas, que si bien dio paso a gobiernos democráticos y progresistas de izquierda en Sudamérica y Centroamérica, muchos de ellos están retrocediendo en sus conquistas, acosados por el neoliberalismo que trata de desmantelar los Estados nacionales entregando los recursos naturales a las trasnacionales, como lo estamos viviendo en México.
El Che es mucho más que un símbolo en una playera o en una boina o que la mercantilización de su figura, representa al hombre libre que dio su vida por un mundo mejor, al que hoy seguimos aspirando para construir Estados democráticos e incluyentes, que nos permitan el desarrollo y el tránsito hacia una plena independencia económica, así como soberanía política. En esta visión y legítima aspiración cabemos todos; por ello, nuestros jóvenes deben ser rebeldes y comprometidos con esas causas.

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