Dicen –y dicen bien– que los encuentros entre archirrivales son punto y aparte. Poco importa el momento futbolístico en el que llegan los contendientes de los derbis: el orgullo deportivo se antepone y todo empieza desde cero. Por 90 minutos, el contexto se desvanece y lo único que importa es lo que ocurre en el inmueble que aloja las emociones de una ciudad, una nación o, como es el caso del Real Madrid contra Barcelona, del planeta entero.

El Clásico –con mayúscula– no pudo llegar en mejor momento. Antesala de la Navidad y punto final del año futbolística en España, el partido más esperado de todos se suscita también en un momento álgido para la política catalana y de toda la nación hispana. No obstante, como demostró el conjunto culé, lo único que importa después del silbatazo inicial es ganar el partido.

Mucho se cuestionó si Barcelona debía hacer el pasillo a los merengues por conseguir el título en el Mundialito. Un servidor considera que, por mera diplomacia y principios de fair play, el tributo al rival debió darse. Sin embargo, los blaugranas prefirieron paseo antes que pasillo. Tres goles redondearon la tercera victoria liguera consecutiva en el Bernabéu para los visitantes. El primero, de Luis Suarez tras una gran jugada colectiva de Busquets, Rakitic, Sergi Roberto y el propio uruguayo; el segundo, de Leo Messi desde los 11 pasos tras una atajada ilegal de Carvajal; el tercero, un gran remate de Aleix Vidal tras un centro retrasado –y sin zapato– de la Pulga en tiempo de compensación.

Barcelona no fue mejor, pero fue más inteligente. Real Madrid fue víctima de sus propios vicios y sentenció el partido con dos decisiones puntuales. La primera vino desde la banca: Zizou prescindió de Isco (ataque) y optó por alinear a Kovačić (defensa) con la intención de detener a Messi. El croata fue la sombra del argentino todo el primer tiempo, pero pagó caro la desatención al resto de su zona al dejar la vía libre para la conducción de su compatriota blaugrana en el primer gol. El segundo error fue de Carvajal: bloqueó el disparo de Paulinho con la mano y lo echaron al minuto 63. El resto fue remar contracorriente.

No habrá blanca Navidad en Madrid, pero sí en Cataluña. Los 14 puntos entre uno y otro serán el mejor regalo bajo el árbol para unos culés que en estas fechas cenarán pastel de merengue.

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