…porque todo lo que necesito es esta loca sensación,
un rat-tat-tat en mi corazón

Todavía no puedo dejar de tararear “City of stars”, chiflarla para pasarme el tiempo productivo en suspiros que atraviesan mi armadura. Ese Damien Chazelle sí que hace que la música reviente al corazón en arritmia. Después de Whiplash, apenas dos años atrás, con la misma convicción de un oído apasionado con los latidos de un baterista totalitario, volvió enamorado del estilo de un pianista que secuestra al amor en un efímero e irrepetible verso de jazz.
Sí, es Hollywood esa ciudad de inalcanzables estrellas, brillan tanto que dudo que lo hagan para mí. No obstante hay nada que me impida contemplarlas, nada que me castigue por sentirme especial en su encuentro sin cita. Chazelle me alienta tanto. A pesar que sabemos que no figuro en los deseos del fantasma de mis sueños, permite que los faroles me iluminen la ilusión sobre el muelle y la noche azul; en la caminata nostálgica de madrugada, desde el mirador donde le pienso, en medio del estancamiento vial al destino y en la derrota admitida de lo que pudo ser.
No por nada es favorita entre los académicos del Oscar, La la land es una película que trata de las estrellas, las más reales y sentidas, no las que poseen el éxito y la oportunidad de aparecer para ser aclamadas; trata en exclusiva de las estrellas aspirantes, las que postulan su alma para brillar en la de alguien más que no es tampoco una estrella de cine.
Es verdad que recupera la nostalgia del musical farandulero en la meca de la cinematografía mundial, pero este logro no es más que el pretexto ideal para levantar la fe del soñador o la soñadora de salario castigado y prestaciones no mayores a las de su imaginación. De ahí que se atreva a citar en todo momento:

Ciudad de estrellas, ¿brillas solo para mí? Ciudad de estrellas, nunca brillas tan intensamente

El planteamiento de este chiflido que derrite el tímpano es una provocación a sentirse único y correspondido por el anhelo. No importa cuánto de por medio halla, las historias de amor cubren al rincón más apartado del Sol.
Y en un acto de consentimiento exacerbado, Demian Chazelle, quien en otra cinta llevó al aprendiz a las consecuencias últimas de su intensa formación, jugará con el centro de tus emociones detonadas.
Asistimos entonces a la ganadora del Oscar a mejor película y mejor director de este domingo, un proyecto que se atreve a hacer películas en su película, que le canta al amor, a su pureza ilógica y su extraña resolución en colores primarios y estaciones monoclima.

@lejandroGALINDO
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