Primero por Seda, en un ámbito estrictamente literario, pero que le representó un ascenso meteórico a la fama y después por Novecento, mejor conocida en español como La leyenda de 1900, gracias a la adaptación cinematográfica de Giuseppe Tornatore, Alessandro Baricco se encuentra entre las voces más representativas de la literatura contemporánea.
Dueño de una prosa breve, concisa, pero que experimenta con la forma y su resultado combina parlamento con novela, ensayo, guión… Baricco es uno de los pocos autores que además de la faena de escribir, se han dado el lujo de promover la literatura en los medios, formar escuela y, encima, de hacer crítica.
City, título cuya obra ya está por encima de la decena, es otra prueba del autor para llevar al límite las definiciones de género, forma y construcción. Compuesta por una serie de relatos anacrónicos, en los que se funden tanto las “dialogadas” al estilo de Maguib Mahfuz, la narrativa pulp de los años 50, así como las novelas western, a diferencia de la planeación clásica que comprendería un libro de prosa, dividido en distintas narraciones con su correspondiente desarrollo, Baricco hace de todos uno solo.
Aunque podría mirársele como una novela, el trabajo tiene un toque deliberado de rompimiento entre uno y otro relatos, como componentes de un todo, cada uno con sus propios elementos, pero sin desatender la premisa inicial de que cuanto sucede forma parte de los personajes de City, una suerte de Macondo hipermoderno.
Escrito con su estilo tan de género cogido al vuelo mientras se desarrollaba la prosa, el resultado es una amalgama de personajes variopintos que no parecen pertenecer a una época específica ni un lugar concreto, muy en la vena de sus trabajos anteriores.
Autor también de El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, ensayo donde vierte su postura en torno a la música, de la que ha sido crítico desde hace años, este trabajo asoma qué carácter tiene la disciplina sobre su trabajo, en términos de la multiplicidad de enlaces que pueden tomarse de la musicalidad como inspiración para la literatura, en calidad de una de las faenas más vivas por sus oposiciones entre lo que Baricco llama “música culta” y “música nueva”, como dilemas del hombre moderno.
Así como Daft Punk, dueto francés que además de su música se ha dado a la tarea de probar nuevas expresiones más allá de su trabajo discográfico, Air es otro de los grupos cuyo interés en el universo artístico ha explorado variantes e intervenciones con aciertos notables.
La musicalización de El viaje a la Luna, de George Meliès, de la que se remasterizó uno de los originales para una edición integral de la misma; la participación multitudinaria de músicos y DJs para los remixes de sus éxitos en B-Sides; la musicalización de Las vírgenes suicidas, de Sofía Coppola, entre otros, colocan al dueto Air entre los más versátiles de la escena musical internacional.
Cuando Baricco se aproximó a los creadores de “Sexy Boy”, el intercambio resultó en una propuesta bastante atípica, ya que a medio camino entre el fondo musical de un spaghetti western moderno, así como un audiolibro leído en voz del propio autor, el ejercicio de lectura en voz alta que hacen algunos escritores, fue llevado un paso más lejos.
Mientras la adaptación de literatura para medios auditivos es una práctica que se remonta a los inicios de la radio, la música con que se ha vestido rara vez cuenta con la originalidad propia del contenido de referencia, cosa que cobra un matiz fuera de serie en City Reading. Aunque no se trata del libro íntegro, el tono de la elección adopta un carácter bastante agradable del que tanto Air como Baricco están perfectamente conscientes, ya que la sensación es de ingenuidad deliberada, jugando con los recursos que aportan el escritor y los músicos.
Es más, a sabiendas de que en lugar de aportar, le restaría, en sustitución de efectos incidentales o artificios que conducirían mejor la narración, es la propia música del dueto la que mediante su talento, reemplaza aquello que no está por completo delineado en la descripción.
Muy al margen de las etiquetas formales que distinguen los trabajos de uno y otro, este trabajo extiende uno de los compromisos personales de Baricco, fervoroso creyente de que la literatura no debe limitarse al espacio de los libros para ganar más lectores.

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