¿Por qué se le llama clásico a un partido de alto impacto social y deportivo? En pocas palabras, porque la rivalidad entre equipos o individuos ha sido construida con base en los antecedentes. Existe un amplio historial de enfrentamientos que han concluido de manera dramática con triunfos escandalosos o sobre la hora, con conatos de bronca y roces poco amistosos desde el minuto uno. Aun así, solo uno es “el clásico”.

Para muchos, Barcelona y Real Madrid sostienen la enemistad deportiva más grande del futbol y de todos los deportes. Si bien no suelen generar la violencia extracancha que sí ocurre en lugares como Argentina y Escocia, se trata de un partido que divide opiniones en todo el planeta y, tras 90 minutos de disputa, deja un saldo importante de vencedores y vencidos.

No obstante, esto no implica que ambos clubes, dos de los tres más grandes y populares del mundo, no estén exentos de inmiscuirse en asuntos políticos. Por ejemplo, se sabe que el Real Madrid era el equipo del dictador Francisco Franco, siendo utilizado como símbolo del nacionalismo franquista.

En contraste, Barcelona, capital de la región catalana, ha tenido que mantenerse al margen en medio del proceso soberanista que estalló en 2012. Desde entonces, no es raro escuchar cánticos independentistas en el Camp Nou en el minuto 17:14, en alusión al año de la caída del principado de Cataluña tras la guerra de sucesión española. De igual forma, la bandera regional y pancartas en pro de la autodeterminación le han costado sanciones al club, sobre todo en la Liga de Campeones.

El partido a disputarse este miércoles 18 a las 13 horas (hora de México) estaba calendarizado para jugarse el 26 de octubre a las 6. Debido a las presiones y amenazas de protesta por parte de grupos independentistas, tuvo que aplazarse para garantizar la seguridad de las personas asistentes y del espectáculo mismo. No obstante, la plataforma separatista conocida como Tsunami Democrático ha expresado sus intenciones de posicionarse horas previas al juego.

La segunda parte de este año ha demostrado que el futbol no es ajeno a las problemáticas sociales. Mientras que las crisis políticas en Chile y Colombia han orillado a la suspensión de partidos locales e internacionales, en México vivimos la última estrategia para erradicar, de una vez por todas, el grito a los porteros. Nuestro bonito deporte es también una analogía del mundo o, en palabras de Norbert Elías, “un proceso social en miniatura”.

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