La corrupción no es un fenómeno cultural de los mexicanos, como sostiene Peña Nieto. Es, simplemente, un atributo de los ignorantes, un producto de su pésima formación cívica, de la truculencia que envuelve y devora el país por las malas mañas de los habilitados con un poder que ni merecen, ni conocen. La marca de la casa de un sistema que destruye sistemáticamente a la nación.
Es la lápida que sella a cal y canto cualquier aspiración colectiva, en función de los intereses de un grupito siniestro de descastados venidos a más. La señal inequívoca de que los encumbrados no tienen remedio, porque carecen de la emoción social necesaria para servir, la característica más acentuada de miserables sin escrúpulos, ni brújula; sin un solo sentido en la vida pública.
La hipótesis de cualquier sentencia mínima de su paso por la vida. La única misión, la punta de lanza, el misal macabro de sus fétidas intenciones, la razón de ser de que hayan sido puestos en esas posiciones solo para seguir depredando en favor de sus iguales poderosos y manipuladores, el calificativo exacto en la lápida de su miserable existencia.
Cualquier otra aseveración es demasiado benévola; sería una construcción falaz para encubrir la podredumbre que significa amasar fortunas impúdicas frente al hambre y la miseria de un pueblo. Condenarnos a cargar eternamente sobre nuestras espaldas la miseria moral de un grupo de miserables y estultos sin la mínima expresión de decencia.
La corrupción envuelve a todos aquellos que llegaron sin idea de país, sin programa de gobierno, sin apoyo popular para construir. La ausencia de pueblo, de tradición cultural, de familia, de barniz político, de argumentos primarios, de intuición y lógica esenciales para obedecer y mandar, de equipamiento mínimo para hacerse respetar. Obviamente, no es un fenómeno cultural de los mexicanos, como dice Peñita.

La impunidad dio origen a la mafiocracia imperante

En todos los rincones del país han sembrado las malas artes los nefastos mexiquenses. Ya en dondequiera se cuecen ese tipo de habas, con impudicia, porque los gobernantes están seguros de que no podrán ser juzgados por seres de su misma calaña, de su pésima estofa, de su cruel estatura moral. Se abusa y se depreda, porque se es inmune. O eso creen.
Por no combatir el grave problema de la impunidad –más peligroso, por la ausencia de un correctivo eficaz, que la corrupción misma– el país ha caído en la mafiocracia, donde las reglas del autoritarismo desatado no lo impone el Estado, sino las organizaciones criminales cómplices que ocupan todos los vacíos de poder.
La impunidad, un fenómeno de miserables, ha llegado a esgrimirse como razón de Estado. En todas las regiones, en todos los niveles. Es el grito de guerra, la insignia de los cobardes. Es increíble que hasta en aquellas entidades donde el voto favoreció a quienes dijeron que iban a combatirla, haya sentado sus reales y calado a profundidad.

Sonora: del PAN o del PRI, el mismo ADN corrupto

Es el caso del gobierno de Sonora. No obstante que Miguel Padrés, el panista encarcelado, seguramente de a mentiritas, solo ha sido una tormenta tropical que desató feroces huracanes y hasta terremotos impensables. Detrás de la primera mujer gobernadora del llamado sexenio están los mismos empresarios y las mismas familias que se vieron beneficiadas en los regímenes anteriores.
Han vuelto por sus fueros, comparten el botín, una vez que el fenómeno mediático de repudio al panismo quedó reducido a pura agua de borrajas. Perro que ladra no muerde. El que venga atrás que arree, pues los corruptos tienen el mismo ADN… y saben distinguir entre las amenazas de campaña y la absoluta complicidad en el ejercicio del gobierno.
No hay una sola diferencia entre la antes intrépida Claudia Pavlovich, la que decía comerse a los rateros a puños, y Miguel Padrés, el más adelantado entre los ladrones del nuevo clan blanquiazul, el que obedece a las instrucciones del Niño Maravilla, Ricardo Anaya, el imberbe que promete el combate frontal a la corrupción, solo con el retintín de que “sí se puede”.

