No sé qué es peor, si la guerra misma o el periodo que viene después, el recuento de los perjuicios, el balance del gasto y, por supuesto, asumir la derrota. Siempre habrá entre los escombros algunas toneladas de orgullo y dignidad suficientes para que todo duela más.

Aún es irresponsable dar el tema por superado, ya que es muy posible que mi aparente estabilidad se deba, naturalmente, a la falta de contacto. Desde otro punto de vista, algo como la analogía del farmacodependiente: más de un año sin ingerir la misma prescripción de la droga, no solo abate el efecto, sino la adicción. Aunque, claro, un adicto es un adicto, y cualquier tiempo en sobriedad, de no haber una rehabilitación eficaz, puede sucumbir a la menor provocación. La recaída es más que latente.

Pero no me agrada compararme con un adicto, absolutamente no lo soy, por eso siempre vuelvo a ver mi condición como el proceso de un soldado sobreviviente a la batalla o un imperio devastado tras una guerra centenaria.

No sé qué es peor, si la guerra misma o el periodo que viene después, el recuento de los perjuicios, el balance del gasto y, por supuesto, asumir la derrota, suele ser más doloroso. Siempre habrá entre los escombros algunas toneladas de orgullo y dignidad suficientes para que todo duela más.

Y cómo no va a doler, por mucho que los juzgadores de la historia digan que se pudo hacer más, tú, que estuviste ahí, sabes que invertiste todos los recursos con los que contabas en ese momento, con las ineludibles limitaciones.

La última vez que me referí al respecto, lo hice a través del manifiesto Condiciones para liquidar el conflicto, una maniobra, lo admito, producto del agotamiento y la desesperación; sin embargo, tuvo sus buenos méritos y muy positivos efectos: poner fin, de manera oficial, a mi gran guerra, con la consigna de comenzar a contemplar algunos rasgos recuperados frente a un enorme lote de pérdidas.

Ese día, hace alrededor de un año, firmé la declaratoria en la que muy a mi pesar reconocí varias derrotas, consciente de que era mejor dar celeridad a transitar al proceso de posguerra: entre más rápido, mejor, ¿para qué postergar algo que podría extenderse por otro largo periodo?

El tiempo apremia y las vidas humanas son tan cortas comparadas con las eras geológicas, como para permitirse que un solo episodio acapare la biografía.

Al corte de hoy, los escenarios de la posguerra no son del todo desoladores; es verdad, hay territorios que no podremos recobrar, pero hemos avanzado en otros horizontes y hemos conquistado nuevas latitudes que compensan, y no con poco, aquellas pérdidas que siempre serán visibles, útiles al álbum de la melancolía, a las cartas de lo que pudo ser, las cicatrices que delatan el silencio de un militar veterano.

Hoy valoro la arrogante opción de pronunciarme vencedor, cuando claramente no lo fui; vamos, ¿quién me lo va a reprochar? Victorioso o no, todavía conservo algunas gotas valiosas de soberbia soberanía para hacerlo, al fin y al cabo, en aquellas Condiciones para liquidar el conflicto dejé en especificado que no se trataba de una rendición, más bien una amnistía, anteponiendo el principio de la paz.

Haber oficializado el fin de las acciones beligerantes sin una rendición de por medio, lo sé, nos expone al riesgo de reanudar la guerra, más con un sentimiento tan desbordante, pero no habría sido un gesto sincero ondear desde acá la bandera blanca.

He considerado convocar a una cumbre entre las naciones involucradas para atender los asuntos en una mesa franca y contundente, en la que abandonemos la retórica confusa y la superficial diplomacia. Ya tuve un intento mínimo que no tuvo éxito, hasta el momento, no existe voluntad de las partes. Así que continuamos librando la posguerra, con una holgada estabilidad que responde, como ya dije, a la falta de contacto, al efecto pasado de una dosis no más administrada.

La prueba de fuego para esta etapa vendrá o quizá no lo haga; mantener la firmeza actual al mirar el rostro del pasado que no termina de ser, si esto ocurre como planeamos, habremos triunfado, el capítulo se habrá cerrado bajo una fórmula exitosa, si no, nuestros ejércitos estarán listos, nuestros ejércitos se habrán reagrupado.

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