No cualquiera en cualquier lugar se atreve a “definir” la “estratégica arquitectura global” como Andrey Kortunov (AK), director general del think tank Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC, por sus siglas en inglés) –creado por decreto presidencial y fundado por varios ministerios relevantes– en una entrevista al portal oficioso chino Global Times durante el octavo Foro de la Paz Mundial, celebrado en Beijing.

Prefiero iniciar por su conclusión cuando aborda que la “arquitectura estratégica global” de la triada China/Rusia/EU” es “crucial para el mundo”.

A la pregunta de “¿cómo las relaciones de China/EU/Rusia afectan el orden (sic) mundial?”, AK –quien mantiene una estrecha interlocución con el Kremlin–responde categóricamente que tal tríada “define las reglas del juego (sic)” ya que “si Rusia y EU no desean desarmarse, nadie estará dispuesto a desarmarse”, así como “si China y EU no pueden ponerse de acuerdo en el libre comercio, ¿Quién lo haría entonces?”.

Su diagnóstico del mundo, muy similar al del zar Vlady Putin en su histórica entrevista al Financial Times sobre la “fragmentación” global, es un tanto lúgubre: “El mundo unido (sic) que conocemos hoy podría bien fracturarse en varios bloques competitivos. Esto no es un muy brillante prospecto para cualquiera. Si se gesta una guerra tecnológica entre Beijing y Washington, otros (sic) países no podrán sentarse sobre el muro y tendrán que elegir su lado en esta guerra”.

A mi juicio, es muy clara su alusión de que Rusia se inclinará más del lado chino desde el 5G de Huawei hasta la magnificente inteligencia artificial (IA) que hoy encabeza China, mientras que –desde baby Bush pasando por Obama hasta Trump– la hostilidad de EU ha ido in crescendo imponiendo sanciones a diestra y siniestra contra Rusia, a quien Washington orilló torpemente a los brazos más fraternales de Beijing.

El concepto de la “estratégica arquitectura global”, como sustento para un nuevo orden tripolar –un G3 de EU/Rusia/China–, se basa en la archisabida “estabilidad estratégica” de las tres superpotencias planetarias: Rusia y EU en materia nuclear, y EU y China en el rubro geoeconómico, con sus respectivos traslapes, cuando Washington ha sido relegada a un segundo lugar en ambos segmentos geoestratégicos.

La filosofía del nuevo orden tripolar, a juicio de AK, se basa en “el supuesto de que entienden sus responsabilidades” y que “operarán compromisos entre ellos, pero que también tendrán que tomar en cuenta los intereses de los pequeños países”, ya que, de lo contrario, “el mundo no sería un lugar seguro y sustentable”.

El influyente estratega estadunidense Michael Ivanovitch coincide en la estructura del G3, ahora planteada por el pensador ruso AK.

AK no oculta los “desafíos y oportunidades fundamentales en la cooperación de China y Rusia”, lo cual no obsta para “su compromiso en el largo plazo y su visión futura” como la “manera de reconciliar la ‘Ruta de la Seda’ de China con la unión económica euroasiática, o cómo manejar las crisis internacionales que puedan afectar a ambos”.

Comenta que es probable que “EU abandone Afganistán”, ante lo cual “rusos y chinos deberán colaborar para prevenir la expansión del fundamentalismo islámico a sus territorios (sic) o a sus países vecinos”. ¿No fue fundado el Grupo de Shanghái para ese propósito?
AK enfatiza que las relaciones de Moscú y Beijing deben ir más allá de la “seguridad”, para cooperar en las “áreas de desarrollo y high-tech”; desde el software operativo para los teléfonos inteligentes hasta la IA.

Devela que el zar Vlady Putin realizó “dos propuestas específicas” a Trump: “Fortalecer el control estratégico de armas” y apaciguar los contenciosos de Siria/Irán/Norcorea.

Resaltó que Trump es demasiado “inteligente” para no entrampar a EU en otra “guerra sangrienta y despilfarradora” porque ante todo piensa en su “reelección”.

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