Hace unos días, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) se colocó como una de las cuatro mejores instituciones de educación superior en México, de acuerdo con el ranking mundial Times Higher Education (THE), reconocido por evaluar a las instituciones de educación superior del mundo.

Para la sociedad en su conjunto y, particularmente para los hidalguenses, no puede pasar desapercibido el logro histórico de esa institución, mucho menos en un contexto de pobreza y marginación en el que se encuentra Hidalgo. La UAEH es la esperanza de miles de hidalguenses que desean y aspiran a mejorar sus condiciones de vida a través de la educación; por ello, es una de las pocas instituciones públicas que no han podido ser desmanteladas, muy a pesar del interés de los poderosos que desean un pueblo sumido no solo en la pobreza sino en la ignorancia.

De igual forma, con ese resultado se enuncia la necesidad de seguir fortaleciendo la suma de esfuerzos de los universitarios para seguir avanzando en el camino de la excelencia.

Por su parte, los académicos estamos obligados a repensar nuestra labor científica y práctica docente para realmente incidir en nuestro entorno y formar generaciones alejadas del “colonialismo intelectual”, también llamado hegemónico, que se impone desde los grandes centros de poder en el mundo y que dictan el tipo de ciencia que se debe cultivar en las universidades del sur o periféricas.

En esa ruta, Boaventura de Sousa Santos ofrece varios elementos teóricos y de acciones prácticas que permiten imaginar otro camino posible para construir lo que este autor define como las “epistemologías del sur”, que es una invitación a construir conocimiento a partir de otras metodologías y con otras aproximaciones sustentables con el entorno.

Para De Souza vivimos en una época de transición, donde el capitalismo no tiene temor de sus enemigos y ha llegado a cinismos extremos, cuyo fin es generar miedo para exterminar la esperanza social.

Frente a esos miedos, que muchas veces son encarnados por criminales, empresarios, gobiernos y políticos, se deben crear estrategias para descolonizar el pensamiento, pero sobre todo recuperar la utopía que asume a la ciencia y a la tecnología como los pilares de la construcción del otro mundo posible.

Para ello, las universidades “del sur” están obligadas a formar a sus egresados en el camino de la emancipación del pensamiento, evitar que solo sean autómatas del capital, pero además que busquen soluciones respetuosas con el entorno y que en la base de todo proyecto se busque el acceso democrático de sus beneficios para la sociedad en su conjunto, donde ser feliz será hacer felices al mayor número de personas.

Felicidades a los universitarios por sus logros, nos llenan de orgullo y los compartimos como nuestros.

Somos y tenemos sangre garza porque a pesar de que no hayamos egresado de las aulas de la UAEH, como diría Ángeles Mastretta, “la sangre que nos une proviene de las tormentas que otros remontaron para darnos vida. Pero, sobre todo, la sangre se nos teje con las historias y los sueños de quien nos crece”. ¡Arriba las garzas!

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