¿Recuerdas la primera vez que fuiste a un partido de futbol? La experiencia de un juego en vivo es una combinación de factores que la convierten en un momento memorable. Cuando las circunstancias son idóneas, la rivalidad que persiste durante 90 minutos se convierte en una hermandad extendida por el amor común al deporte. No obstante, en algunos lugares, como Irán, esto no es tan sencillo.

Durante casi 40 años, la revolución islámica ha impuesto una serie de normas de comportamiento público en la sociedad iraní, siendo las mujeres el sector más reprimido. Entre decenas de prácticas prohibitivas, la población femenina se encontraba, hasta hace unos días, vetada de cualquier evento deportivo. Sahar Khodayar no se quedó de brazos cruzados.

El año pasado, Khodayar se disfrazó de hombre para poder asistir a un partido de su equipo favorito, el Esteghlal FC. A la postre, fue descubierta y puesta a disposición de las autoridades, quienes la sentenciaron, hace unas semanas, a seis meses de prisión. Ante esto, la chica se manifestó incendiando su propio cuerpo, perdiendo la vida unos días después. Los medios de comunicación la bautizaron como la Chica Azul por el color de su jersey.

La protesta de esta mujer fue la representación visual de una lucha que lleva años presente en diferentes sociedades musulmanas. Ante las exigencias de diferentes grupos activistas, así como la intervención de la vicepresidenta iraní, se consiguió lo impensado: el Ministerio de Deportes permitió la entrada de chicas a un juego correspondiente a la presente fecha FIFA.

Así, el pasado jueves, un total de 3 mil 500 mujeres se dieron cita en el estadio Azadi (5 por ciento de la capacidad del inmueble) para presenciar la histórica goleada de la selección de Irán sobre su similar de Camboya. Si bien fueron asignadas a una zona sin varones y el ministerio aún no ha pronunciado una revocación permanente de la ley prohibitiva, se trata de un suceso histórico en aspectos deportivos, culturales y políticos.

El posicionamiento del sector femenino en el deporte competitivo profesional ha sufrido sus altibajos. Desde casos como el de Sofía Huerta, futbolista que fue acosada en el estadio de Tigres, hasta el pronunciamiento de Megan Rapinoe en contra del presidente Donald Trump, las exigencias por una cultura de respeto y apertura retumban tan fuerte como un gol. El fuego que inició la Chica Azul no lo apagará nadie.

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