Lol Canul

Una de las preocupaciones constantes que tenemos en Red Pro Animal es la desmitificación del trabajo de las protectoras de animales. Continuamente recibimos mensajes y llamadas reportando perros y gatos –principalmente– en situación de calle, heridos, abandonados o muertos, reportes que son acompañados de la exigencia de atención médica, rescate, recuperación de cuerpos o acogida en albergues. Pese a que nos gustaría realizar todas estas labores, caemos siempre en el suelo de nuestra realidad, que es la falta de recursos, no solo monetarios, sino de equipo técnico, de personas y de tiempo, entre otros que son necesarios. Me siento en la obligación de decirlo: somos una red de personas, como cualquiera que lee esta columna, que tenemos una vida y trabajos que atender al tiempo que promovemos, difundimos, defendemos y accionamos en pro de los derechos de los animales. Pero –lamentablemente– no podemos hacer todo lo que la gente espera que hagamos; principalmente, porque la creación de las protectoras de animales –así como de muchas otras organizaciones no gubernamentales (ONG)– atiende a ser una propuesta de actuación ciudadana ante los problemas sociales, complementando que la resolución integral de estos requiere un trabajo en conjunto con las autoridades, en su labor legislativa y ejecutiva.

Aquel dicho popular que dice “a dios rogando y con el mazo dando”, me sirve de referencia para explicar cómo es que llegamos a ser un equipo coordinado de personas, teniendo en común el interés del bienestar animal y buscando en nuestra agencia personal las formas de actuar que nos permitieran contribuir en atender el problema. Socialmente se suele percibir que las cosas en el mundo son de una forma y no se pueden cambiar, sin embargo, esta idea solo nos lleva a un estado de desesperanza que desincentiva la participación, el interés y la organización. Opuesto a esto, hemos desarrollado con base en la experiencia y el ejemplo de otros movimientos, la idea de que podemos ejecutar pequeñas acciones en beneficio de aquello en que tenemos esperanza de cambio.

La importancia de reconocer el valor de nuestras acciones es que podamos salir de ese estado de desesperanza y quietud, para ejercer el poder que como individuos tenemos y sumarlo a acciones colectivas en la promoción de una causa. Por ello, nuestra atención a los reportes es en primer lugar una invitación a la movilización de recursos propios para agilizar cuando se trata de casos de heridas por accidente o que se requiera atención médica. Además de la puerta abierta que mantenemos para unirnos en la dignificación del trato a los animales en las manifestaciones, posicionamientos, denuncias y peticiones.

La participación social para la atención de problemas ha sido reconocida en enfoques de intervención como un componente no solo deseable, sino necesario, pues permite reconocernos como actores políticos con poder de impacto en nuestra vida personal y social a nivel familiar, local, municipal y hasta en las decisiones de nuestro país. Nos impulsa pues, al ejercicio de la ciudadanía activa y democrática. Quizá parezca drástico leer esto, pero es cierto que cuando participamos de lo que sucede en nuestro entorno, con acciones pequeñas, promovemos vías para la resolución de problemas.

En el proceso de lucha por la dignidad existen muchas causas a defender, no solamente la causa animalista, la invitación se extiende a promover todo aquello en lo que tengamos deseo de cambio; en el camino puede sorprendernos la cantidad de personas interesadas en las mismas cosas. Que cada quien lo llame como guste, que cada quien promueva lo que le guste, pero que cada quien haga algo.

Twitter: @lolcanul

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