Martha Teresa Acosta Mejía

Desde hace mucho tiempo, el colesterol ha sido asociado con la presencia de diversas enfermedades, entre las que destacan las del corazón; sin embargo, hay una pregunta en el aire: ¿es realmente la molécula del colesterol mala para la salud? Para dar respuesta a esa interrogante es importante conocer el colesterol y entender su importancia en la fisiología del organismo humano.

El colesterol forma parte de una familia de compuestos llamados lípidos o grasas, cuya principal característica es que son insolubles en agua. Por su estructura química ha sido clasificado en un subgrupo dentro de los lípidos llamado esteroides, los cuales tienen un conjunto de anillos que le dan a esas moléculas propiedades muy específicas.

Está ampliamente distribuido entre los animales, donde es indispensable para muchas funciones; es un componente habitual de la membrana celular que contribuye a regular su fluidez y permeabilidad, también actúa como precursor de otras sustancias importantes como la vitamina D, gracias a la cual es posible fijar el calcio y fósforo en los huesos; las hormonas esteroideas, como la testosterona y los estrógenos, que estimulan la aparición de los caracteres sexuales secundarios en la pubertad; y los ácidos biliares, sin los cuales sería imposible la digestión de las grasas.

Nuestro cuerpo obtiene el colesterol de dos formas: la primera, sintetizándolo él mismo, proceso que se lleva a cabo en el hígado; y la segunda, consumiéndolo a través de la dieta.

Es importante comentar que ambas formas se regulan entre sí, lo que significa que si excedemos el consumo, el cuerpo fabrica menos cantidad; pero si consumimos cantidades muy bajas, el cuerpo fabricará más.El colesterol, al igual que otros lípidos, viaja por la sangre unido a proteínas, que forman estructuras esféricas llamadas lipoproteínas, de esa forma se reparte prácticamente a todos los tejidos y órganos para cumplir con sus funciones.

Existen cuatro tipos principales de lipoproteínas: el primero, los quilomicrones que se fabrican en el intestino delgado y se encargan de transportar los lípidos que consumimos en la alimentación diaria hacia el hígado; el segundo, las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), que transportan principalmente lípidos fabricados en el hígado hacia los demás tejidos; el tercer tipo, las lipoproteínas de baja densidad (LDL), habitualmente llamadas “colesterol malo”, que son especialistas en repartir tanto el colesterol ingerido como el fabricado en el hígado hacia los tejidos; y el cuarto, las lipoproteínas de alta densidad (HDL), llamadas “colesterol bueno”, que se encargan de recoger el exceso de colesterol que no fue utilizado en los tejidos para disponer de él de otra manera.

Cuando existe un desbalance entre la síntesis y el consumo de colesterol se altera la función de las lipoproteínas, especialmente de las LDL, ya que se sobrepasa la cantidad que pueden transportar. Nuestro organismo, al ser incapaz de romper su estructura, tiene que transportarlo y eliminarlo como tal, lo que genera un aumento en las cantidades de colesterol LDL circulante. Debido a la insolubilidad de las lipoproteínas LDL y tomando en consideración que la sangre es agua, estas tienden a acumularse en las paredes de las arterias, evento conocido como aterosclerosis, que es una de las principales enfermedades cardiacas.

El colesterol es un compuesto indispensable para el buen funcionamiento del cuerpo humano, por lo que es necesario su consumo. Si la ingesta de este es moderada, se asegura que todos los procesos donde esté involucrado se llevarán a cabo sin causar ningún problema; por el contrario, si la ingesta es excesiva, nosotros mismos podemos causar alteraciones que pueden llevarnos a la enfermedad.

Para concluir, es importante comentar que la eliminación de su consumo por temor a desarrollar una enfermedad es una decisión equivocada, ya que si bien es cierto que cuando se tienen niveles elevados de colesterol en la sangre hay que reducir un poco la ingesta de este, si hacemos lo opuesto nuestro cuerpo se encargará de fabricar lo que necesita. El colesterol no es bueno ni malo, es necesario.

Referencias
Mathews C, Appling D, Anthony-Cahill S (2013). Bioquímica. Ciudad de México, México: Pearson.
Zárate A, Manuel-Apolinar L, Basurto L, De la Chesnaye E, Saldívar I (2016). Colesterol y aterosclerosis. Consideraciones históricas y tratamiento.

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