Aunque era esperada la victoria de Andrés Manuel López Obrador, ni los más viejos de la comarca recuerdan un respaldo ciudadano tan impresionante como el que recibió quien será, a partir del primero de diciembre próximo presidente de la República.
La mañana del domingo primero de julio parecía cualquiera. Abiertas las casillas, el flujo se advertía al de anteriores comicios; más adelante, fue intenso y continuo.
Los madrugadores, pasaron con rapidez a precisar su primer apellido, para ingresar a uno de los dos bloques en que participaban atentos funcionarios.
Certificaban en carpetas nombres y foto del participante y, acto seguido, mostraban urna, cubierta por una manta blanca, en donde se debían marcar las boletas, para después, depositarlas en urnas claramente determinadas.
En Hidalgo, cuatro papeletas: presidente, senadores, diputados federales y locales.
Los temas, en día de asueto, tal vez rondaron sobre temas familiares, el repetido de la Copa Mundial de futbol y otros de origen más particular.
Era, de hecho, tácita espera para conocer resultados preliminares y saber hacia dónde se enfilaban preferencias.
Antes de las 20 horas, fluyeron lo primeros números de encuestas de salida, para seguir, sorpresivamente, media hora, acaso, después con la declaración de José Antonio Meade, quien reconoció su derrota y al tiempo validó el triunfo de López Obrador.
Meade y el abrazo solidario con su esposa Juana Cuevas conmovieron.
El ejemplo fue imitado por Ricardo Anaya, casi en iguales términos y, desde Monterrey, Jaime Rodríguez, más cordial, ajeno al adjetivo de bronco.
Confirmación oficial, por el magistrado presidente del INE Lorenzo Córdova y, acto seguido, mensaje breve del presidente Enrique Peña Nieto, felicitando al tabasqueño por su triunfo.
Entonces corrió el telón, dando pleno significado al adjetivo aplastante que campeaba en la República: AMLO, Morena, habían conquistado aspiraciones y esperanzas de millones de mexicanos.
López Obrador, desde el corazón del hotel Hilton, en la Ciudad de México, habló. Era esperado. Dejó atrás las aguerridas frases y sobrio, que lo fue, vino a ratificar lo de una nueva imagen de quien conducirá al país los próximos seis años. Sereno, puntual, elocuente, dentro de su estilo, y, lo que es más, sumando la contundencia de un jefe de Estado.
Un día después, lunes, el asombro se trasladó a Hidalgo, en todas sus consecuencias numéricas y políticas.
Como citaron, el tsunami dejó aplastantes triunfos: de tres senadurías, dos para Morena y una para el PRI; de siete diputaciones federales, todas para Morena, y de 18 diputaciones locales, 17 para Morena y una, en San Felipe Orizatlán, solo una, para Adela Pérez, de la coalición Todos por México.
Replicados con mayorías para el partido de López Obrador en cámaras de senadores y diputados, es decir, nuevo Congreso con sus colores.
En nuestro estado, significa que la Legislatura local estará comandada por Morena, y aún sin definir quién será la coordinadora o coordinador.
Hubo reacciones, como la de Leoncio Pineda Godos, presidente del CDE del PRI, quien llamó a reagrupar fuerzas para, quien sabe en qué tiempo, recobrar añejos lauros.
Ya el tricolor sabe de eso, tras las victorias de panistas, Vicente Fox en el 2000 y de Felipe Calderón en 2006, recobrarse, aunque sin el entorno de una catástrofe para el Revolucionario Institucional como hoy la padece.
López Obrador en su alocución, enfatizó en acciones reconciliación, dejando atrás pesarosos debates y denostaciones.
En ese mismo sentido, se replicó en Hidalgo y, sería interesante esperar si una dilecta dama, Gabriela Mejía, coordinadora de administración y finanzas de la UAEH, hoy recluida, tendrá la bendición de la justicia ante una detención a todas luces arbitraria.

Olvidan a Rufino

Cuando Rufino H León Tovar aceptó ser secretario de Movilidad y Transporte, dejó claro que no se afiliaría al PRI, por sus antecedentes en otro instituto político.
Empero, convino en ser enlace institucional, no político ni de partido, como varias ocasiones lo precisó en el distrito local electoral 03 con cabecera en San Felipe Orizatlán, que integra a Yahualica, Atlapexco, Xochiatipan, Tlanchinol y Huazalingo.
El hoy exfuncionario, sin remuneración adicional, armó una estructura para atender los seis municipios que le permitió resolver conflictos territoriales y asuntos de carácter social, seguridad pública y médica, que tanto aquejan a la Huasteca y Sierra Hidalguenses.
Se volvió figura identificable para atender, además, problemática en el transporte.
Mantuvo innumerables reuniones con alcaldes, actores políticos y líderes sociales de la región, así como en audiencias públicas, entregas de útiles escolares, fiestas del Xantolo, programas de invierno y hasta otras festividades de arraigo popular.
Ese trabajo institucional se conjugó para el triunfo de Adela Pérez.
Injusto no reconocer las acciones de Tovar de quien se ha llegado a decir: “Se desmarcó a tiempo”, porque, oportuno, honesto, no ingresó a la militancia priista.
Salió de la administración gubernamental, no muy explicada públicamente.
Ahora, su inmediato destino bien pudiera estar a la vera de Marcelo Ebrard o del propio AMLO, con quienes compartió experiencias y luchas políticas durante sus mandatos como jefes de Gobierno de la Ciudad de México.
Con ellos trabajó en funciones de director general jurídico de la Policía, el mismo cargo en la Secretaría de Desarrollo Social y director general de Transportes Eléctricos, entre otros.

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