Teresita de Jesús Saucedo Molina

En esta última parte abundaremos en el llamado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) realiza, tanto a instituciones públicas como privadas de todos los países, para considerar la estrategia mundial sobre el régimen alimentario y la actividad física que ella propone, debido a que, de acuerdo con datos oficiales de 2016, solo 60 por ciento de los adolescentes hacía actividad física de moderada a vigorosa de manera cotidiana.

Por ello, dentro de los nuevos modelos de prevención, existe la de tipo universal, caracterizada por intervenciones que se dirigen al público en general o a todo un grupo que es considerado como vulnerable. Existe suficiente evidencia científica de que esos programas funcionan y producen beneficios importantes en la salud, tanto a nivel individual como grupal, eliminando los factores que producen determinada patología o creando instrumentos defensivos en el ser humano para su protección. Programas de ese tipo han logrado promover la búsqueda de un peso corporal saludable, además de producir un decremento en el riesgo de obesidad. Asimismo, se ha encontrado que esos logros se mantienen a largo plazo (desde uno hasta tres años). Actualmente, los expertos recomiendan tomar en cuenta una serie de características para que un programa de prevención primaria tenga mayor impacto. Dentro de esas características están: nivel de riesgo, sexo y edad de los participantes; formato de los programas, tipo de intervención, número de sesiones y seguimiento por lo menos a tres meses.

Tomando como referencia lo descrito anteriormente, surgió en nuestro grupo de trabajo la inquietud de diseñar, implementar y evaluar un programa de prevención de tipo universal que permitiera a los participantes adoptar un estilo de vida más saludable, reduciendo las CAR, la obsesión por la musculatura e incrementando la realización de actividades físicas y saludables durante una de las etapas más importantes del desarrollo humano como lo es la adolescencia.

Comer o no comer

El programa conocido como Pecanss (Prevención de conductas alimentarias no saludables y sedentarismo) fue dirigido a adolescentes hombres y mujeres a través de un estudio piloto que incluyó tres evaluaciones: al inicio, al término del programa y a los seis meses después de haberlo implementado.

Ese se llevó a cabo en una preparatoria pública de la ciudad de Pachuca, en un grupo de 214 mujeres y 154 hombres de 15 a 18 años. Mediante diversos cuestionarios se midieron las CAR, la obsesión por la musculatura y la actividad física. El Pecanss consta de cinco sesiones. En las primeras cuatro se habla sobre temas como la cultura de la delgadez, mitos y realidades sobre dietas y suplementos, conductas alimentarias saludables y menús saludables. Al final de cada sesión, los estudiantes participaban en una hora de actividades físicas divertidas. En la quinta sesión, los adolescentes eran divididos en tres actividades simultáneas: un taller en contra de la cultura de la delgadez, otro sobre el diseño de menús saludables y un rally de actividad física.

El programa incorporó diversas estrategias educativas probadas como efectivas en diversas investigaciones, tanto nacionales como internacionales. Después de seis meses, los resultados mostraron una disminución significativa en el puntaje de las CAR en mujeres. En los hombres solo hubo una ligera disminución en los puntajes, tanto de CAR como de la obsesión por la musculatura. Finalmente, la frecuencia y duración con la que realizaron la actividad física los participantes aumentó significativamente, pero nunca representando una situación de riesgo para ellos. La conclusión general fue que la implementación del Pecanss tuvo efectos positivos en los adolescentes y que se encontraron diferencias importantes entre hombres y mujeres, punto que dará pie a hacer sustanciales modificaciones en los contenidos del programa para lograr mejores efectos en futuras implementaciones.

Quiero terminar este artículo con una reflexión personal. Es un hecho que el estilo de vida que adoptemos desde edades tempranas, repercutirá de manera importante en nuestra salud en las siguientes etapas de la vida. A pesar de ello, y tengamos la edad que tengamos, es crucial que seamos conscientes que solo tenemos un cuerpo, que no hay refacciones como tal y que del cuidado, respeto y aceptación que le demos dependerá la calidad de vida que podamos disfrutar.

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