Hace suya la frase que ha trascendido por años: “Aspiramos a que algún día el estado de Hidalgo sea reconocido por la UAEH”

Pachuca.- Ciro Samperio Olivares hace también suya la frase que ha trascendido por años: “Aspiramos a que algún día el estado de Hidalgo sea reconocido por la UAEH”.

Unido física y espiritualmente a la máxima casa de estudios de la entidad, a través de su especialidad en administración y finanzas, dice: “Comparada con otras instituciones, bien recibe el calificativo de ejemplar, sobre todo en planeación estratégica, que se vive en el presente y se arrastra a futuro, en una primera etapa que se marca hasta 2034. Rebasa los proyectos empresariales que oscilan entre los cinco, 10 y hasta 20 años; va muy por delante”.

En una disertación sobre la autonomía refiere: “Lo que pasa es que hay intereses externos que quieren participar en la institución y la verdad no son procedentes”.

A los 76 años, contador de profesión, pero acompañado de conocimientos gerenciales de alto nivel, declara: “Ni cuando yo estaba en la universidad ni ahora, porque sigo muy cercano, ha habido asomo de desviaciones, ni en recursos ni objetivos. Hay plena transparencia”.

Y compendia, en lo que es una relación de conceptos sobre una pretendida reforma a la Ley Orgánica de la UAEH por el anterior Congreso local: “Para poder legislar hay que haber conocido la casa de estudios”.

30 años en la UAEH

Samperio Olivares fue director del Instituto de Ciencias Contables Administrativas en el periodo 1978-1982, pero mantuvo un espacio de su vida, 30 años, 25 en calidad de docente y casi 30 en responsabilidades de funcionario.

Se expresa con el cuidado que ameritan sus conocimientos profesionales. Inserta las palabras adecuadas para hacer entendibles expresiones de los expertos.

Es ya noviembre y en el lugar de reunión se cuela un ligero aire. Don Ciro se cuida: chamarra café clara y un suéter. Conserva cabello, entre negro y gris; usa anteojos de cristales muy claros.

Tiene espléndido humor; los números no están reñidos, en su caso, con la forma tranquila en que enfrenta la vida.

Revela que en el cuarto año de primaria, que cursó en la recordada escuela Hijas de Allende, que estaba sobre la avenida Juárez, en la Bella Airosa, le nació la vocación por la contaduría.
“Pero deseaba ser director, como hacer que los demás hagan lo que deben hacer, y que lo quieran hacer y que lo hagan bien.”

No es alarde, sino comentario de su vida escolar: “Pase del cuarto al sexto año, no cursé quinto, y eso me sirvió para descubrir otro anhelo: ser docente… Me quedaba por las tardes, de cinco a seis, para retroalimentar a mis compañeros. Me sentía bien al sumarme”. Estudió secundaria en el Instituto Hidalguense.

Normas a seguir

Se retrae a una interrogante sobre sus capacidades; no se advierten egos.
“He considerado más importante la disciplina, el orden y la actitud positiva, que la inteligencia. Me identifico con una parte de la filosofía japonesa.”

Y de sus antecedentes académicos relata, aunque apenas apura un sorbito de café. Pidió café, dicen que es como mejor se acompañan las buenas relaciones, con Samperio Olivares ya surgió.

“Busqué en mi alma mater adoptiva, pero no había aún carrera de contaduría y administración; eso fue en 1961.”

Y emigró al entonces Distrito Federal, inscribiéndose en la Escuela Bancaria y Comercial. Era la mejor en su tipo de Latinoamérica.

“Estuve seis años. En los dos primeros llevé materias de la licenciatura y de bachillerato; los cuatro últimos solo contaduría. Trabajaba y estudiaba. Recorrí 45 empresas, más o menos, como auditor interno para efectos fiscales y financieros.

“Y me regresé. En Pachuca me invitaron a ser parte de la empresa automotriz Elfer, de Ramón Hernández; fungí nueve años en calidad de director de administración y finanzas.

Para no “empolvarse”

“Para no empolvarme, porque puede ocurrir, me sumé a ciencias contables y administrativas a la UAEH, a invitación del director del instituto Carlos Sepúlveda; fue en 1972. Maestro frente a grupo, una sola materia, de 8 a 9 horas.

“Ya en 1977, alumnos, y el consejo de entrañable amigo, me llevan a ser director interino del instituto. Recuerdo la fecha: 21 de noviembre de 1977; estuve así un año, hasta asumir la dirección: 1978-1982.”

