Luis Arturo Salmerón, historiador y buen amigo, escribió acerca de la conexión que tiene el circo en la historia de México y como éste inició en la segunda mitad del siglo XIX haciendo su aparición en el país. Es importante destacar que sin duda es un espectáculo maravilloso e increíble en donde la fantasía se mezcla con la diversión logrando un ambiente propio de una ilusión pueril que nos traslada a lo que es la importancia de nunca olvidar ser niño.
Hablar del circo es hablar de un espacio maravilloso en donde la magia y la fantasía se mezclan con la realidad, en donde el aliento queda suspendido por un instante mientras el artista vuela por los aires y parece por un momento que las reglas de la naturaleza no existen… los hombres vuelan, los animales salvajes se comportan dóciles y obedientes, a los malabaristas les salen brazos, cientos de brazos y manos, cada una más hábil que la anterior, el tiempo se detiene mientras explota la carcajada provocada por el entrañable hombrecito con la cara pintada. La magia se iniciaba desde que el circo llegaba a la ciudad o al pueblo y por sus calles desfilaban los artistas que habrían de deleitarnos acompañados de increíbles elefantes y otras bestias igual de magníficas que temibles, el desfile iba recorriendo la ciudad escoltado por los gritos ¡el circo, el circo!
El circo propiamente dicho llegó a México en 1808 con el espectáculo del inglés Philip Lailson y su Real Circo Ecuestre, y en 1841 nace el primer circo propiamente mexicano, cuando don José Soledad Aycardo pagó en Monterrey la licencia de cinco pesos para montar su espectáculo al que llamó El Circo Olímpico. Y sería en 1864, durante el imperio de Maximiliano, con el circo del italiano Giuseppe Chiarini, que el gusto por ese espectáculo se introduce definitivamente en nuestro país. Para fines del siglo XIX florecieron numerosos circos en México que corrieron diversos destinos, desde la efímera aparición hasta la persistencia en nuestros días: el Circo Suárez, el Metropolitano de los Hermanos Orín, el Gran Circo Fénix, el Circo Treviño y, en agosto de 1888, el Circo Atayde Hermanos. Estos pioneros y muchos otros que se escapan de estas líneas iniciaron en México una larga tradición. Gracias a ellos podemos decir ¡vamos al circo!
Como un espectáculo de gran envergadura e interés para chicos y grandes, el gobernador Omar Fayad una vez más en un claro acto de populismo y tratando de ganar adeptos entre la ciudadanía hidalguense, mandó traer un espectáculo circense a la capital del estado y en pleno corazón de ésta: la conocida plaza Juárez, en la que se encuentra el palacio de gobierno estatal en el que, desde el cuarto piso el flamante gobernador dicta y da forma a su gobierno de seis años en los cuales trata, al igual que sus antecesores, lograr lo suficiente para ser recordado y estimado entre la ciudadanía.
El circo llegó desde días pasados acomodando una carpa que recuerda a las generaciones de antaño cuando justamente en esa plaza Juárez llegaba a instalarse el magno coliseo; inmediatamente se hacía un gran barullo y conmoción esperando poder comprar los boletos para ingresar al anfiteatro. Casi siempre se trataba de estar en un lugar privilegiado para que no se perdiera absolutamente nada del acontecimiento circense, los animales que ahora están vetados, pero, en aquellos días no se llegaba a tal grado respecto a los derechos animales y por tanto no había menor problema. Los acróbatas y payasos haciendo reír y conmocionar al público y como gran espectador en primera fila la estatua erguida de bronce del benemérito Juárez recordando que “el respeto al derecho ajeno, es la paz”.
Los años han pasado y sin embargo, como se dice coloquialmente, el show debe continuar, aquel que logra olvidar los problemas y situarse en un mundo mejor. Solo queda una interrogante entre tanto espectáculo, ¿cuál de los dos armatostes que está en plaza Juárez es el circo?, ¿será la carpa rojiblanca o el edificio de granito? Si, aquel edificio que alberga otro circo en donde el director de carpa, el señor reality show, hace de las suyas junto con todos los artistas y animales que tratan de entretener a un público que sin duda aplaudirá o abucheará, según esté el show.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.