Ricardo Mazón “se cayó” para la campaña; ahora cobra

“Unidos robamos más” es el slogan que en el primer año de gobierno priista en Sonora de la tal Claudia Pavlovich ha consolidado su grupo de empresarios allegados. Una recua de favoritos que incluye a su marido Sergio Torres, a su primo hermano Sergio Pavlovich Camou (alias el Picudo) y el inefable Ricardo Mazón Lizárraga, miembro de una dinastía de bandoleros.
Ese grupo de indolentes ha acaparado todas las obras y los negocios de prácticamente todas las dependencias del gobierno estatal y de las delegaciones federales adyacentes, que se ¿supervisan? desde la Secretaría de Gobernación de Oso…rio Chong, así como los moche$ que reciben para adjudicar bisnes a otros empresarios amigos.
Tan solo en la licitación de los desayunos escolares Ricardo Mazón recibió este año un moche de 20 millones de pesos de la empresa Extractores de Frutas del Pacífico, beneficiada porque David Ignacio Encinas Soto, primo del director estatal del DIF, Luis Carlos Soto, es parte del juego‎. Inodados hasta la médula, desde el mandato de Padrés.
En apenas un año Ricardo Mazón Lizárraga, el que “se cayó” con millones de apoyo a la campaña priísta, ha tomado el control de dependencias con recursos millonarios, como la Secretaría de Desarrollo Urbano y la de Seguridad Pública‎, el DIF, la Secretaría de Educación, la junta local de caminos, el ISSSTESON, y otras, que le han reportado ganancias por 120 millones de pesos.

El Miguel Padrés de este sexenio se llama Sergio Torres

Sonora es el mismo estado en el que los empresarios favorecidos por el régimen local‎ son una especie de monstruos voraces que ganan todas las licitaciones y se agencian los mejores contratos; un estado donde las grandes fortunas dinásticas se construyen a base de protección política, de inmunidad oficial.
El Miguel Padrés de este sexenio se llama Sergio Torres, esposo de la gobernadora, la exindómita Claudia Pavlovich. El Roberto Dagnino de esta administración se llama Ricardo Mazón Lizárraga, quien para no estar solo ya invitó al banquete a su hijo Gustavo Mazón Escalante. Los ciudadanos, amenazados por el poder político y económico.
Obviamente, la inseguridad y la delincuencia han tomado posesión del estado. Los feminicidios no conocen control alguno, ya que nadie ha emitido una sola alarma por los homicidios impunes que diariamente se cometen contra las sonorenses.

Los mismos gandallas, las mismas claques familiares

Un capitalismo salvaje de compadres, caciques, familiares y favoritos. Los sonorenses cada vez más empobrecidos y con mayores cargas fiscales sobre su espalda. La indignación crece y la inopia del gobierno ha alcanzado niveles alarmantes. La federación solo los ve como compañeros de viaje, amigos de aventura.
El PRI de siempre sigue instalado en el poder, opinan en Sonora. Detrás del rostro de la exbizarra Claudia Pavlovich y de los nuevos cuadros de gobernantes tricolores, están los mismos gandallas y las mismas claques familiares que lo único que persiguen es seguir amasando enormes fortunas en medio de la desesperación y el desconcierto.
‎Lo dicho: la corrupción es un fenómeno de miserables. Es la señal inequívoca de que el sistema político no tiene salvación. Mucho menos dirigido desde la penumbra por la mafiocracia, un gigantesco mecanismo de delincuencia maquinada y crímenes impunes.
¿No cree usted?

Índice Flamígero: La pobre propuesta del gobiernito de Peña Nieto –las 11 acciones– para acompañar a los mexicanos que viven en Estados Unidos fue el tema abordado en el editorial del semanario Desde la Fe –órgano de comunicación de la Arquidiócesis Primada de México–, en el que se apunta, entre otras cosas, que “se requiere el apoyo de todos los sectores de la población para enriquecerla con nuevas propuestas que permitan atender integralmente el problema que se avecina. Por lo pronto, es urgente dejar de levantar muros entre nosotros mismos para generar riqueza, y para ello, lo primero que debemos hacer es trabajar con mayor precisión en el combate a la corrupción a fin de crear condiciones de seguridad que favorezcan la inversión; recuperar zonas pobres a través de políticas económicas a largo plazo; procurar el desarrollo social integral de zonas marginadas; favorecer la economía social y productiva de localidades en la incertidumbre por la carencia de oportunidades; vencer la injusta distribución de la riqueza e indecentes desigualdades entre millones de mexicanos.” No es de extrañar que el primero de los puntos sea combatir la corrupción, ¿o sí?

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