Cine para reparar la historia: Colonia

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Alejandro Sandoval

Cuando por tanto hubo alientos ahogados, corazones mutilados, dignidades de cartón… ¿hay lugar para creerle al tiempo? ¿Cómo resignarse a esperar por su promesa eterna de repararlo todo?

Y que el interés hacia la proyección de esta película no sea solo por la aparición estelar de la aclamada Emma Watson, vaya que hizo otra gran interpretación en una historia que, quien sabe si persigue la justicia o la simple emoción de un thriller amoroso, ideas que oscilan en el debate por la Colonia del cineasta alemán Florian Gallenberger.
Resulta que en 2015, Gallenberger le apostó al cine de su país con una cinta que se vio muy ambiciosa al comprometerse a acercar al mundo con la oscuridad más espesa del pasado chileno, los tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet (1974-1990).
¿Qué tiene que ver Alemania en este asunto? ¿Cómo tuvo que ver Gallenberger? Al menos una nota de gran valor: la presunta complicidad de la embajada germana en Chile con el gobierno represor de Pinochet y el consentimiento de un proyecto macabro: la Colonia Dignidad, un enclave de inmigrantes alemanes que por años dirigió desde su fundación el predicador y médico Paul Schäfer Schneider, juzgado solo después de la dictadura, cuando ya era muy viejo, casi 40 años más tarde, por abuso sexual a menores, tortura y abasto de armas a la dictadura.
Las reacciones de la crítica sobre el proyecto cinematográfico no fueron las mejores, incluso cuando el día del estreno de la cinta aún no llega a Chile. Se presentó por primera vez en Alemania en febrero de 2016 y dos meses después en Estados Unidos; la ciudad de Santiago le daría la bienvenida en agosto próximo.

“Colonia es un intento fallido de fabricar un thriller hollywoodiense sobre los lugares más oscuros de la historia latinoamericana” / The Hollywood Reporter
“Solo funcionará como un lustroso thriller de acción trepidante para los espectadores ignorantes de los hechos reales que desgraciadamente trivializa” / Variety
“Colonia abre los libros de historia, pero no pasa las páginas” / Indiewire

La respuesta de los doctos del cine es en toda extensión predecible, nadie más y nadie mejor que los chilenos, todavía castigados por la secuela de un capítulo tan escabroso, para entender y contar la lista de abusos y dolores de un pasado aún nítido. Sin embargo, es preciso no pasar por alto el mérito de Florian Gallenberger, quien se atrevió a contribuir, con todos los riesgos que su condición de extranjero implica, a difundir un episodio de injusticias a pesar de las fronteras, quizá una manera de construir empatía y solidaridad entre pueblos.
En definitiva, Colonia no es el retrato fiel del costal de tinieblas detrás del enclave alemán de la década de 1970; mucho menos del terror que tatuó el régimen de Pinochet en la nación que tuvo que huir de su nación o en la que tuvo que quedarse quieta y esperar a que las autoridades o el tiempo les hicieran justicia.

SILENTE | @AlejandroGASA

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