Entrevista con Alberto Lara Enríquez y Ana Liedo Lavaniegos. Última parte

Pachuca.- ¿Cuáles han sido las trasformaciones de Ciartes?

Alberto: Creo que la primera vez que terminamos de plantear el proyecto por escrito, el tiempo de operación era de tres años. En tres años planeábamos nosotros tener un edificio apropiado para formar actores y la acción necesaria para generar los recursos para sostener esos actores. Entonces nosotros pensábamos que en tres años íbamos a resolver todos esos asuntos y pues ya llevamos bastantes más años y no lo hemos podido resolver como estaba plateado inicialmente. A lo que hemos llegado es a esta red que cada determinado tiempo se junta para crear y hacer cosas específicas en lugares específicos. Y sí damos acompañamiento a lo que surge en cada lugar, y sí vinculamos a gente que tiene capacidades que más o menos tiene cierto tiempo y cierta formación con nosotros para trabajar proyectos cruzados. Pero falta todavía esta otra parte: cada persona en cierta medida en su lugar ha logrado transformar y lograr ciertos resultados en eso, en cierta ocasión en cierto movimiento teatral o plástico en sus comunidades en transformar el entorno físico, en empoderarse de ciertos espacios que estaban no utilizados en sus comunidades, platicaba con un funcionario de Conaculta y decía “aunque la victoria sea pírrica, hay que seguir invirtiéndole todo lo que se necesita porque es importante”. Entonces la transformación es poca, el trabajo es mucho, la transformación social real es poca, pero si no lo hiciéramos…

Ana: Pero también hay transformaciones que son muy importantes, o sea, la transformación al mundo entero, pues no estamos llegando ahí. El motivo por el cual empecé a trabajar con Ciartes fue porque veía lo que le pasaba a los chavos con narraciones de pequeñas historias propias que servían de sanación personal. Esas transformaciones me parecen muy importantes, el poder contarte, el poder verte a través de la ficción, el poder jugar con tu historia dolorosa. También hemos conocido a otros grupos que hacen esto, pero se quedan mucho en el dolor. Lo comparamos con la Pedagogía del oprimido y la Pedagogía de la esperanza. La Pedagogía del oprimido es muy interesante pero se queda en date cuenta de que el sistema te está jodiendo, y Paulo Freire, justo lo que dice al final, es que tenemos que dar un paso más, un paso a la esperanza. El trabajo que hace Ciartes tiene una propuesta. Es una puerta de sanación, se abre una puerta para integrar tu historia de forma distinta y eso ya es una razón. Y ahora vemos con nuestros compañeros creadores que en la vida cotidiana están bien jodidos, persiguiendo el peso, peleados con todo el mundo y algo que ha generado este espacio y es algo que nos han dicho las personas es “siento aquí oxígeno, siento es un remanso, siento que es un respiro poder llegar a Ciartes”. Entonces creo que el espacio da lugar a la convivencia, contención, diálogo. Las personas que pasan unos días aquí siempre se van mejor.

¿Qué logros han obtenido como compañía?

Ana: La red profunda que hemos generado de otras zonas con las que hemos trabajado. En el espacio también, no sé bien cómo pero en solo un año habían venido artistas de seis países. Y se ha generado un espacio de referencia, es un espacio más de Pachuca, pero la gente que viene a este lugar busca honestidad.

Alberto: Sí, honestidad. Creemos que nuestro trabajo debe ser disfrutable, creemos en pasárnosla bien en el viaje que hagamos en el cual llegamos a producir o a presentarnos, pasárnosla bien en la exploración. Evitar la crueldad, los humanos somos muy crueles. Creo que nuestro trabajo aporta a generar un ambiente menos rancio.

¿Cuál es el futuro de la compañía?

Ana: Pues vamos a seguir trabajando con la autonomía, seguiremos comprando nuestro equipo, mejorando el espacio, gestionar el poder, pagarles a los actores digna y constantemente. Queremos crear un laboratorio permanente de actores y de manera inmediata estamos creando dos montajes: uno para bebés y otro para masculinidades.
Alberto: La concepción de cómo se ve a los trabajadores del arte, sobre la gente que aporta a la cultura, es típico el trato de “si puedo te pago, si no puedo, no te pago”. A mí no se me ocurriría contratar a un albañil y no pagarle y creo que el albañil tampoco aceptaría. Pero con el arte sucede así. Entonces estamos trabajando, estamos intentando tejer, conectar con quien sea necesario para que la legislación sobre cultura y arte cambie. Es una forma de decir “sí los vemos distinto y los tratamos con dignidad”. Al mismo tiempo para qué. No son los artistas los más beneficiados con este cambio de visión, es la gente, los estudiantes, todos aquellos que reciben el arte. De esto deben darse cuenta las buenas personas que hacen las políticas culturales. Que también tengamos más comunicación con el público real, es decir, hay alguna manera de que Shakespeare pueda entenderse mejor. En su momento Shakespeare era un teatro popular, el público sabía cuando el actor se equivocaba y podía abuchearlo, eso te habla de que había más comunicación con el espectador. Creo que hace falta regresar a ese tipo de contacto real con el público. Es complejo porque tenemos generaciones educadas por telenovelas. Los valores morales son de telenovela. Ese tipo de educación nos ha dejado la televisión. Es complejo hacer una transición entre lenguajes artísticos que van hacia otra parte de tu cerebro, pero tenemos que hacerlo. Estamos buscando maneras de llegar al corazón de las personas.

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