Comerciantes ubicados en el centro histórico de Pachuca reiteraron, tono firme, decidido, reabrir las puertas de sus establecimientos a partir del próximo lunes 15.

Aludieron a un acuerdo que incluye, además, con autoridades estatales la entrega de paquetes alimentarios para colaboradores y la autorización de créditos para regresar a la que se ha llamado nueva normalidad.

Sus argumentos son sólidos, bajo un punto de vista de justicia social, irrebatibles. Durante semanas han permanecido cerrados y, como explican, mantienen compromisos económicos por el arrendamiento, en algunos casos con sus empleados. Desde luego esta situación de no moverse les afecta en calidad de inversionistas.

Sus puntos de vista se cruzan con lo que ha insistido Salud a la población en general: quédate en casa, guarda la sana distancia.

Pero lo registrado en el país en general es que muchos no pretenden en rebelarse contra disposiciones, pero guardando niveles de comparación, tienen que salir a buscar la subsistencia y, al tiempo, adquirir lo estrictamente necesario para la alimentación cotidiana.

Y en estos se incluyen los miles y miles que son parte de una economía informal. Los ejemplos están a la vuelta de la esquina: señora que vende tamales, la que por las noches oferta apreciados pozoles, o el taxista, por hoy disminuido sensiblemente en ingresos, y casos como estos, aquí mencionados a vuelapluma proliferan.

Y en todo esto, como espada de Damocles, cita un ilustrado, permea, continúa, aún no es vencida la pandemia provocada por el coronavirus.

Expertos en el tema, y se deduce que de buena fe, varias ocasiones han señalado tiempo, casi siempre en quincena, en el que el virus escalará su mayor intensidad para después, es lo que se supone, decrecer, con mayores oportunidades de irlo abatiendo.

Y eso viene a cumplir el augurio de los resultados funestos de la enfermedad, y su relación ciertamente tan negativa con la economía.

Se conoce que miles han perdido sus empleos, de acuerdo con números del seguro social, pero otros más, quienes no gozan de esta prestación, sufren por lo mismo.

Parece así, que por ahora no hay un camino amplio, teñido del verde en que se identifica la esperanza, para pronosticar tiempos mejores, los que tarde o temprano nos relevarán de esta postración, nunca como ahora tan anhelada.

Porque recetas a corto tiempo que garanticen alivios aún no se vislumbran.

Ahora, conflictos políticos.

Se han acentuado las diferencias entre el presidente Andrés Manuel López Obrador, primero en discrepancias con gobernadores, por lo menos siete, no muy convencidos de las estrategias en práctica contra el Covid-19.

Especialmente Enrique Alfaro, de Jalisco, ha sido tenaz en este tema, insistiendo que no ha habido equilibrios financieros para que los estados puedan instrumentar, de acuerdo con sus necesidades, formas de trabajo eficaces.

Después, el mismo Alfaro casi acusó a AMLO de intervenir en una especie de complot, que derivó en disturbios en su entidad y en especial en Guadalajara.

López Obrador a su vez reviró con aquello de quien acusa comprueba.

Y con tirantez en la relación pasaron algunos días, hasta que inopinadamente, el mandatario de la nación instruyó a su vocero Jesús Ramírez para que presentara un documento con el título de Rescatemos a México el que se indica que PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y México Libre se han unido en una lucha, esta sí estrictamente política, con la intención de crear el que llamaron bloque opositor amplio (BOA).

Una intención es contar con el apoyo de empresarios y hasta periodistas, con el fin de que el próximo año Morena deje de ser mayoría en el Congreso, prosiguiendo en la intención de concretar la revocación del mandato de AMLO para el siguiente año, 2022.

Se sabe que el presidente es de reacciones rápidas, que a veces no parecen analizadas fríamente, y esto, ha marcado aún aparente pugna entre dos fuertes bloques en el país, lo que de ninguna manera, sobre todo en estos días, es afortunado.

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