En septiembre pasado fue inaugurada la Ciudad de las Mujeres en Tepeji, esto como la obra magna para atender de manera integral a la población femenina de municipios de la región.
En ese evento olvidaron decir que la inauguración consistió en la presentación de instalaciones pero no así de los servicios, porque hasta el momento no han atendido a ninguna mujer, tampoco han proporcionado consultas médicas u odontológicas, no han realizado algún estudio de rayos X, laboratorio o densitometría.
¿Qué sentido tiene los edificios con nombres políticamente correctos que abonan al marketing político cuando el propósito de su creación no se cumple? Ciudad de las Mujeres se perfila como elefante blanco, como han sido otras tantas obras magnas cuyo número en nuestro país hacen una manada de paquidermos.
Nuestro elefante blanco llamado Ciudad de las Mujeres tuvo una inversión de 90 millones de pesos, dinero público obtenido de nuestros impuestos, así que en nuestra calidad de financiadores de obra es nuestro deber preguntar sobre los resultados del gasto realizado.
No se mal interpreten mis palabras, pues tengo pleno convencimiento de la atención integral que las mujeres debemos tener en nuestra salud, especialmente para aquellas cuyos derechos humanos han sido vulnerados. En la región Tula, el nivel de violencia de género en contra de las mujeres, hace indispensable una acción desde la política pública; lo que me parece sin sentido es la creación de un edificio cuyas instalaciones no brindan servicio.
Ahora que lo reflexiono quizá estoy haciendo una mala lectura de la situación, pues el funcionamiento de Ciudad de las Mujeres tal vez requiera de un periodo similar a la gestación de un bebé, entonces los seis meses transcurridos desde su inauguración es la preñez, deberán cumplirse siete meses para nacer y sobrevivir, o quizá logre la gestación completa de nueve meses para ser una criatura con plena madurez y mejor salud.
Proyectos como Ciudad de las Mujeres fueron creados junto con otras acciones para cumplir el mandato de equidad de género que imponen los derechos humanos como una aspiración de una sociedad democrática.
Pienso que la equidad de género, al ser incorporada al discurso políticamente correcto de los actores públicos, inicia un despojo del significado y sentido de las palabras, pues la equidad de género como un mandato transversal en la política pública es el reconocimiento de los gobiernos sobre la condición desigual las mujeres con respecto a los hombres, pero cuando la equidad de género se incorpora en el léxico de los funcionarios y representantes públicos, de tanto repetirlo separan el contenido y la acción de las palabras.
Entonces las palabras importantes para la vida democrática de las sociedades pierden sentido; por ejemplo: libertad, transparencia, autonomía, respeto, equidad de género, entre otras, han sido erosionadas en su significado.
Me parece que el proyecto de Ciudad de las Mujeres como la obra de un gobierno interesado en consolidar la igualdad con equidad a partir de acciones a favor de las mujeres, es un ejemplo del paulatino despojo de sentido y acción de las palabras.

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