Pachuca

Tener buenos hábitos alimenticios no solo significa llevar una dieta balanceada. Lo importante es que estés consciente que mediante buenas prácticas de nutrición todos los órganos de nuestro cuerpo funcionan eficientemente, ya que tenemos más energía a lo largo del día, físicamente nos vemos mejor, podemos prevenir y evitar un sinnúmero de enfermedades.
Además de incluir alimentos de los cuatro grupos: cereales y tubérculos, frutas y verduras, productos de origen animal, grasas y azúcares, es importante grabar en nuestra mente otros buenos hábitos que nos proporcionarán diversos beneficios, como:

1. Masticar despacio. Es muy común que al comer rápidamente se mastique mal, lo que nos impide disfrutar del sabor de la comida y, lo que es peor, nos genera una serie de problemas en el aparato digestivo.
Una buena masticación evita que nuestro estómago e intestino trabajen horas extras y tengamos una sensación de pesadez, así como agruras y estreñimiento; nos ayuda a calmar el sistema nervioso y aumentar la cantidad de oxigeno en el cuerpo, lo que reduce la ansiedad durante la comida.

2. Beber agua, pero no durante las comidas. Los médicos recomiendan, por lo menos, beber agua de media hora a una hora antes de comer y después de la comida. Nunca durante la ingesta de alimentos. Si se tiene mucha sed, debemos tomar solo lo indispensable para quitarla y, desde luego, no beber refrescos gaseosos durante la comida.
Tampoco es bueno tomar agua helada, ya que enfría el estómago, retarda la acción natural de los jugos gástricos y afecta el sistema digestivo. En caso de mucha sed es aconsejable refrescar primero la boca y luego de 20 minutos ingerir alimentos.

3. Limitar el consumo de azúcares, grasas y alcohol al 10 por ciento de lo ingerido en un día. Un buen hábito alimenticio es consumir más carnes bajas en grasa (pollo, pescado), cocinar con menos aceite (como el de origen vegetal), limitar los postres como chocolates, helados o pasteles.
4. Cinco al día… tres de fruta y dos de verdura. No olvides esta fórmula: su consumo está relacionado con la disminución de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer, además mejora la presión arterial.

5. Consumir proteínas en cantidades moderadas (20 por ciento): limitar las raciones de carne entre 150 a 200 gramos (del tamaño de dos barajas). Es mejor no tomar el guisado como el plato principal de la comida sino como parte de ella, e intentar comer leguminosas junto con cereales como plato fuerte (enfrijoladas, habas con germen de trigo), combinaciones casi tan altas en proteínas como la carne, pero bajas en grasa.
Si a esto le añades la reducción de alimentos procesados y te formas como hábito leer las etiquetas e información nutricional de cada producto que adquieras, mejorarás la elección de tus alimentos y, en consecuencia, te verás y sentirás mejor. Todo es cuestión de que te decidas y seas constante. ¡Tu salud lo vale!

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