Se le pregunta si era exigente con los estudiantes, se encoge ligeramente de hombros y relata: “Siempre dejé muy claro: el que no estuviera a gusto podía salir. ‘Ahí está la puerta’, les decía. Imperaba un mutuo respeto”.

“Pero, ¿exigente?”, se le cuestiona. “Diría que sí; mucho”, contesta.

En 1978, ya como parte del Honorable Consejo Universitario, el 3 de abril lo nombraron parte de la comisión electoral encargada de la elección del rector.

“También estuvieron Bertha Lemoine de Pérez Peñafiel y Estela Quiroz. Alumnos: Jesús Ortiz Ruiz, Francisco Castillo Austria y José Luis Ashane.

“Fue un histórico signo de democratización en las decisiones de la universidad, con apego a su ley orgánica y su autonomía.

“Hubo auscultación en las escuelas y procedió la reelección del ingeniero Carlos Herrera Ordóñez.”

Desde Ángeles Contreras

Con el primer rector que trató fue Jesús Ángeles Contreras, excelente penalista, escritor y poeta; de Molango.

Lo cita, segundos apenas, pierde la mirada y manifiesta: “Excelente persona; platicábamos. Escuchaba con atención; resolvía.

“En espíritu sigo estando con él y con quienes le precedieron, ocho: Ángeles; Herrera Ordóñez; Juan Alberto Flores Álvarez, con quien se rescató el ejercicio de la autonomía; Juan Manuel Menes; Gerardo Sosa Castelán; Juan Manuel Camacho Bertrán; Luis Gil Borja; Humberto Veras Godoy, y el actual Adolfo Pontigo Loyola; con todos, ratifico.”

Ciro Samperio es pachuqueño; nació en Gómez Pérez 301. Se casó en el entonces Distrito Federal con Lucía Isabel Levinston Maya, quien es secretaria bilingüe; están a un año de cumplir sus bodas de oro.

“Mi gran apoyo. Luego lee en voz alta y la escucho, como en esas jornadas vespertinas que los corazones se unen más.”

Su felicidad se refleja en una sonrisa.

Ciro Samperio,UAEH

Tres razones de vida

“Tengo tres grandes razones para vivir: mi familia, cuidado a través del ejercicio y ayudar a los que me rodean.

“Para no caer en zona de confort, los últimos tres años, aproximadamente, programas relacionados con el crecimiento y desarrollo personal; estoy actualizado, con información del Ipade.

“Fuimos siete hermanos; yo tengo seis hijos y nueve nietos”. Lee; lee mucho. Variedad de temas, “muy universal”, apunta.

Del ejercicio, sorprende; es de la honorable generación de 1942: “Hago pesas, cardio, box, yoga y total gym. Me siento en buenas condiciones, se lo recomendaría”, le dice a su interlocutor.

Hay silencio. Hasta que retoma al subrayar que se retiró en 2004, pero tiene aún mucho que contar.

“Icono determinante en el desarrollo de mi existencia, personal y profesional, lo fue el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (Ipade). Ingresé en 1972 y a la fecha continúo. Lo aplicaba a instituciones donde trabajaba, incluyendo a la UAEH.”

Sin auditor externo

Y aparece el asunto de la autonomía universitaria y un pretendido auditor externo.
“Entiendo que intervendría en las funciones sustantivas y adjetivas de la universidad, para proponer y poder decidir sobre la autonomía.

“Al haber estado 30 años en el ámbito de la casa de estudios, me permite la comparación honesta, objetiva.

“En 1980, la UAEH contaba con un presupuesto de 100 millones (de pesos). En 1961, algo así como mil estudiantes; para 1980, menos de 10 mil. Cuando llegué, en lo meramente físico: el edificio central, Abasolo, Prepa uno y Prepa dos; medicina tenía como sede, prestada, el hospital civil.”

Y surge el comparativo: ¿cómo está ahora la casa de estudios? Algo más de 55 mil estudiantes, rebasándose los 5 mil catedráticos, y una infraestructura que impresiona en todo Hidalgo. Es tangible y sustentado en una autonomía respaldada por la Constitución y que se ha conducido escrupulosamente.

“Hechos inobjetables que al repasarlos me satisfacen y me llevan a un orgullo legítimo, acrecentado con el rápido correr de los años.”

Ciro Samperio,UAEH

He considerado más importante la disciplina, el orden y la actitud positiva, que la inteligencia. Me identifico con una parte de la filosofía japonesa

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