China: viajar para aprender

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Irlanda Lince Flores del Valle
Licenciatura en comercio exterior

Alejarse de casa para enrumbarse en un viaje muy lejano y aleccionador tiene muchos matices. Cuando elegí China como destino al que iría por intercambio estudiantil supe que la elección era la correcta; desde muy niña tuve una fascinación por ese país milenario y misterioso. La emoción por experimentar nuevas vivencias y finalmente por conocer uno de mis lugares predilectos me llenó de expectativas y una gran satisfacción. Sin embargo, saber que me encontraría muy lejos de casa y sus cuidados dejó un sabor amargo tanto en mí como en mis seres queridos. Era pues un pequeño sacrificio que debía tomar.
El gusto por viajar es algo innato en mí; viajar tan lejos a un determinado lugar y vivir un tiempo en él fue un reto mucho más grande, más aun si ese lugar se hace llamar China. Saber que mientras yo dormía mi familia despertaba, que mientras yo intentaba dominar dos palillos con similares proporciones para poder comer, en casa utilizaban tenedor y cuchillo; que mientras yo sentía frío allá en casa sentían calor; acostumbrar el paladar a nuevos y raros sabores, que no por raros dejaban de ser manjares; todos esos detalles anecdóticos y otros fueron moldeándome y me enseñaron ejemplos de diversidad, ayudándome así a aceptar y formar parte de esa ciudad llamada Nanchang.
Estudiar las materias relacionadas a mi carrera y a su vez estudiar el idioma chino mandarín en la Universidad de Economía y Finanzas de Jiangxi (JUFE) fueron mis dos grandes tareas a seguir. Batallando al inicio con la lengua oficial de China, el putonghua, fue para mí una experiencia divertida aunque nada sencilla.
Afortunadamente y como esperaba, ese idioma extranjero me cautivó y es ahora una tarea pendiente.
Curiosamente, con el inicio del aprendizaje de esa lengua tan antigua fue que puede hacer más amigos y sentí la emoción y sorpresa de la gente del lugar que al escucharme, muy entusiasmada me preguntaba más cosas cuando yo apenas les podía responder con pequeñas frases. Aun así, eso me ayudó a aprender un poco más sobre la cultura china. Tuve la oportunidad de igual manera de dar a conocer México a mis amistades, tanto chinas como de otras latitudes, amigos que fui haciendo en el transcurso del intercambio y que compartieron conmigo momentos de estudios, viajes y convivencia en ese maravilloso medio año.
Finalmente, puedo concluir diciendo que esa experiencia de vida deja en mí recuerdos gratos e inolvidables que sin duda me ayudaron a crecer profesionalmente y como persona.

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